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Foto: Nan |
TURISMO RURAL
en El Bierzo
Existe una forma distinta de viajar y
pasar las vacaciones, fuera de las aglomeraciones y en contacto con la
naturaleza. Se llama turismo rural y cada vez tiene más adeptos. Visitar
pueblos, hacer senderismo y descubrir paisajes hermosos es la receta que
recomiendan todas las rutas que se pueden realizar en El Bierzo./
Textos: Eli Cañadó
Ven a disfrutar
P ara los que prefieren vivir unos días
libres en tranquilidad o simplemente cambiar de ritmo, las opciones de ocio
se multiplican en turismo rural. Los alojamientos suelen ser casas de pueblo
o edificios antiguos -a veces con historia- que han sido rehabilitados para
alquilar y ofrecer el máximo confort. Las fachadas han recuperado el aspecto
de la arquitectura tradicional de la zona. Además el trato familiar que
ofrecen sus dueños es el complemento perfecto para sentirnos como en casa.
La ventaja de estos establecimientos es que están ubicados en entornos
rurales bien conservados, rodeados de una naturaleza protegida por el
cuidado de los municipios y las ayudas institucionales. La riqueza vegetal y
faunística es un recurso muy valioso en El Bierzo, que se muestra al viajero
con orgullo. En estos valles y montañas se escucha el silencio, ese que
tanto buscamos al salir de las ciudades y que agradecemos en el descanso
vacacional. Pasar unos días en el campo nos ayuda a contactar con una vida
más sana y nos brinda la oportunidad de degustar productos naturales de la
zona. Las jornadas se emplean para visitar pueblos pintorescos, caminar por
senderos hasta bellos rincones y por supuesto practicar deportes de
aventura. Podemos relajarnos y charlar con la gente de los pueblos para que
nos cuente alguna historia o leyenda del lugar. Sin olvidar que a veces los
mejores recuerdos se crean en torno a una mesa, compartiendo experiencias y
saboreando recetas tradicionales. Porque en definitiva se trata de
sumergirnos en el encanto del mundo rural por unos días, una sugerencia que
atrae cada año a miles de visitantes a esta comarca. Los propios
alojamientos ofrecen información sobre rutas de senderismo y lugares
recomendados para visitar. Las oportunidades de ocio son tantas y tan
variadas que la comarca se ha convertido poco a poco en un destino
preferente. El Bierzo tiene mucho que ofrecer y vayas donde vayas, siempre
te sorprenderá.
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Foto: Valvanera |
Ancares
y Fornela
En esta ruta nos aguarda un enclave que hasta hace pocos años se mantenía
puro, casi intacto a las visitas. En Los Ancares aún perdura la forma de
vida tradicional en unos pueblos que han querido ponerse al día para ofrecer
buenos servicios de cara al turismo. De camino a nuestro destino Sancedo es
el primer lugar que nos llama la atención por la abundancia de masa forestal
que posee. Entre sus bosques se encuentra el Valle de las Setas y Castaños
como parte de su riqueza natural. Y en el pueblo de Ocero, el Negrillón
también es una muestra milenaria de los enormes árboles que poblaron este
lugar. Sus vecinos lo veneran como parte de su patrimonio y en su tronco han
tallado una imagen de la Virgen Santa Ana. Seguimos viaje hacia Vega de
Espinareda donde podemos darnos un baño en su playa fluvial, y tomar el sol
bajo las arboledas. De Vega parten tres caminos que llevan a tres valles
casi paralelos: Burbia, Ancares y Fornela. En cada uno de ellos hay caminos
y rutas para realizar a pie, en bicicleta o a caballo. Nuestro interés se
decanta por Fabero, cuenca minera por excelencia que tuvo varias
explotaciones y gran repercusión económica en la zona hasta hace pocos años.
Las minas a cielo abierto dominan un paisaje que no ha perdido su belleza,
con sus valles y ríos, montañas y pueblos que conservan todo el sabor rural.
El patrimonio histórico de la zona contiene restos de pinturas de la Edad de
Bronce, castros, yacimientos auríferos y monasterios. La arquitectura
popular también destaca en molinos, pallozas, hórreos y palomares. Partiendo
de Fabero o de Lillo del Bierzo se pueden iniciar varias sendas que aparecen
señaladas. Tenemos como opción la Ruta de la Fontoria, la Ruta del Agua, la
Ruta del Robledal, la Ruta de la Rubiona y la Ruta de Pontigas, casi todas
ellas sencillas y de baja dificultad.
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Foto: Valvanera |
Camino
de Santiago
Cuando el peregrino llega a la Cruz de Ferro en Foncebadón sabe que está a
punto de entrar en una tierra distinta: El Bierzo. Durante las próximas
etapas le aguardan experiencias nuevas y la disposición de unas gentes que
tratarán de hacerle más agradable el camino. Manjarín, El Acebo, Riego de
Ambrós y Molinaseca, serán las próximas poblaciones que cruzará antes de
entrar en la ciudad de Ponferrada. A medio camino desde El Acebo muchos
querrán desviarse hacia Compludo y visitar la famosa herrería medieval,
perfectamente conservada. Al salir de Ponferrada y con el gran Castillo de
los Templarios a nuestra espalda, nos sentimos más cerca de nuestro destino.
Tras pasar Camponaraya llegamos a Cacabelos, deseosos de conocer el Museo
Arqueológico y el Castro Bergidum considerada la cuna de El Bierzo. Esta
importante villa romana en el pasado, fue y sigue siendo lugar de paso en el
Camino de Santiago desde tiempos medievales. Durante cientos de años los
peregrinos han hollado sus calles principales, la plaza de San Lázaro y la
calle de Santa María, para hacer un alto en el camino y descansar. Hoy día
se pueden hospedar en el Albergue del Peregrino y visitar el Santuario de la
Quinta Angustia, patrona de Cacabelos y conocida como la Virgen Negra por
representar a la madre tierra. También apetece conocer el Museo del Vino,
pues estamos en la Capital Vinícola de la Comarca. Aquí se come bien y se
bebe un vino excepcional. Dejamos Cacabelos por el Puente Mayor sobre el río
Cúa para continuar viaje hacia Pieros y después a Villafranca del Bierzo. En
esta villa está la Puerta del Perdón, en la iglesia románica de
Santiago, donde los peregrinos incapacitados para llegar a Santiago ganaban
el jubileo. Por eso le llaman "la pequeña Compostela". Es preciso pasear por
la Calle del Agua y contemplar sus casonas y palacios señoriales. Y
acercarnos hasta la Colegiata de Santa María, el castillo de los Marqueses
de Villafranca, o la iglesia de San Francisco para ver un impresionante
artesonado mudéjar.
Bierzo
Alto
En la zona más nororiental de El Bierzo se encuentra el valle del Boeza y la
Sierra de Gistredo. También se conoce como Bierzo Alto y su capital es
Bembibre, la segunda población más importante de la comarca después de
Ponferrada. Parece ser que aquí estaba la Interamnium de los romanos,
que en la Edad Media fue documentada como Bene Vívere, o mejor dicho
"lugar de buen vivir". De forma tan atractiva Bembibre se muestra al viajero
con razones de sobras para hacer parada y fonda. Las guías turísticas
recomiendan visitar el Museo Municipal "Bierzo Alto" donde se recopilan
multitud de objetos y utensilios de la cultura tradicional de la zona. En
este museo aparecen los distintos episodios de la historia del Alto Bierzo,
desde la Edad Antigua hasta la vida rural en el siglo pasado. Veremos puntas
de lanza de la Primera Edad de Hierro, restos de la cultura castreña, aperos
de labranza, cacharros de uso doméstico, trajes regionales así como piezas
de artesanía y oficios rurales. Acabada la visita tenemos otra cita en la
Plaza Mayor con la iglesia de San Pedro, que en su día fue una sinagoga
judía. Aunque el monumento más destacado de la villa es el Santuario del
Ecce Homo, un edificio neoclásico del siglo XIX que se levantó sobre una
sencilla ermita construida siglos atrás. En su interior se guarda un antiguo
Cristo, el patrón del Bierzo Alto, que cada siete años es trasladado en
procesión hasta la iglesia parroquial en medio de una multitud. La mayoría
de los bercianos conocen esta fiesta popular donde los pendones añaden
colorido a una celebración que aún debemos esperar hasta el año 2008 para
verla. El paisaje y el entorno que rodea a Bembibre tiene al río Boeza como
anfitrión. Sus aguas bajan desde el Catoute, el techo del Bierzo con más de
dos mil metros de altitud. La excursión hasta la cumbre puede ser una de las
experiencias más gratas, con el regalo de ver desde lo alto una imagen
increíble de los valles y las montañas. Y como telón de fondo la Sierra de
Gistredo también forma parte del decorado. Desde sus picos los más
arriesgados se lanzan en parapente y disfrutan de este paisaje mientras
descienden mecidos por el viento.
Durante
cientos de años los peregrinos han hollado estos pueblos y sus calles,
donde han hecho un alto en el camino para descansar.
Valle do Seo
El espacio natural de Los Ancares ocupa gran parte del territorio más
occidental de la comarca de El Bierzo, en el límite entre Lugo y Asturias.
En su vertiente leonesa se abren al norte los valles de Fornela, Ancares,
Burbia y Balboa. Al sur y a la altura del Camino de Santiago se levanta la
Peña del Seo que da paso a los valles del Selmo, Seo, Barjas y Valcarce. En
estos valles profundos y aislados la naturaleza ha mantenido su pureza y los
pueblos, como en todos Los Ancares, guardan un enorme valor ecológico y
cultural. Lo vemos en los frondosos bosques, en los castaños milenarios y la
gran variedad de especies autóctonas que conviven aquí, como acebos,
abedules y robles. Los ríos cristalinos y los abundantes cursos de agua se
abren paso en unos valles surcados por caminos, marcados en ocasiones para
la práctica del senderismo. Los ricos yacimientos de hierro en las cercanías
de la Peña del Seo fueron fuente de ingresos para los habitantes de esta
zona. La actividad de las herrerías duró varios siglos y tuvo su apogeo en
el siglo XIX. En el municipio de Barjas se puede visitar la Herrería de
Serviz, un antiguo edificio de piedra que aún conserva parte de la herrería.
La ruta que parte de este punto nos conduce por el valle junto al río Barjas
hasta encontrarnos con un molino romano rehabilitado. Avanzamos por el
camino y el valle se abre hasta llegar a Barjas, en verdes prados y castaños
antiguos. Desde este precioso pueblo se sube a Busmayor, donde se encuentra
el bosque de hayas más importante del noroeste peninsular y el nacimiento
del río Barjas. El lugar está considerado como uno de los mayores atractivos
turísticos del Valle del Seo. Tenemos una oportunidad ideal para pasear y
disfrutar con la fotografía desde los miradores naturales de los picos de
Faro y Capeloso. Muy cerca de aquí llegamos a Trabadelo, otro municipio en
el valle que se sitúa en pleno Camino de Santiago. El pueblo de Pereje se
encuentra unos kilómetros antes en el trazado jacobeo y ofrece al caminante
un servicio de albergue para el descanso. Desde Trabadelo podemos desviarnos
y visitar los alrededores en rutas variadas. Conoceremos algunas de ellas,
como la que lleva a la ermita de Fombasallá con el objetivo de ascender
después hasta Peñarrubia. Otro recorrido nos acerca a Canteixeira para ver
las típicas pallozas. Y mucho más larga es la ruta de Los Ancares que nos
lleva a conocer en un trazado circular y por carretera toda esta Reserva
Nacional y muchos de sus pueblos, algunos ya en Lugo. Trabadelo también
ofrece atractivos para bañarse en la playa fluvial y pasar la tarde en el
merendero. Y si se nos hace de noche hay varios alojamientos rurales en el
municipio y restaurantes donde cocinan recetas tradicionales. La sencillez y
el carácter amable son las notas que predominan en cualquier servicio que
encontramos en toda la comarca. Porque El Bierzo suena a turismo verde, a
aventura, a tradiciones en los pueblos, en la gastronomía, en cada una de
sus fiestas... Es un "país encantado" como dicen algunas guías turísticas,
que se no se desprende de la memoria jamás.
La sencillez y
el carácter amable predominan en cualquier servicio que encontramos
en toda la comarca.
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Foto: Valvanera |
Valle del Valcarce
Como lugar de paso, Vega de Valcarce se halla en un lugar privilegiado
siendo la puerta hacia Galicia desde El Bierzo. El trayecto del Camino de
Santiago recorre durante 14 kilómetros este valle y varios pueblos del
municipio. Un vistazo al entorno nos muestra estas montañas redondeadas que
no superan los dos mil metros de altura y son las más antiguas de la
península. Los ríos surcan los valles, riegan las praderas y en sus márgenes
se asientan bosques de ribera donde abundan los chopos, fresnos y alisos. En
las laderas tapizadas de verde hierba se cuelan los matorrales y el brezo
entre los robles, abedules, tejos y avellanos. Este valle se abre en otros
tres más pequeños y uno de ellos es el valle de Balboa. Para adentrarnos más
en él tomamos el desvío de la Nacional VI hacia Ambasmestas, el primer
pueblo antes de ascender el río Balboa. La etimología del nombre de "augas
mestas" nos indica esta confluencia de dos cursos fluviales, el Balboa y el
río Valcarce, que podemos cruzar en este pueblo por un puente romano.
Seguimos viaje hacia Balboa por la carretera y el único sonido que nos
acompaña es el fluir del agua y el canto de los pájaros en medio de una
frondosa vegetación. Antes de llegar a nuestro destino nos sale al paso
Quintela, un pueblo situado en un frondoso valle donde aún se práctica el
pastoreo de ganado vacuno. Los hórreos y las pallozas forman parte de la
arquitectura tradicional de este paisaje, donde encontramos también
alojamientos rurales para quedarnos unos días. La gastronomía es deliciosa y
hecha a base de productos autóctonos y recetas tradicionales que cocinan los
restaurantes y mesones de la zona. Ya en Balboa visitamos la iglesia de
Santa María, uno de los templos renacentistas más importantes de El Bierzo.
Desde aquí se puede subir hasta las ruinas del castillo, construido
probablemente sobre un castro celta astur. En Balboa se inician cuatro
caminos que llevan a direcciones distintas: Pumarín y Canteixeira, Castañoso,
Villariños y Chan de Villar. En Pumarín se pueden ver los restos de un
antiguo castillo, la torre del homenaje y parte de su muralla. En
Canteixeira conoceremos su famoso texeidal o bosque de tejos. También
es preciso llegar a Villariños para observar con detenimiento sus pallozas y
hórreos cuadrangulares. Y desde Chan de Villar situado en una perfecta
atalaya podremos admirar el paisaje de este valle y su belleza. Recordaremos
entonces las palabras de aquel peregrino que estando de paso exclamó una
profética sentencia para estas tierras: "Tiempo llegará que tan hermoso
lugar será valle de bonanza". De ahí la palabra Valbona o Balboa como la
conocemos nosotros. Y después de haber visto y disfrutado con los encantos
de este valle, confirmamos la certeza de sus palabras. ∆ |