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Foto: Juanjo
/ Industrias Abalde S.A.
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Foto: Mara
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Playa y
montaña. Turismo e industria. Tradición y modernidad. En el Val Miñor
conviven los extremos más acusados en una sorprendente armonía. En Gondomar
encontramos la industria como fuente de riqueza más importante, pero tampoco se
pierden antiguas costumbres como las alfombras florales del Corpus o la rapa
das bestas, día de fiesta en el que se marca a los potros que han nacido
salvajes. En Nigrán, que forma una Mancomunidad con Baiona, cambia el paisaje y
nos acercamos al mar: aquí están las playas interminables, tan apreciadas por
los turistas, paraíso de los deportes acuáticos. Y cruzando el puente
románico de A Ramallosa, entramos en Baiona, tierra histórica, donde de nuevo
conviven los dos mundos relativos a la mar: el pesquero y el turístico.
En los tres municipios están la gastronomía, la historia, el arte, las
costumbres. Y en todos encontramos, sobre todo, a la gente: solidaria,
entrañable, sorprendente, emprendedora... El Val Miñor es una tierra
privilegiada, pero son sus habitantes quienes la hacen inolvidable./
Texto: Marta Malde
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