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SUPLEMENTO GALICIA 

EL PERFIL DE UNA LUCHA

CARMEN AVENDAÑO
Texto: Marta Malde


CARMEN AVENDAÑO
Foto: Mara

Acaba de llegar de Santiago, de una marcha en favor de la mujer, y mientras sonríe asegura que tiene el espíritu feminista desbocado. Carmen Avendaño lo invade todo. No gesticula demasiado, pero sus manos marcan sobre la mesa las palabras claves, ponen los acentos y trazan líneas imaginarias que separan lo que es de lo que debería ser.

 

 

 

 

 

"En vez de profundizar en todo lo que ocurre y tratar de exigir a las administraciones que pongan los remedios, la única solución que se nos ocurre es pedir más cárcel, pedir modificación de Ley"

 

 

 

 

 

"Yo creo que todo el mundo tiene derecho a la reinserción. Creo en la reinserción"

 

 

 

 

"Cuando agreden nuestro entorno más inmediato las madres salimos, peleamos y no nos avergonzamos. Damos la cara. El padre tiene otra postura, de apoyo, pero desde la retaguardia"

 

 

 

 

 

"Ellos tienen muy buenos asesores y unas posibilidades inmensas. Veo, con mucho desaliento, cómo se va a cumplir lo que predije hace quince años: que los hijos de ellos serían nuestros futuros dirigentes. El poder del dinero les va a llevar a ello"

 

 

 

 

 

"Estamos llegando a un límite donde las ideas en el individuo se están quedando secas y están dando lugar a planteamientos fáciles. Encerramos el problema, le ponemos rejas y no tenemos que rompernos la cabeza pensando cuál sería la solución"


Lleva treinta de sus 55 años luchando contra la droga. Tanto tiempo de trabajo le han hecho merecer el reconocimiento de los vigueses: ocho de cada diez la conoce y le da un 8 en su valoración. Tal vez no le importaría que nadie la reconociese. Eso significaría que el problema de la droga no existe, que sus hijos siguen junto a ella y que su vida sería la de una mujer dedicada a luchar por otras causas menos dolorosas. Gracias a su compromiso cientos de madres gallegas han dado el paso y han asumido la responsabilidad de formarse y ayudar a sus hijos a salir adelante. Gracias a su dedicación varias asociaciones vieron la luz y se convirtieron en puntos de referencia para muchos. Ahora, desde Erguete, Asociación de Ayuda al Toxicómano, Carmen Avendaño sigue en la brecha. Con sus errores y sus aciertos, pero sin arrepentirse de nada.

-¿Por qué estas aquí después de tanto tiempo?
-Porque me motiva. Para mí hay dos colectivos que son importantísimos, el niño-adolescente y la Tercera Edad. Mi trabajo en la vida siempre ha ido encaminado hacia esos dos colectivos. Estoy aquí porque creo en ello y porque creo que puedo aportar mi granito de arena para resolver la situación.

-¿Por qué especialmente con estos dos colectivos?
-Uno de los temas en el que no se suele profundizar mucho es que los que empiezan a consumir drogas suelen ser niños de 11 ó 12 años y adolescentes de 14 ó 15 años. A mí me produce una indignación especial ver que esa juventud incipiente se destroza por intereses económicos que se aprovechan de su candidez. También me produce esa indignación ver a personas de la Tercera Edad que han trabajado toda su vida y seguramente están abocados a tener una vejez bastante solitaria, porque resulta que a las familias les molestan y que nunca tienen tiempo.

-Actualmente ¿cómo se encuentra el tema de la drogadicción?
-Yo creo que se encuentra más o menos como hace veinte años. Igual pero con una diferencia: "ellos" están mucho más organizados, son más ricos y poderosos. Por otro lado la sociedad está un poco más protegida en el sentido de que tiene más recursos y está más informada. Aunque el problema surja, no es tan traumático como hace veinte años. Los jóvenes también tienen más información, aunque tampoco da muy buen resultado, porque sigue habiendo mucho abuso y consumo de drogas.

-¿Quiénes son "ellos"?
-Los narcotraficantes. Cuando hablo de "ellos" hablo de una forma muy despectiva. Y digo "ellos" por no utilizar una palabra más fuerte. Tienen un poder más establecido, tienen muy buenos asesores y tienen unas posibilidades inmensas. Veo cómo se meten dentro del mercado mundial y veo también, con mucho desaliento, cómo se va a cumplir lo que predije hace quince años: que los hijos de ellos serían nuestros futuros dirigentes. El poder del dinero les va a llevar a ello.

-Así de categórico...
-Sí, así de claro. Se lo dije a Felipe González en la Moncloa cuando perdió las elecciones. Quedó muy sorprendido y ahora me ratifico, cinco años después, me ratifico con una creencia y un conocimiento muy superior al que tenía.

-¿Qué partes tienen que actuar de manera activa en la lucha contra la drogadicción?
-A mí me encantaría decir que es cosa del Gobierno. Además en este momento me gustaría más, porque como soy una persona de izquierdas y tenemos un gobierno tanto autonómico como nacional de derechas, me encantaría, pero no puedo. Es un tema al que los gobiernos solos no pueden hacerle frente. Es un problema multidisciplinar donde tiene que intervenir el Gobierno con medidas legislativas, investigación, gente formada y también con dureza a la hora de aplicar la legislación vigente, según el tipo de delito que sea. Pero la sociedad tiene mucho que hacer. La represión no resuelve el problema y el tratamiento médico sólo tampoco. Las ONG estamos contribuyendo a ayudar al Estado de manera importante. Somos conscientes de que desde el Estado no llegarían al fondo. Por eso no es sólo un problema de los gobiernos de cada país sino un problema de la sociedad en general.

-¿La solución pasa por la ampliación de penas a los narcotraficantes?
-En España está ocurriendo un fenómeno curioso. Todo el mundo pide más condenas, que se castigue más, quizá porque somos muy individualistas, quizá porque nos preocupa mucho la estética del entorno y hemos perdido la capacidad de reflexionar. Todos queremos una ciudad o un entorno inmediato bonito, pero la sociedad no es eso. En la sociedad en la que vivimos existe marginalidad, las diferencias sociales se notan más. Un hombre de 40 años que se queda en el paro pasa a ser un marginal, él, su entorno y su familia. Hay prostitución, muchas veces por las drogas. Hay malos tratos, los hombres machacan a sus mujeres en muchas ocasiones. Hay drogodependientes que por razones económicas dan la lata, y además son antiestéticos. Hay chavales a los que en determinadas zonas de España le comen el coco con ideas terroristas y son capaces de empuñar un arma... Y en vez de profundizar en todo lo que ocurre y tratar de exigir a las administraciones que pongan los remedios, la única solución que se nos ocurre es pedir más cárcel, pedir modificación de Ley. Esto a mí me produce tristeza, porque creo que estamos llegando a un límite donde las ideas en el individuo se están quedando secas y están dando lugar a planteamientos fáciles. Encerramos el problema, le ponemos rejas y no tenemos que pensar ni rompernos la cabeza pensando cuál sería la solución.

-¿Se puede hablar no sólo de la reinserción para el drogodependiente sino también para el narcotraficante?
-Yo creo que todo el mundo tiene derecho a la reinserción. Creo en la reinserción. En esa reinserción no queda nadie excluido, ni siquiera un violador, o un maltratador de mujeres, ni un narcotraficante. Lo que pasa es que la reinserción hay que abordarla según los casos. Siempre digo que hay que abordar el problema y el delito a través de la parte que al delincuente le va a hacer más daño. ¿Cómo abordaría yo el tema del narcotráfico? Lo primero, con un rastreo tremendo. Quitándoles absolutamente todas las propiedades que tienen y que han conseguido a costa de la droga. Pero no sólo él, sino también sus testaferros. Lógicamente también con cárcel, y que cuando salgan tengan un empleo como muchos ciudadanos en el que ganen 100.000 pesetas. Y que haya trabajadores sociales que comprueben que Esther Lago, por ejemplo, tiene que ir al mercado y con las 100.000 pesetas tiene que comprar xouba porque no le alcanza para merluza. Ahí es donde realmente se haría mucho más daño, porque ellos hacen todo esto sólo por dinero. No es tanto la venganza como sí el control, y el hacerles recapacitar sobre la situación que ellos han provocado.

-¿Qué papel juega la figura de la madre en el problema de la droga?
-Yo creo que la madre tiene un papel importantísimo. Cuando agreden nuestro entorno más inmediato las madres salimos, peleamos y no nos avergonzamos. Damos la cara. El padre tiene otra postura, de apoyo pero desde la retaguardia. La madre sale, se enfrenta, llama por el nombre al que está delante y que es el causante, en parte, del deterioro y la muerte de su hijo. Cuando se le pregunta "¿tú no tienes miedo?" ella te dice "¿a qué voy a tener miedo si a mí ya me han matado lo que yo más quería?". La mujer tiene poder para rebelarse cuando se agrede lo que es suyo y es su entorno. Estos movimientos sirven para formarse políticamente. Aquí, en esta Asociación, nadie dice "yo no entiendo de política". Todo el mundo entiende de política. Se hacen debates, se razonan los porqués, se llega a conclusiones, y cuando hay elecciones todo el mundo sabe lo que está diciendo cada uno. Además lo piensan, lo meditan y proceden. Yo he visto mujeres que nunca han trabajado, que se han dedicado sólo a ser amas de casa, que se han encontrado en una edad difícil de menopausia con el problema de un hijo o dos con drogas, y las he visto formarse políticamente con debates, con pensamientos propios y tener un posicionamiento ante la vida clarísimo. Y ya no las oyes decir, como al principio, "yo no sé, yo no entiendo". Sí saben, sí entienden y sí gritan lo que saben y lo que entienden. Es una parte preciosa trabajar con ellas. Con el paso del tiempo te puedo asegurar que dan lecciones magistrales.

-¿La lucha es más fuerte que el dolor?
-Sí, es durísimo, pero sigue adelante porque su lucha y su rabia no se terminan con el hijo. Su lucha y su rabia continúan puestas en otro, siempre con la esperanza de que aunque su hijo no se pudo salvar, otro sí puede hacerlo. No te creas que es difícil, al contrario, es más fácil todavía. Es el sentimiento de todos. Yo siempre digo que aunque no lo he conseguido con mis dos hijos, si puedo llegar a conseguirlo con otros, me doy por satisfecha. ∆


El vínculo que une las partes con el Uno es el agua. Las correctas relaciones dependen de la comprensión y vivencia de la naturaleza espiritual del agua.

 

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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