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LA SANGRE DE LA TIERRA
"O viño e o máis fastuoso sangue da terra, de toda
a terra. Os viños galegos dan cada día unha lección de humildade e de
concordia a o bebedor. Son amigos que botándoche unha man na canseira dos
días, axúdanche a vivir a longa vida, tan locuaz ao galego calado, e
consérvano soñador". Así rezaba el escritor Alvaro Cunqueiro desde el prólogo
del libro Os viños de Galicia, de Xosé Posada. Cunqueiro siempre profesó fe
ciega a la religión que entiende el vino como elemento de unión entre los
asuntos divinos y humanos. Junto a José María Castroviejo, elevaron los vinos
y la gastronomía gallega al grado de arte con denominación de origen. Y no hay
nada mejor que el tiempo para otorgar razón a los argumentos.
En el trabajo del campo no hay horarios. Las viñas no entienden de festivos o
de vacaciones. Por eso la dedicación es constante, sin descanso. Cada
bodeguero duerme con sus particulares incertidumbres. Cuando comienza a
llover, de esa manera que sólo sabe hacerlo en Galicia, la sombra de la
pérdida convive en las casas como un hijo más. Si hace mucho frío, mucho
calor, cae una tormenta o aparece una plaga, de esas que nadie acierta muy
bien a decir de dónde ni cómo llega... da igual, si viene precedido de la
palabra excesivo, ya es malo. Las inclemencias pueden curtir al bodeguero,
pero siempre estropean las cosechas.
Un vino puede ser orgulloso, leal, franco. Viril o femenino. Puede tener raza
o por el contrario ser pobre y ordinario. Puede ser corpulento o esquelético.
Joven o viejo. Vigoroso o débil. De tantos cuidados recibidos, el vino se ha
vuelto caprichoso. No vale cualquier palabra para referirse a su persona.
Tampoco ningún lugar que no esté a la temperatura justa, ni una madera que no
tenga suficiente nobleza. Quiere climas benignos que no afecten demasiado a su
salud, pero que tampoco sean excesivamente cálidos. Pero a la hora de
someterlo a juicio, un simple examen visual ya sitúa a cada uno en el sitio
que le corresponde. Su color nos cuenta la edad y su carácter. Su intensidad
nos acerca al cuerpo del vino. Y su tonalidad nos dice cuál es su grado de
evolución. Un simple acercamiento que después continuará hasta dejar al
desnudo defectos y virtudes. Sería un error hablar de Galicia como un
territorio único en el que se elaboran vinos de gran calidad, pero cinco
Denominaciones de Origen -Monterrei, Ribeiro, Rías Baixas Albariño, Valdeorras
y Ribeira Sacra- son suficiente carta de presentación a la hora de hablar de
los vinos que se producen en la tierra gallega.
Tintos o blancos. En Galicia no hay términos medios. Los blancos para el
pescado y los mariscos de la costa. Los tintos para las carnes del interior.
Desde que comenzamos la elaboración de este suplemento, no hemos encontrado a
nadie que hablase con indiferencia, no sólo de su vino, sino de los vinos que
produce Galicia. Ciertas son las palabras de Cunqueiro: "A os galegos
gústannos os nosos viños. Quizables porque teñen máis ganas de falar ca nós,
ou porque teñen un sabor fuxitivo, e buscándollelo rememoramos tempos,
lugares, xentes, amores, despedidas...".
/ Texto: Marta Malde |