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SUPLEMENTO CASTILLA Y LEON

 CARMELO GOMEZ 
Texto: Elena F. Vispo  Foto: Pipo Fernández / BocaBoca Producciones

ACTOR COHERENTE

Carmelo Gómez
 

Es uno de los actores más sólidos del panorama español y es, también, un leonés convencido, de forma que siempre busca un hueco para presentar sus películas en su tierra. Hasta aquí vino para hablar de "Nos miran", un thriller sobrenatural en el que, como siempre, hace un papelón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 "Yo soy de contenidos, siempre me ha interesado tener algo que decir y que las películas nos hagan pensar"


De él dice su director en Nos Miran, Norberto López, que "una vez que cree en algo apuesta hasta el límite". Y hasta el límite le llevan sus personajes, hasta el punto incluso de perder el sueño, de modo que acudo a esta entrevista con la sospecha de toparme o bien con un polvorín o bien con una persona extremadamente equilibrada. Y me encuentro con las dos cosas, sentada ante un hombretón que parece relajado, pero que juega con la cucharilla del café como si le fuera la vida en ello. Como buen leonés, es tímido y extremadamente franco. Un hombre con alma de niño, dice él, y no puedo por menos que estar de acuerdo; sobre todo viendo como, mientras habla seriamente conmigo, hipnotiza con sus muecas a una niña pequeña que, por razones que no vienen al caso, ronda nuestra conversación.
Carmelo Gómez parece muy contradictorio y es, al mismo tiempo, extremadamente coherente consigo mismo. Ahí está la gracia.

-Siempre que se habla de ti se dice "el actor leonés", es una cosa que llevas muy a gala.
-Sí, y cada vez más porque noto que al final todos somos de ningún sitio, pero la gente... iba a decir de pueblo, y yo sé que esto a los leoneses no les va a gustar, pero afortunadamente León guarda todavía el sabor de ayer, y eso le hace peculiar. Y además hace que los leoneses quieran tanto a su gente que se pueden llegar a sentir incluso identificada con ella, cosa que en las grandes ciudades ya no puede ocurrir, porque todo está despersonalizado. Y con el pueblo me pasa lo mismo, cada vez entienden mejor lo que pasa conmigo.

-¿Qué queda en ti de aquel chaval de pueblo?
-Me temo que el recuerdo, que es lo único que puede quedar de todo aquello. Espero no volver a vivir lo que viví, sin embargo sí recuerdo mi infancia, mía y única, lo que en el teatro se llama el imaginario, que es tu pasado, lo que te conforma y lo que eres. Y cuanto más luchas contra eso, por querer ser un hombre moderno, entroncado con las nuevas modas, más perdido estás, más sin patria vives. A mí lo que me queda es una patria, unos seres queridos, que me quieren también de forma especial, y es donde yo me siento más fusionado. Eso es esencial para mí. Antes no, antes vivía para mi trabajo, pero ahora tengo otras prioridades, afortunadamente. Entre ellas está mi hija y está mi tierra.

-Cuando vienes aquí con alguien, ¿qué le enseñas?
-Estamos todo el día hablando de León, y digo estamos porque siempre vienes con alguien que te puede explicar piedra por piedra. Pero no es eso lo que hay que enseñar, no exclusivamente, que parece que siempre estamos con el jodío patrimonio. Y está muy bien, pero lo más importante es llevarles de tascas y decir: aquí la gente es así. Que lo mismo pueden no saludarte como preguntarte de repente: ¿Dónde está el eje de la Tierra, hombre? Ésta es la gracia de esta tierra, que además es muy entrañable y muy hospitalaria. Yo creo que ésa es la esencia de los leoneses, ya no queda gente así.

-Tu última película es "Nos miran". ¿Qué te llamó la atención de este proyecto?
-Cada proyecto es un cúmulo de azares. En principio yo tenía miedo a una película de género, con un director nuevo y con una productora que tiene tendencia a hacer películas muy comerciales. Y yo soy más de contenidos, siempre me ha interesado tener algo que decir y que las películas nos hagan pensar. Lo que me hizo entrar en esta película no fue esta película, sino un anterior proyecto de este mismo director, llamado Cábala, que me gustó mucho. Y cuando aquello cayó, porque era una cosa cara, me ofreció este nuevo proyecto. A cambio, si esta película funciona haremos Cábala en serie de televisión. Y me metí con la misma idea de futuro que tenía el director, lo que pasa es que terminó siendo una buena película.

-Tienes fama de implicarte muchísimo en tus personajes. ¿Qué te ha supuesto éste tan extremo, a medio camino entre la locura y la cordura?
-Yo ya soy más o menos, más o menos, ducho en personajes desequilibrados, desde Tierra para acá no hago más que personajes que rozan la locura o que crean fantasmas con el sueño de la razón. Y bueno, sé que hay que hacer un trabajo psicológico que dura meses y que al final se consigue, entras en el ambiente del personaje. Pero éste tenía un componente físico que a mí me parecía difícil de conseguir, que era el cansancio. El cansancio real, que no se puede mentir al espectador con un maquillaje. Y para conseguir eso había que dormir menos y estar cansado de verdad en el rodaje. Y eso dio, yo creo, unos muy buenos resultados. Lo que pasa es que es poco aconsejable.

-Es cierto que tienes tendencia a personajes extremos. ¿Por qué?
-Quizá porque mi cara es muy ambigua, yo tengo muchos contrastes entre lo aparentemente duro, con una gran personalidad, muy seguro de mí mismo; y sin embargo sigo teniendo un alma de niño, que es lo que me salva. Y todos esos contrastes generalmente están más cerca de la locura que de la cordura. Cuando uno es excesivamente cuerdo es que tiene una buena máscara para vivir, da la apariencia que se espera de él y obtiene buenos resultados. A mí ésos me parecen más locos que nadie, pero objetivamente es lo que hay en la calle y como es la mass media no se puede criticar. Sin embargo, hay esos otros personajes absolutamente transparentes, que tienen rostro de hombre pero alma de niño, con dolor, son los que podríamos llamar locos. Y eso lo tengo yo.

-Tengo entendido que llevas muy mal esa dualidad entre el personaje público y el privado. ¿Te alimentas también de esa contradicción?
-No, porque eso antes me hacía mucho daño, pero ahora afortunadamente la prensa absurda, también llamada rosa, nos ha dejado en paz. Y no sabes lo bien que se vive. Pero hubo una época en que me perseguían y que yo estaba jodido. Porque además trataban de involucrar a mis seres más queridos y eso sí que no lo toleraba de ninguna manera. Y la justicia, como siempre, está mirando para Cuenca, no es sensible a nada de lo que pasa. Porque la justicia es un gran dinosaurio incapaz de evolucionar, es completamente inamovible. En aquel momento se suscitaba un grave problema, y es que nos persiguiesen por la cara y nosotros no tuviésemos ningún tipo de salvaguarda jurídica. Te quedas sin intimidad a cambio de nada, de que haya unos periodistas a la puerta de tu casa y de que tu vida no valga un pimiento. Y eso me parece una terrible injusticia.

-De tu caso se deduce que la línea de la prensa rosa no existe si no la alimenta el interesado/a.
-Yo sigo en lo que te decía antes, la línea del contenido: que al final lo que quede de ti no sea una historia de acción con mucho ruido y pocas nueces, sino que haya más nueces que ruido. Yo creo que es la clave de que algo perdure. ∆

   

   
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Última revisión: abril 13, 2009. 
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