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SUPLEMENTO CASTILLA Y LEON

Reconocer los orígenes

CHEMA
DE LA PEÑA

Chema de la Peña. Al fondo, Gabriel Velázquez
Foto: Consorcio de Salamanca 2002

Este salmantino, fundador de Artimaña Producciones junto a Gabriel Velázquez, presenta su última obra, unida totalmente a la ciudad: "De Salamanca a ninguna parte". Un documental que rinde homenaje a una generación de cineastas que buscaban la libertad en pleno franquismo.

Texto: Marta Iglesias

Corría mayo de 1955 y el cine era, en palabras del director Juan Antonio Bardem, "políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico", ya que el público sólo veía películas aprobadas por el régimen. En este marco surgen las Conversaciones de Salamanca, cuyos protagonistas recupera Chema de la Peña en su documental:
-El documental trata sobre las Conversaciones entre los cineastas más liberales de la época y los políticos, ¿qué tenían necesidad de contar entonces los directores de cine?
-En aquel momento el cine que se hacía en España era de gestas históricas, de valores nacionales, un poco folclórico. Entonces llegó una generación de directores más comprometidos, que querían reflejar la realidad social del país. Lo que se planteó en aquel momento era hacer un cambio de contenidos, y en los años 60 los directores Mario Camus, Picazo, Borau, Summers, consiguieron llevar a la práctica todo aquello que se había planteado en Salamanca.

-En esas Conversaciones participaron ponentes de todos los grupos políticos de la época, ¿el cine fue uno de los primeros campos en los que hubo diálogo?
-Sí, sorprende que en aquella época se juntara gente de tan diversa ideología. Había desde comunistas como Bardem, hasta Sáenz de Heredia, que era el cineasta oficial del franquismo por aquel entonces. Entre toda la industria del cine de aquel momento había necesidad de cambio.

-¿Qué les debemos a esos cineastas que promovieron la libertad de expresión?
-Ellos no se sienten deudores de nada, simplemente hicieron lo que pensaban que tenían que hacer. Pero demostraron que en un entorno de bastante censura se podían denunciar situaciones. Hoy en día quizá se echa de menos esa fuerza y esa lucha contra la libertad de expresión que vivían, porque quizá no hay represión, pero sí hay censura económica. La censura la imponen ahora los productores y los distribuidores en la medida en que exigen unos requisitos comerciales que hacen que muchos proyectos no lleguen a las salas.

-En esa época los cineastas se atrevieron a romper el pensamiento único en las películas que se hacían. ¿Podemos hablar hoy de pensamiento único por parte los espectadores, adictos al cine norteamericano?
-También es lícito, porque el cine no deja de ser entretenimiento, pero sí que se echa de menos un compromiso, aunque gracias a Dios hay cineastas como Fernando León. En aquel entonces, como había unas condiciones de opresión contra las que luchar, todos los cineastas estaban más unidos, había una verdadera amistad entre ellos y un objetivo común al que derribar, cosa que hoy en día no existe, puesto que en teoría hay libertad y cada uno vamos por nuestro lado. En ese sentido, es un cine más egoísta. ∆

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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