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Los retos ejercen tal atracción sobre ella que fue incapaz de resistirse a
la invitación de formar parte de este tribunal que juzgará los crímenes de
genocidio y lesa humanidad. Sus veintinueve años de ejercicio en derecho
laboral, penal y matrimonial se coronarán con esta experiencia única: ser
abogada defensora del Tribunal Penal Internacional de La Haya.
"En el Tribunal Penal
Internacional elegí defender porque lo considero más difícil, un reto"
"A veces intuyo que frente a las
pruebas que me presentan, se esconde algo más" |
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E ncontrar a
Azucena González no es tarea fácil porque cuando no está en un juicio,
se encuentra reunida con algún compañero preparando un nuevo caso. Pero
una vez que se sienta frente a ti su conversación te envuelve,
haciéndote pensar que la justicia es más humana que como la pintan las
encuestas.
Texto y foto: Marta Iglesias
-¿Por qué se presentó como abogada defensora en el
Tribunal Penal Internacional?
-Nos llegó una circular a todos los abogados del Colegio de León,
preguntándonos si alguien estaba interesado en intervenir de alguna
manera ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Exigían
determinados requisitos que yo cumplía, como tener experiencia en
Derecho Penal, al menos diez años de ejercicio en Penal, reconocido
prestigio y que hablaras francés o inglés, que son los dos idiomas del
Tribunal. Me animé a enviar el currículum porque siempre me han atraído
las cosas nuevas. No es que mi despacho sea precisamente rutinario, ya
que llevo cosas muy diferentes, pero siempre se desarrollan en España.
Así que pensar en ir a La Haya, expresarme en otro idioma que me apetece
mucho como es el francés, defender a una persona, participar en temas
como genocidios, era un reto que no podía dejar pasar. Voy a descubrir
otra nueva dimensión del derecho y del ejercicio del mismo. Para mí es
un reto porque es algo totalmente distinto, nuevo y en lo que participa
muy poca gente.
-¿Qué cree que valoraron a la hora de contratarla?
-Aunque desconozco los criterios, sé que tenían en cuenta primero
los currículos de las mujeres, y que hicieron una selección en base a la
experiencia profesional y el dominio del idioma. Somos los primeros
abogados que vamos a intervenir en un juicio del Tribunal Penal
Internacional porque todavía no ha tenido lugar ninguno. También te
preguntaban si preferías defender o acusar. Yo dije que prefería
defender porque es lo que más me ha gustado desde siempre y donde me
siento más cómoda, aunque muchos piensen que defender a un genocida es
algo horrible. Pero todo el mundo tiene derecho a la defensa y yo
imagino que los genocidas fundamentales tendrán su propio abogado, y
nosotros defenderemos a soldados o gente así. Otra razón por la que
elegí defender fue porque en la acusación está el fiscal, que tiene
muchos medios para hacer investigación, y porque habrá más personas para
acusar. Elegí la defensa porque me parece más difícil.
-Muchos no entenderán que alguien voluntariamente se
presente para defender a un presunto genocida. ¿El ser humano sigue
dominado por la venganza, por el ojo por ojo?
-Yo creo que sí. Pero pienso que hay que ser comprensivo, incluso
ante las cosas horrorosas. Yo desde luego soy una persona supertranquila,
nada violenta y hay hechos que me espeluznan. Pero pienso que en algún
momento quizás hay algún motivo para cometer un crimen, y considero que
todo el mundo tiene derecho a una defensa.
-Usted que cree en la Justicia, ¿cómo puede
equilibrarse en la balanza un genocidio o un crimen de guerra?
-Imagino que equilibrar la balanza es muy difícil, pero habrá que ir
caso por caso y analizarlo.
-El que un país tan influyente como Estados Unidos se
niegue a reconocer el Tribunal Penal Internacional, ¿limita la capacidad
de actuación de este organismo?
-Efectivamente, que países como Estados Unidos o Israel no
reconozcan el Tribunal lo limita porque hay acciones que no se juzgarán.
Pero quizás pensar que el Tribunal comenzaría su andadura con todos los
países adheridos es una utopía. Confío en que en un futuro se sumen más
países, pero aún así este Tribunal es un paso muy importante y en él se
juzgarán genocidios, crímenes de lesa humanidad, de guerra y de
agresión. Nada de estupefacientes ni de terrorismo, eso se juzga en cada
país.
Justicia femenina
-¿Qué le mueve a ser abogada: la búsqueda de la
verdad, entender al ser humano, la necesidad de hacer justicia...?
-La igualdad social y el intentar defender la justicia. En principio
trabajé en Derecho Laboral, y he luchado mucho por los trabajadores.
Creo que lo que me ha influido a la hora de dedicarme a la abogacía es
trabajar por el derecho, y que los abogados estemos más cerca de las
personas y podamos entender más los casos. Trabajo para que cuando una
persona llegue a mi despacho no se encuentre asustada, sino que vea al
otro lado a una persona normal con la que puede hablar tranquilamente.
-Aunque en un juicio todo se basa en pruebas
materiales, ¿utiliza la intuición femenina? ¿En ocasiones ha sentido que
los hechos han sucedido de una manera diferente a como los muestran las
pruebas?
-Sí, hay veces que intuyes que frente a lo que te presentan hay otra
cosa más que a lo mejor es imposible que aparezca. En ocasiones tengo el
convencimiento interno de que los hechos son de otra manera, es como
algo que me habla por dentro, a lo que se llama intuición femenina o
sensibilidad. Y eso lo siento muchas veces: las pruebas apuntan por un
lado y yo estoy convencida de que no es eso. A veces acierto, con la
sentencia que se dicta, y otras no. No sé si el estar tantos años en un
despacho te reporta conocimientos psicológicos; incluso llegas a pensar
lo que te va a decir la persona que tienes enfrente antes de que abra la
boca.
-Aunque ahora hay más mujeres en la Judicatura,
cuando usted comenzó era una carrera minoritaria. ¿Ha tenido que pelear
por hacerse un hueco en este mundo masculino?
-Cuando comencé, yo y otra compañera éramos las primeras en León que
ejercíamos en los juicios. Y sí me dirigían comentarios que pretendían
ser animosos y en cambio eran totalmente discriminatorios con respecto a
mis compañeros masculinos de la promoción. Y, como todas las mujeres que
comienzan en algo, he tenido que demostrar muchas más veces mi valía que
los hombres que desempeñaban la misma labor que yo. Pero efectivamente
he luchado mucho por la mujer, incluso junto a otra abogada he redactado
los estatutos de la Asociación Flora Tristán de León. ∆ |