leva
treinta de sus 55 años luchando contra la droga. Tanto tiempo de trabajo
le han hecho merecer el reconocimiento de los vigueses: ocho de cada diez
la conoce y le da un 8 en su valoración. Tal vez no le importaría que
nadie la reconociese. Eso significaría que el problema de la droga no
existe, que sus hijos siguen junto a ella y que su vida sería la de una
mujer dedicada a luchar por otras causas menos dolorosas. Gracias a su
compromiso cientos de madres gallegas han dado el paso y han asumido la
responsabilidad de formarse y ayudar a sus hijos a salir adelante. Gracias
a su dedicación varias asociaciones vieron la luz y se convirtieron en
puntos de referencia para muchos. Ahora, desde Erguete, Asociación de
Ayuda al Toxicómano, Carmen Avendaño sigue en la brecha. Con sus
errores y sus aciertos, pero sin arrepentirse de nada.
-¿Por qué estas aquí después de tanto tiempo?
-Porque me motiva. Para mí hay dos colectivos que son
importantísimos, el niño-adolescente y la Tercera Edad. Mi trabajo en la
vida siempre ha ido encaminado hacia esos dos colectivos. Estoy aquí
porque creo en ello y porque creo que puedo aportar mi granito de arena
para resolver la situación.
-¿Por qué especialmente con estos dos colectivos?
-Uno de los temas en el que no se suele profundizar mucho
es que los que empiezan a consumir drogas suelen ser niños de 11 ó 12
años y adolescentes de 14 ó 15 años. A mí me produce una indignación
especial ver que esa juventud incipiente se destroza por intereses
económicos que se aprovechan de su candidez. También me produce esa
indignación ver a personas de la Tercera Edad que han trabajado toda su
vida y seguramente están abocados a tener una vejez bastante solitaria,
porque resulta que a las familias les molestan y que nunca tienen tiempo.
-Actualmente ¿cómo se encuentra el tema de la drogadicción?
-Yo creo que se encuentra más o menos como hace veinte
años. Igual pero con una diferencia: "ellos" están mucho más
organizados, son más ricos y poderosos. Por otro lado la sociedad está
un poco más protegida en el sentido de que tiene más recursos y está
más informada. Aunque el problema surja, no es tan traumático como hace
veinte años. Los jóvenes también tienen más información, aunque
tampoco da muy buen resultado, porque sigue habiendo mucho abuso y consumo
de drogas.
-¿Quiénes son "ellos"?
-Los narcotraficantes. Cuando hablo de "ellos"
hablo de una forma muy despectiva. Y digo "ellos" por no
utilizar una palabra más fuerte. Tienen un poder más establecido, tienen
muy buenos asesores y tienen unas posibilidades inmensas. Veo cómo se
meten dentro del mercado mundial y veo también, con mucho desaliento,
cómo se va a cumplir lo que predije hace quince años: que los hijos de
ellos serían nuestros futuros dirigentes. El poder del dinero les va a
llevar a ello.
-Así de categórico...
-Sí, así de claro. Se lo dije a Felipe González en la
Moncloa cuando perdió las elecciones. Quedó muy sorprendido y ahora me
ratifico, cinco años después, me ratifico con una creencia y un
conocimiento muy superior al que tenía.
-¿Qué partes tienen que actuar de manera activa en la lucha contra la
drogadicción?
-A mí me encantaría decir que es cosa del Gobierno.
Además en este momento me gustaría más, porque como soy una persona de
izquierdas y tenemos un gobierno tanto autonómico como nacional de
derechas, me encantaría, pero no puedo. Es un tema al que los gobiernos
solos no pueden hacerle frente. Es un problema multidisciplinar donde
tiene que intervenir el Gobierno con medidas legislativas, investigación,
gente formada y también con dureza a la hora de aplicar la legislación
vigente, según el tipo de delito que sea. Pero la sociedad tiene mucho
que hacer. La represión no resuelve el problema y el tratamiento médico
sólo tampoco. Las ONG estamos contribuyendo a ayudar al Estado de manera
importante. Somos conscientes de que desde el Estado no llegarían al
fondo. Por eso no es sólo un problema de los gobiernos de cada país sino
un problema de la sociedad en general.
-¿La solución pasa por la ampliación de penas a los
narcotraficantes?
-En España está ocurriendo un fenómeno curioso. Todo el
mundo pide más condenas, que se castigue más, quizá porque somos muy
individualistas, quizá porque nos preocupa mucho la estética del entorno
y hemos perdido la capacidad de reflexionar. Todos queremos una ciudad o
un entorno inmediato bonito, pero la sociedad no es eso. En la sociedad en
la que vivimos existe marginalidad, las diferencias sociales se notan
más. Un hombre de 40 años que se queda en el paro pasa a ser un
marginal, él, su entorno y su familia. Hay prostitución, muchas veces
por las drogas. Hay malos tratos, los hombres machacan a sus mujeres en
muchas ocasiones. Hay drogodependientes que por razones económicas dan la
lata, y además son antiestéticos. Hay chavales a los que en determinadas
zonas de España le comen el coco con ideas terroristas y son capaces de
empuñar un arma... Y en vez de profundizar en todo lo que ocurre y tratar
de exigir a las administraciones que pongan los remedios, la única
solución que se nos ocurre es pedir más cárcel, pedir modificación de
Ley. Esto a mí me produce tristeza, porque creo que estamos llegando a un
límite donde las ideas en el individuo se están quedando secas y están
dando lugar a planteamientos fáciles. Encerramos el problema, le ponemos
rejas y no tenemos que pensar ni rompernos la cabeza pensando cuál sería
la solución.
-¿Se puede hablar no sólo de la reinserción para el drogodependiente
sino también para el narcotraficante?
-Yo creo que todo el mundo tiene derecho a la reinserción.
Creo en la reinserción. En esa reinserción no queda nadie excluido, ni
siquiera un violador, o un maltratador de mujeres, ni un narcotraficante.
Lo que pasa es que la reinserción hay que abordarla según los casos.
Siempre digo que hay que abordar el problema y el delito a través de la
parte que al delincuente le va a hacer más daño. ¿Cómo abordaría yo
el tema del narcotráfico? Lo primero, con un rastreo tremendo.
Quitándoles absolutamente todas las propiedades que tienen y que han
conseguido a costa de la droga. Pero no sólo él, sino también sus
testaferros. Lógicamente también con cárcel, y que cuando salgan tengan
un empleo como muchos ciudadanos en el que ganen 100.000 pesetas. Y que
haya trabajadores sociales que comprueben que Esther Lago, por ejemplo,
tiene que ir al mercado y con las 100.000 pesetas tiene que comprar xouba
porque no le alcanza para merluza. Ahí es donde realmente se haría mucho
más daño, porque ellos hacen todo esto sólo por dinero. No es tanto la
venganza como sí el control, y el hacerles recapacitar sobre la
situación que ellos han provocado.
-¿Qué papel juega la figura de la madre en el problema de la droga?
-Yo creo que la madre tiene un papel importantísimo.
Cuando agreden nuestro entorno más inmediato las madres salimos, peleamos
y no nos avergonzamos. Damos la cara. El padre tiene otra postura, de
apoyo pero desde la retaguardia. La madre sale, se enfrenta, llama por el
nombre al que está delante y que es el causante, en parte, del deterioro
y la muerte de su hijo. Cuando se le pregunta "¿tú no tienes
miedo?" ella te dice "¿a qué voy a tener miedo si a mí ya me
han matado lo que yo más quería?". La mujer tiene poder para
rebelarse cuando se agrede lo que es suyo y es su entorno. Estos
movimientos sirven para formarse políticamente. Aquí, en esta
Asociación, nadie dice "yo no entiendo de política". Todo el
mundo entiende de política. Se hacen debates, se razonan los porqués, se
llega a conclusiones, y cuando hay elecciones todo el mundo sabe lo que
está diciendo cada uno. Además lo piensan, lo meditan y proceden. Yo he
visto mujeres que nunca han trabajado, que se han dedicado sólo a ser
amas de casa, que se han encontrado en una edad difícil de menopausia con
el problema de un hijo o dos con drogas, y las he visto formarse
políticamente con debates, con pensamientos propios y tener un
posicionamiento ante la vida clarísimo. Y ya no las oyes decir, como al
principio, "yo no sé, yo no entiendo". Sí saben, sí entienden
y sí gritan lo que saben y lo que entienden. Es una parte preciosa
trabajar con ellas. Con el paso del tiempo te puedo asegurar que dan
lecciones magistrales.
-¿La lucha es más fuerte que el dolor?
-Sí, es durísimo, pero sigue adelante porque su lucha y
su rabia no se terminan con el hijo. Su lucha y su rabia continúan
puestas en otro, siempre con la esperanza de que aunque su hijo no se pudo
salvar, otro sí puede hacerlo. No te creas que es difícil, al contrario,
es más fácil todavía. Es el sentimiento de todos. Yo siempre digo que
aunque no lo he conseguido con mis dos hijos, si puedo llegar a
conseguirlo con otros, me doy por satisfecha. ∆