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primera vez que hablé con Marta Domínguez fue hace dos años y me llevé de
ella la misma impresión que hoy: la de una mujer con una determinación de
hierro, muy competitiva, vital, risueña, sacrificada, hiperactiva,
perfeccionista y con un único objetivo claro, el de ganar echando lo que
haga falta. Y para colmo, su vitalidad es contagiosa, porque cuando
terminas de hablar con ella deseas llevar ese esfuerzo a tu vida.
-Tú, al igual que otras mujeres deportistas del momento, has
conquistado varios títulos mundiales, cosa que antes no ocurría. ¿Ha
llegado la hora de las mujeres?
-Hace ya rato que ha venido (risas). Lo que pasa es que quizá en estos
últimos años, no solamente en atletismo sino en el deporte en general,
pues sí que es verdad que a las mujeres se nos oye más y se nos tiene
mayor reconocimiento. Ahora mismo en el plano deportivo estamos en
igualdad de condiciones para ser las mejores, igual que los hombres.
-¿Qué crees que significaría para las mujeres deportistas no tener que
demostrar constantemente su valía?
-Yo creo que significaría un salto muy importante, porque las mujeres
siempre tienen que estar demostrando. Un hombre consigue un resultado un
año y ya vive del cuento toda la vida. Las mujeres tienen que estar año
tras año para decir que estamos ahí, ni siquiera para vivir del cuento los
años venideros sino para decir que estamos ahí todavía. Entonces yo creo
que sería un salto cualitativo y cuantitativo importante en todos los
sentidos conseguir la confianza de la sociedad y de los medios. Y esto
afianzaría nuestra autoconfianza, porque ahora mismo parece que no estás
ni tú misma segura de lo que has conseguido y dices: tengo que demostrar
otro poco, tengo que competir otro poco más para que la gente se fije en
mí.
-¿Cómo percibes el machismo en el deporte?
-Intentan que no se vea mucho, pero al final siempre sale. Las
federaciones y el Comité Olímpico siempre suelen dar las mismas ayudas
económicas y ahí no se ve mucho machismo, pero cuando un esponsor se fija
en un deportista cuando es hombre le interesa más y le paga más que a una
mujer por ser mujer. Ahí se ve reflejado. Luego los organizadores de las
competiciones tampoco pagan a los hombres igual que a las mujeres del
mismo nivel. Se ve en pequeños detalles, pero al final sale a la luz.
Aunque digan que el hombre es igual que la mujer no es cierto todavía.
-¿Qué valores te reporta el atletismo?
-Yo intento ser siempre la mejor persona posible, porque puedes correr
mucho pero si luego no eres una buena persona a mí no me sirve de nada.
Eso es lo primero y ser fiel a la gente que quiero, mis compañeros de
entrenamiento, mis amigos, mi entrenador, mi mánager... Luego están
valores como tener capacidad de sacrificio y amor propio, cosas que he ido
ganando poco a poco gracias al deporte.
-¿Qué has sacrificado para estar donde estás?
-Yo empecé a practicar atletismo de muy joven y con 14 años ya entré
en las becas que daba la Federación Española. A partir de ahí compaginas
tus estudios, sabes perfectamente que debes estudiar pero que tienes una
vía profesional de escape que es el atletismo. No es que haya renunciado a
salir con mis compañeros de colegio o de instituto, sino que yo me iba a
competir por ahí, tenía otro tipo de relaciones. No dices que no a una
cosa sino que dices sí a otra. Renuncias a relaciones con gente, tienes
que comer de una determinada manera... pero cuando no lo has conocido no
te cuesta tanto. En cambio dices que sí a otras cosas que la mayoría de
gente tampoco ha conocido.
-¿Cómo se transmite en tu vida cotidiana ese coraje que te vemos en la
pista?
-(Risas) No me gusta perder en nada, desde jugar cualquier pachanga de
fútbol o baloncesto a preparar un pastel. Me gusta hacerlo todo bien y no
darme nunca por vencida. Si me pongo a cocinar algo y no me sale, no tiro
la toalla. Hasta que no me sale no paro. Y lo hago en cualquier ámbito de
la vida.
-¿Por qué necesitas ganar?
-Porque me siento bien. Estoy acostumbrada a dar lo máximo, y cuando
lo doy y luego gano estoy orgullosa de lo que he hecho, después de haber
trabajado durante mucho tiempo. En esos momentos me siento satisfecha
porque he hecho lo que tenía que hacer.
-No haces nada a medias...
-No, yo cuando hago algo lo hago bien. Si no, no lo hago.
-Cuando llegaste a los Mundiales de París con malos tiempos, la gente
en general y la prensa en particular no confiaba en ti. ¿Cuáles son los
mástiles a los que te aferras y en los que confías, por encima de los
resultados obtenidos, que es lo que se suele valorar?
-Primero en mi amor propio. Cuando quieres demostrar al mundo y
llevarle la contraria pues sacas la fuerza de donde no la hay. Y luego
también tengo mucha fe en mi entrenador porque me dijo que iba a estar
bien y yo le creí. Los entrenamientos iban cada vez mejor, pero no era mi
mejor momento de forma. Pero sí que es verdad que cuando te encuentras un
poquito mejor y la mente quiere demostrar al mundo que puedes hacerlo,
pues al final sale el sol por donde tiene que salir.
-La plata de los 5.000 en los Campeonatos del Mundo de París la
conquistaste a golpe de sufrimiento, ¿es ésa tu mejor baza?
-Tengo muchas cualidades buenas y malas, como todo el mundo, pero una
de las buenas es que tengo una capacidad de sufrimiento muy grande. Me
puedo estar muriendo en la pista y puedo sacar el último cartucho de mi
cuerpo. Cuando no quieres ser cuarta dices 'tengo que dar un poquito más',
sufres un poco más durante décimas de segundos y luego vas a tener
momentos de gloria durante toda la vida. Prefiero sufrir 3 ó 4 segundos en
la pista antes que estar toda la vida sufriendo al recordar esa carrera.
-Veo que tienes la cabeza muy fría en las competiciones.
-La gente entendida del deporte dice que no solamente hay que tener
buenas piernas, buenos músculos, buen corazón; hay que tener la cabeza
bien amueblada, como se dice en el argot atlético. Hay que tener la
mentalidad bien fría para saber cómo reaccionar y saber lo que quieres. En
momentos duros de carreras en las que parece que ya no se puede más,
siempre la mente puede un poco más. Entonces hay que darle mensajes
positivos para que se lo crea. ∆