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talento para la pintura, pero no la paciencia necesaria para dedicar horas
y horas a plasmar una imagen. La fotografía encaja más con un carácter
inquieto, y es que José Robés es un despliegue de actividad: acaba de
llegar de Roma, pronto se marchará a Londres, y mientras tanto prepara
varios proyectos a la vez. Con semejante agenda, ha sido una suerte
encontrarle en su estudio de Villafranca del Bierzo, con la disposición
necesaria para charlar un rato.
-Siendo una villa tan pequeña, muchas figuras relevantes en el mundo
artístico están relacionadas con Villafranca: tú mismo, Cristóbal Halffter,
Antonio Pereira, Juan Carlos Mestre... ¿Qué pasa ahí?
-Pues hay un dicho aquí en Villafranca que dice que le pegas una
patada a una piedra y te sale un poeta. Otros dicen que es el agua del
Burbia... No sé qué es, pero supongo que unas cosas te traen otras. Mira,
yo acabo de llegar de Roma, y una de las conclusiones que saqué es que al
ver tanta belleza desde que se nace es lógico que la gente tenga otra
sensibilidad. Supongo que un poquito de eso hay.
-Villafranca fue precisamente el tema de tu primer libro,
"Entretejedores". ¿Es más fácil empezar por lo más cercano?
-¿Sabes qué pasa? A mí, igual que a todas estas personas que has
dicho, me pasa un poco lo mismo con Villafranca, que es una relación de
amor-odio. Entretejedores fue decir: quiero hacer algo que acabe
con todas esas guías, esa cantidad de cosas que se publican de Villafranca.
Quiero hacer algo diferente, ni una sola foto que ya se haya hecho antes.
Y luego fue reunir a todos esos amigos en una especie de magosto para,
entre todos, elaborar este libro sobre el sitio donde nacimos.
-Has fotografiado Villafranca, el Camino de Santiago, La Mancha... ¿Por
qué fuiste también a Nueva York?
-Todo el mundo ha estado alguna vez en Nueva York, porque es tanta la
información que te llega por la televisión, por los libros... Yo, desde
que descubrí a King Kong a los once años, nunca más salí de Nueva York.
Siempre tuve muchas ganas de ir y, una vez allí, efectivamente, te
encuentras con que es el corazón del mundo. Te puede pasar de todo, pero
siempre bonito.
-El título de esta exposición fue "Manhattan... cita con Lorca".
-Es que es una de mis grandes pasiones, incluso un hijo mío se llama
Lorca. Era inevitable que en Nueva York se me vinieran cosas de Lorca a la
cabeza. Aunque sería demasiado pretencioso hacer una interpretación
fotográfica de los poemas de Lorca, sí hice una especie de fusión entre
fotografía y poesía, respetando ambas. Lorca hizo su Nueva York y yo hice
la mía.
-Esas fotos las sacaste meses antes del atentado a las Torres Gemelas.
¿Crees que la ciudad que está en tus fotos ya no existe?
-Personalmente pienso que la cicatriz está curada. Si alguna ciudad es
capaz de sobreponerse a un varapalo de este tipo, es Nueva York. Lo que
pasa es que hay gente que lo vivió tan directamente que no lo va a superar
en cuatro años, pero en cuanto al movimiento de la ciudad lo llevan
bastante bien. De hecho, ellos de terapias y cosas de ésas saben mucho.
-Lorca tiene una evidente carga social, y tú te confiesas admirador de
fotógrafos como Salgado o Cappa. ¿Qué importancia tiene el tema social en
tu obra?
-Toda. Yo siempre digo que un fotógrafo tiene que serlo las 24 horas
del día. Es compromiso, compromiso y compromiso. Lo que pasa es que hay
temas que... ¿Qué compromiso puedes sacar en el Camino de Santiago? Pues
siempre habrá algo, muchas veces está el simple compromiso de la belleza.
Pero lo tengo muy presente: primero la ética y el compromiso, y después la
estética.
-¿Por qué la fotografía en blanco y negro?
-Por dos razones, una porque hay gente que dice que la vida es en
color, y es cierto, pero sigo pensando que los sentimientos son en blanco
y negro. Otra es que en el blanco y negro controlo todo el proceso,
incluso el laboratorio, que es un 70% del trabajo. Así no hay
intermediarios a los que pueda echar la culpa: si sale mal toda la culpa
es mía y si sale bien también.
-Acabas de llegar de la Academia de España en Roma. ¿Qué has aprendido
allí?
-Bueno, tú presentas un proyecto, te lo aprueban y te llevas esta
especie de premio que consiste en que vas a la Academia para llevarlo a
cabo. Lo que pasa es que, una vez allí, todo el mundo que yo conozco
cambia el proyecto. Yo fui a hacer un trabajo sobre un cementerio muy
especial, donde están enterrados Goethe, Keats. Y una vez allí me empecé a
liar y bueno, todavía estoy reciclando. De ahí pienso sacar tres trabajos,
estoy metido en el laboratorio y alguno está casi preparado.
-Ya veo que se te amontonan los proyectos.
-Pues la verdad es que sí, porque además estoy en una fase, no de
cambios, prefiero llamarle evolución, para no entristecerme. Quiero hacer
unas instalaciones que me han propuesto, en este momento tengo varias
exposiciones, en Polonia, Japón, acaba de terminar una en Francia, el año
que viene tengo otra en Roma... Quiero terminar con lo de Roma, estoy con
un proyecto sobre las Comunidades españolas, en dos meses me voy a
Londres, también voy a sacar un libro con Antonio Pereira sobre una semana
santa acatólica...
-¿Rozando el estrés?
-Estoy un poco liado. Pero eso es bueno. ∆