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Foto cedida por Ana Penas
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Si las cosas salían bien -esto quería decir colgarse una medalla- su idea
era dejar de remar y dedicarse a una vida "normal": buscar un trabajo,
tener hijos... Pero los planes existen para romperlos y un posible tercer puesto
se convirtió en un octavo puesto inundado por lágrimas de rabia y desilusión.
"Veía que no íbamos mal -comenta Ana-, íbamos en el grupo. La chica que
nos marcaba se aturulló, empezó a dar muchas paladas, comenzamos a perder el
ritmo. Cada una iba remando en un sitio distinto, el ritmo de paladas era
escandaloso y fue un caos. Los últimos 100 metros fueron horrorosos. Estaba
deseando que se acabara, que volcáramos, que pasara algo y que se acabase ese
momento. Fue un momento horrible. Para mí el peor de mi vida". 500 metros
no es distancia para jugarse un futuro, pero el piragüismo, es así.
-Después de la Olimpiada de Sydney se desató la polémica sobre el estado
del deporte español. ¿Cómo lo ves desde dentro?
-Estuve en tres olimpiadas: Barcelona, Atlanta y Sydney, y las mejor
preparadas fueron las de Barcelona. Estabas en casa, fue donde se formó el ADO.
Las empresas que lo constituyen y el mismo Estado daban mucho dinero para el
deporte, había muy buenas infraestructuras y los resultados se vieron. Pero el
dinero se fue recortando y mucha gente no se puede dedicar de lleno a lo que
quiere porque no puede. Hay gente que tiene familia, mujer, hijos, y dedicarte
al deporte cuando tienes una beca que no te alcanza para vivir y mantener a tu
familia te tira un poco para atrás. Fue un problema de falta de medios. Yo no
creo que fuese falta de competitividad, porque cuando estás trabajando duro
quieres un buen resultado y no te conformas con lo primero que te aparece.
-¿Cómo tendría que ser el plan ADO para que cubriese las necesidades de
los deportistas?
-Se destina mucho dinero a cosas que a mí me parecen tonterías. Pienso
que se debería dedicar más al deporte y tener más en cuenta el trabajo de
deportistas, que al fin y al cabo son los que van a representar a España. En
España hay un problema grave, y es que los deportistas de élite una vez que
dejan su vida deportiva están totalmente desprotegidos. Yo cobro una beca pero
no tengo derecho a paro, ni Seguridad Social. Ahora mismo tengo 28 años y si
dejo de remar me tengo que buscar la vida como si tuviese 18 y acabase de salir
del instituto.
-¿Un octavo puesto refleja el estado real del equipo?
-En la primera Olimpiada a la que fui en Barcelona, no conseguimos entrar
en finales. En Atlanta quedamos sextas en la final. En Sydney el octavo puesto
no es nuestro puesto. Ha habido muchos problemas que ya han salido en la prensa.
Personalmente pienso que una persona del K-4 ha fallado bastante en un momento
en el que no tenía que haber fallado. Pero así como los buenos resultados son
de todas, los malos también los tenemos que asumir todas.
-¿Cuál es el perfil de una buena piragüista?
-Para ser una buena piragüista y deportista en general lo que más se
necesita es tener voluntad para trabajar el día a día y ser muy tenaz en tu
trabajo. Aparte de eso, el compañerismo en deportes de concentración y equipo
vale la pena. Nuestros problemas han sido precisamente porque una persona del
equipo tenía una forma de ser bastante especial y no se relacionaba bien con
las demás. Cuando se hace un K-4 y compites con otra gente, necesitas saber
llevar a la gente y encajar bien, o por lo menos intentarlo. Luego tienes que
reunir otras características, concretamente tienes que ser una persona fuerte,
trabajar mucho en el gimnasio. La resistencia también es importante.
"El dinero se fue recortando y mucha gente no se puede
dedicar de lleno
a lo que quiere porque no puede"
-¿Y a nivel humano?
-Fundamentalmente ser persona. Después de estar todos los días
entrenando hay momentos en los que estás muy cansado y todo lo que te digan te
puede molestar. Ahí hay que tener mucho cuidado de no contestar mal, no poner
una mala cara. Es fundamental pedir perdón, porque muchas veces por no hablar
con la gente hay los problemas que hay. Un barco de equipo como el K-4 es un
barco de compenetración, tienes que conocer muy bien a tus compañeras y eso se
hace a base de hablar, comunicarte y llevarte bien.
-¿Qué aporta la mujer al piragüismo?
-Las mujeres en el piragüismo lo que demostramos es la voluntad que
tenemos. Los chicos constitucionalmente son más fuertes y trabajando
medianamente en el gimnasio pueden estar arriba. A nosotras lo que nos marca es
la tenacidad y la constancia. Somos más resistentes y aguantamos más cantidad
de entrenamiento, quizá con menos calidad. Estoy convencida de que las mujeres
sufrimos más que los hombres, no sólo en el terreno deportivo, también en la
vida cotidiana.
-Un pensamiento en línea de salida.
-Ojalá no falle. Siempre tengo miedo a eso. Confío mucho en mi gente y
tengo miedo a ser yo la que falle. Siempre pienso: "Dios mío que no pase
nada, que no pierda la palada, que pueda meter fuerza, que no sea yo la que
falle", porque sé que las demás no van a fallar.
-¿Del anonimato al reconocimiento?
-No sé si soy la única, pero pocas personas en Pontevedra han
conseguido ir a tres Olimpiadas, y nadie ha reconocido mi trabajo. Tampoco lo
espero. Menos mal que están ahí mis amigos y mi familia. Cuando tienes
resultados buenos no necesitas que nadie venga a decirte nada porque ya sabes
que lo has hecho bien. Pero cuando has tenido un mal resultado es cuando
necesitas que la gente te anime y te apoye. No siempre es así y menos por parte
de las instituciones.
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