Desde la
antigüedad el deporte estuvo considerado como una de las manifestaciones más
elevadas de la cultura de un pueblo, hasta el punto de que en muchas ocasiones
formó parte de ritos religiosos o fueron motivo de ofrenda a los dioses.
No obstante, los griegos fueron quienes con gran sensibilidad y belleza,
unieron deporte y espiritualidad y lo llevaron a la vida cotidiana. Ambas
cosas eran tan importantes para la vida que los jóvenes eran educados en las
letras y en el deporte, en lo atlético y en lo intelectual, y los gimnasios de
aquel tiempo se convirtieron en auténticos centros culturales. La famosa frase
de Platón, mens sana in corpore sano, recogía perfectamente esta
filosofía de equilibrio entre cuerpo y espíritu que sin duda abrió las puertas
a una nueva forma de vida.
El deporte en la actualidad sin duda, no es una panacea para los males o las
carencias de nuestra sociedad. Pero sí, bajo sus diferentes variantes, da la
oportunidad al individuo de descubrir valores y potenciales, antes
desconocidos pero que se encuentran dentro de él. Algunos deportistas lo
definen como una experiencia casi espiritual, para otros se trata de una
necesidad tan vital como el respirar.
¿Qué proporciona la práctica del deporte? Unos dirían que el placer de sentir
cada músculo del cuerpo en movimiento, la necesidad de mantenerse en forma,
evitar el estrés, competir, escapar de la monotonía, trabajar en equipo o
comunicarse de otra manera con los demás. Otros hablarían de la necesidad de
aventura, del riesgo, de descubrir lo que hay detrás del sacrificio, del
esfuerzo, de la soledad, de la fuerza de voluntad o del dolor. De desarrollar
la capacidad de pensar sobre la marcha, trazar estrategias; del control para
responder en cada momento con la dosis de energía necesaria. De experimentar
la sensación de libertad, el sabor amargo de una derrota o la dulzura de una
victoria. Todos coinciden en la necesidad de fortalecer cuerpo y mente para ir
más lejos y subir más alto. Un maravilloso entrenamiento para la vida. Lástima
que algunos de estos valores hoy se hayan cambiado por otros como negocio,
espectáculo o propaganda.
Lástima que esto haya convertido a muchos
deportistas en empleados, obligados no sólo a ganar sino a ser los mejores a
costa de lo que sea. Lástima que el denominado deporte de masas -fútbol,
principalmente- haya sido utilizado por el poder en muchas ocasiones para
influir sobre los ciudadanos ("por el interés general", por supuesto), como
otra forma de control social. O se haya convertido en la excusa idónea para
que grupos violentos vuelquen sus frustraciones y transformen un estadio en un
campo de batalla, con muertos incluidos en sólo unos minutos.
Pero preferimos ceder el protagonismo a esos hombres, mujeres y niños que
desde el anonimato o desde un podium, desde un equipo o en solitario, con
ayuda, o buscándose la vida cada temporada para poder seguir entrenando, hacen
que el espíritu deportivo siga vivo. Y no sólo hablamos del deporte
competitivo, sino también del deporte autóctono, de gran importancia en
Castilla y León. Auténticas pruebas de fuerza y habilidad, sencillas y muy
practicadas no sólo por personas mayores sino por muchos jóvenes en estos
momentos, que están haciendo que estos deportes sean un lugar de encuentro y
disfrute intergeneracional.
En pistas, estadios, canchas de juego o al aire libre, Castilla y León cuenta
con gran número de deportistas que trabajan a diario para poder llegar más
alto y más lejos. Las medallas conseguidas cada año dan muestras de ello.
Además, también contamos con una importante cantera de deportistas con mucho
futuro.
/ M.H. |