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ALBARIÑO,
LIQUIDO ELEMENTO
Es tiempo de llevar a la mesa lo
mejor de cada sitio. El reencuentro con la familia, las cenas y comidas en
compañía de buenos amigos son el momento ideal para regalar al paladar con uno
de los mejores vinos que se producen en tierras gallegas.
Texto: Area Veiga / Foto: C.R.D.O. Rías
Baixas
Ha viajado a lo largo y ancho del mundo y allí donde ha estado siempre ha
hablado bien de Galicia. Su aroma punzante, floral y afrutado ha ido
haciéndose hueco en todos los lugares, hasta llegar a convertirse en un caldo
imprescindible a la hora de hablar de vinos. El vino Albariño es el heredero
de una larga tradición a la que nadie ha sido capaz de poner fecha de inicio.
Cinco comarcas de la provincia de Pontevedra (el Valle del Salnés, O Rosal, el
Condado del Tea, Soutomaior y el Val do Ulla) son los únicos productores de
estos vinos que, desde 1988, están integrados en la Denominación de Orixe Rías
Baixas. Tiempo atrás fueron personajes de la talla de Cunqueiro y Castroviejo
los que apadrinaron, comenzando por reuniones de amigos amantes de la mesa
gallega, la fama de estos vinos blancos. Hoy en día los vinos Albariños viajan
más allá de nuestras fronteras de la mano de las grandes bodegas que colocan
sus producciones en mercados internacionales, obteniendo así un reconocimiento
de sobra merecido. Pero es también de recibo reconocer que parte de esa fama
se debe al trabajo realizado por los pequeños y medianos bodegueros. Estos
productores elaboran un Vino de Autor que basa su principal reclamo en la
calidad y la elaboración mimada desde que se planta la cepa hasta que se
recoge la uva y se introduce seleccionada en la bodega. La producción de estas
bodegas, minoritaria por razones de capacidad, es la complementación perfecta
a la cocina gallega ennoblecida, que necesita del toque personal de los vinos
que se elaboran a partir de la sabiduría que cada generación deja como
herencia a sus sucesores. Con todo ello, hay que reconocer que Galicia sabe
sacar el máximo rendimiento a los frutos de su tierra. Muestra de ello es que
el Albariño ha sido reconocido en muchos lugares como el "Vino Universal".∆
RIBEIRA
SACRA, Sangre de Galicia
El vino que se produce en estas tierras
es rojo como la sangre de las gentes que lo elaboran. Su sabor recoge la
tradición de pueblos entregados por completo al cuidado de la vid y sus
frutos.
Texto: Marta Malde / Foto: Arcadio
Lo primero que llama la atención cuando uno llega por primera vez a la
Ribeira Sacra, son los impresionantes cañones que forma el río Sil.
Trescientos metros de paredes casi verticales. Lo segundo que llama la
atención, son los lugares donde se encuentran los viñedos que dan fama a esta
zona de la Galicia interior. Plantados en los márgenes del río o muchas veces
en los mismos desniveles, los viñedos de la Ribeira Sacra están trabajados con
el sudor de los muchos viticultores que han decidido hacer del vino su forma
de vida. Tiberio y los césares de la Roma Imperial, venían hasta estas tierras
a por el vino que se elaboraba en cada cosecha. Tras cargarlo en carros lo
llevaban, a través del Camino Real que iba a Castro Caldelas, pasando por
Astorga hasta llegar a Roma, para ser consumido a lo largo del año. Este
hecho, en una civilización que adoró a Baco como un Dios imprescindible, viene
a apoyar la buena fama de la que gozan estos tintos de carácter aromático y
perfecto equilibrio entre la acidez, el azúcar y su aroma. Aunque ahora se ha
unificado el nombre de los tintos elaborados en la Ribeira Sacra bajo el
término Mencía, uva básica a partir de la que se elaboran los vinos de esta
zona, hay quien sigue defendiendo el nombre de Amandi como denominación
originaria de los caldos que aquí se producen.
Sea como sea, lo importante es que las cinco subzonas de producción de los
vinos Ribeira Sacra (Amandi, Ribeiras do Miño, Quiroga-Bibei, Chantada y
Ribeiras do Sil) obtienen cada vez más reconocimientos a nivel nacional e
internacional, consiguiendo así, llevar a los tintos gallegos al lugar que
realmente les corresponde. |