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Foto cedida por el Ayuntamiento de
Nigrán
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NIGRAN
Un destino
completo
Es uno de los destinos
turísticos por excelencia de la costa gallega. Sus playas son famosas por la
calidad de sus aguas, por el paisaje y por el deporte. Sin embargo, más allá
del tópico, Nigrán sorprenderá al visitante por todo lo que tiene que
ofrecer.
Texto:
Marta Malde
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Las playas son,
efectivamente, las reinas del turismo, uno de los grandes reclamos: Playa
América, bautizada así por Manuel Lemos, uno de los grandes mecenas del
Concello, se ha convertido en referencia gracias a sus 1.700 metros de arena
fina y a la Bandera Azul de la Unión Europea que recibe todos los años, desde
1990. Patos no se queda atrás: dunas y rocas marcan los límites de esta playa,
la más brava de Nigrán por estar abierta al océano, por lo que es muy
apreciada por los surfistas. Tiene además una preciosa vista de las Islas
Cíes. En el medio de ambas se encuentra la Playa de Madorra, más recogida en
una pequeña bahía, y de fácil acceso. También están Portocelo, igual de
recogida y muy cercana a Monteferro; y Lourido, al pie del monte del mismo
nombre en Panxón.
Pero si bien las playas son el primer tema a tratar, no lo son todo en el
Concello, que se guarda más de un as en la manga. Adentrándonos en el interior
podemos disfrutar de unas rutas de senderismo que, sin ser especialmente duras,
nos permitirán disfrutar de unos excepcionales paisajes. Destaca Monteferro,
una pequeña península visible desde la costa, donde se encuentra un Parque
Forestal. Siguiendo los senderos descubrimos el Nigrán interior, aunque en
pocas ocasiones perderemos de vista el mar: petroglifos, iglesias, molinos de
agua, castros, bosques de acacias, robles, castaños, arces... Podemos perdernos
por estos parajes, siempre con precaución, o bien seguir alguna de las rutas,
con sus diversas variantes, para estar seguros del terreno que pisamos. En ambos
casos la naturaleza y los vestigios humanos se confabularán para sorprendernos.
Lo que nunca sorprende es el clima: la naturaleza se las ha apañado para
crear aquí un microclima especial que asegura el buen tiempo prácticamente
todo el año. Los cerros y montes del interior impiden el paso del frío,
mientras que el océano trae la corriente del Golfo, que suaviza aún más la
temperatura. Es una de las grandes ventajas, ya que la media en verano ronda los
veinte grados, y el sol se deja ver unos doscientos días al año.
De la rica historia de la zona hay constancia en los muchos restos del
Paleolítico, Neolítico y Edad del Bronce que abundan en todo el Val Miñor;
sin olvidar los petroglifos, castros y restos romanos, que tampoco escasean. La
antigua iglesia de Panxón, con un arco visigótico, ostenta la categoría de
Monumento Nacional, y está situada justo al lado del Templo Votivo del Mar,
construido en los años treinta según un proyecto de Antonio Palacios. En arte
románico destaca el puente de A Ramallosa, que une Baiona y Nigrán; y no
podemos olvidar el monumento a los marineros en Monteferro, construido en la
pasada década. Las muestras de arte y arquitectura son muchas, y en cualquiera
de las siete parroquias nigranenses encontraremos alguna. En ocasiones se
combinan arte y religiosidad, como se puede ver en los numerosos cruceros
repartidos por todo el Concello.
Con todo esto el turista nunca se ve defraudado, ya que encuentra todos los
campos cubiertos: mar, montaña, historia, arte... y últimamente, también
turismo rural, una buena forma de disfrutar de todos los encantos de esta tierra
evitando las zonas más masificadas. No podemos olvidar la deliciosa
gastronomía, basada fundamentalmente en los productos del mar. Estamos ante una
cocina poco complicada, que se fundamenta en la calidad de las materias primas:
poco necesita una langosta fresca o unas nécoras para resultar apetitosas. Y el
buen vino que no falte, ni la carne de ternera gallega o los productos de la
huerta, que de nuevo gracias al clima son de inmejorable calidad.
No hay campo que no esté cubierto y por eso, año tras año, las plazas
hoteleras y alojamientos de todo Nigrán se cubren sin demasiado esfuerzo.
Porque quien ha estado aquí, vuelve; y quien no, se enamora enseguida de esta
tierra que, más allá de los tópicos, sabe acoger y sorprender al visitante.
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