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BAIONA
MUNDO MARINO
Sacando partido a todos sus recursos, Baiona ha
sabido aprovechar una historia próspera y un emplazamiento privilegiado. Unida
al océano desde su nacimiento, ha pasado de rico pueblo pesquero a villa
turística de élite, sin perder la pureza de sus orígenes.
Fotos: Mara
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El mar marca la
vida de Baiona y el ritmo de sus habitantes. En invierno muestra su lado fiero e
invita a admirar su potencia desde el rompeolas. Desafía también el valor y la
constancia de los marineros que todos los días, si el tiempo lo permite, salen
a faenar. No hay que olvidar que Baiona es, desde siempre, una villa pesquera;
pero si los pescadores descansan el sábado, el fin de semana toman el relevo
los visitantes. Siempre hay alguien que se anima a salir en alguno de los muchos
yates que recalan todo el año en el puerto deportivo.
Pero la auténtica transformación llega con el sol. Entonces el mar deja un
respiro y se vuelve plácido, animando al ocio y al deporte. El cuerpo pide
descanso y playa, que para algo hay seis en Baiona. Casi cuatro kilómetros de
arena y dos playas -Santa Marta y Barbeira- de Bandera Azul otorgada por la
Unión Europea, son un buen reclamo para los turistas que vienen, por tierra o
por mar, de todas partes del mundo.
Las seis son de fácil acceso, con aparcamientos y servicios en mayor o menor
medida. La más larga es la Ladeira: tres kilómetros de arena fina,
junto a un camping de primera categoría. El paisaje es además impagable, ya
que forma el estuario del río Miñor. De menor extensión pero igual belleza
está Santa Marta, en la península del mismo nombre. Tiene una
importante tradición pesquera y fue el lugar escogido por el pirata Drake para
intentar asaltar Baiona. No contó con el carácter indómito de los baionenses
que, auxiliados con refuerzos de todo el Val Miñor, consiguieron repeler el
ataque. Muy cercanas entre sí, Ribeira y Barbeira se encuentran
junto al Monte Real Club de Yates y el Parador de Turismo. Por último
encontramos Cuncheira y Frades, en el lado este de la fortaleza de
Monterreal. De arena gruesa, formada por conchas sin sedimentar, ambas tienen
una historia que les añade encanto. Frades recibe este nombre porque allí era
donde se bañaban los frailes del convento franciscano que existió en la
fortaleza hasta el siglo XIX. Cuncheira guarda un antiguo rito pagano, el rito
de las nueve ondas, que proporcionaba fertilidad aprovechando la magia de la
noche de San Juan.
Las playas dominan el paisaje de Baiona, como bien se puede apreciar desde el
mirador de la Virgen de la Roca. Obra del arquitecto modernista Antonio
Palacios, la Virgen tiene quince metros de altura y está construida en granito,
mármol blanco y porcelana. Representa a una Virgen que tiene en su mano derecha
una barca, a la que se accede por una estrecha escalera de caracol en el
interior, y que una vez fuera se descubre como un estupendo mirador. Al pie hay
un parque, donde se celebra una romería popular el primer domingo de agosto.
Y del mismo modo que el mar es la primera fuente de riqueza, también es la
referencia para la historia de la villa. Es inevitable referirse a la Arribada
de la Pinta a Baiona, el 1 de marzo de 1493. El barco, capitaneado por Martín
Alonso Pinzón, trajo la primera noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo; los
baionenses fueron los primeros europeos en conocer esta gesta. Para conmemorarlo
existen en la villa numerosos monumentos, destacando la réplica de la Carabela
Pinta, amarrada en uno de los muelles del puerto. Se puede visitar por dentro y
en ella encontramos una reconstrucción de la nave tal y como llegó a este
puerto hace más de cinco siglos. Para dejar clara la importancia de este hecho,
el Día de la Arribada de la Pinta es la fiesta local oficial.
Aunque en toda Baiona se siente el sabor a mar, no está de más dejarse caer
por tierra y disfrutar en el paseo marítimo: a un lado el paisaje de agua y
barcos, al otro cantidad y variedad de restaurantes, hoteles, terrazas y tiendas
de atractivos escaparates. Y desde luego habrá que pasear un rato por el casco
antiguo, Conjunto de Interés Histórico Artístico, amparado por un Plan
Especial de Protección, que controla que las nuevas edificaciones no alteren el
entorno. La parte principal está en el centro de Baiona y forma casi un
circuito cerrado en el que admirar las iglesias y casas nobiliarias, buscar la
sombra de los soportales o refrescarse en una fuente.
El segundo fin de semana de agosto se celebran las Fiestas de la Anunciada,
fiestas patronales en las que el pueblo se vuelca y el turista se incluye como
uno más. Tradicionalmente tienen lugar el sábado -día en que la imagen de la
Virgen sale en procesión a recorrer las calles engalanadas-, domingo y lunes de
las viejas. Muchas tradiciones se dan cita aquí, pero hay que destacar la danza
de las espadas, que sólo se ve en estas fiestas y en las dedicadas a la
Virgen del Carmen. En esta danza los hombres bailan con espadas, componiendo
figuras.
Las Fiestas de la Anunciada pueden ser un buen momento para conocer Baiona en su
apogeo. Pero si es una primera visita, es seguro que habrá más: hace falta
tiempo para conocer la Ex-Colegiata de Santa María de Baiona, el Parque de la
Palma, Monte de A Groba, Monte Boi, la Fortaleza de Monterreal y el Parador
Nacional de Turismo -referencias imprescindibles- y tantas otras cosas. En
cualquier caso, todo el tiempo es poco para contagiarse y disfrutar de esta
explosiva mezcla de tradición y modernidad en la que los baionenses han
encontrado una característica forma de vida./ E.V.
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