o para. En el tiempo que me lleva gestionar esta entrevista ha estado dando
conferencias por su Valladolid natal, Burgos, Oviedo... Le llaman de muchos
sitios, me cuenta después, y le cuesta decir que no. No me extraña, por dos
motivos: es francamente amable y se explica muy bien. En investigación, es una
referencia en zoología ibérica y biología de conservación. En divulgación, este
año ha publicado "Vida. La naturaleza en peligro" (Temas de Hoy).-La
primera pregunta es inevitable. ¿Cómo está Doñana?
-Pues este año prematuramente inundada, porque ha llovido mucho en
septiembre, y también porque han caído lluvias muy fuertes, aunque no muchos
días, en las últimas semanas. Está con mucha agua y está bonita. Además ha hecho
calor. Si llueve y luego hace calor sale la hierba verde y está todo muy
espectacular.
-¿Se está recuperando de los daños que causó el vertido tóxico?
-Sí, los daños más grandes y más inmediatos se han mitigado muchísimo. Se ha
retirado el 99% del lodo tóxico, aunque aún quedan algunos restos, sobre todo en
la zona cercana a la mina. Los niveles de contaminación han bajado mucho,
mayoritariamente en las aves. Son prácticamente similares a los que había antes
del vertido. En ese aspecto se ha trabajado muy eficazmente.
-¿Cómo compagina usted la investigación y la divulgación?
-Pues es una pregunta indiscreta, porque lo compagino mal, y no estoy muy
contento conmigo mismo. La verdad es que me cuesta mucho decir que no, y
entonces tengo muchos compromisos. Eso no me permite concentrarme en la
investigación tanto como me gustaría, aunque reconozco que hay que cuidar el
aspecto público de un investigador. También es cierto que si me limitara a hacer
investigación estaría también quejándome, con lo cual nunca estamos contentos.
-Las voces que alertan sobre la situación del planeta auguran un futuro cada
vez más negro. ¿Es realmente tan catastrófico?
-Sí. Yo creo que no somos capaces de percibir muy bien las escalas de tiempo
de las que estamos hablando. Yo ya he dicho alguna vez que está muy negro,
porque si seguimos con esta tendencia efectivamente va a ocurrir algo, o quizás
esté ocurriendo ya. Parece que el equilibrio, la capacidad de regulación del
planeta Tierra estuviera fallando.
También es verdad que eso no va a ocurrir pasado mañana. Tenemos tiempo
suficiente para reaccionar y deberíamos pensar que las advertencias son
positivas, incentivos para cambiar y no sólo anuncios de catástrofes.
-¿Estamos viendo ya las consecuencias del cambio climático en la vida
cotidiana?
-Sin duda. Hay estudios más serios que una observación anecdótica de un año.
Las plantas en el Mediterráneo español, por ejemplo, echan flores y hojas cada
vez más temprano en la primavera, y se les caen más tarde; las aves migratorias
llegan antes o no se llegan a ir. A nivel global, los glaciares se deshacen
porque el clima de la Tierra se está calentando, están desapareciendo los
bosques de niebla porque hace más calor, etc. Está ocurriendo ya, lo podemos
ligar con seguridad a actuaciones humanas, al menos parcialmente, y sabemos que
si se sigue actuando así vamos a tener problemas más grandes.
-Usted ha dicho en alguna ocasión que la naturaleza cambia por sí misma, pero
que nuestro reto sería que no cambie tanto como para que los seres humanos no
quepamos en ella. ¿Qué supone afrontar los problemas con este enfoque, centrado
en el hombre?
-La naturaleza no piensa, a la naturaleza le da un poco igual ser de una
manera que de otra. Yo he dicho alguna vez que si deja de llover porque hay poca
agua en la Tierra y el ciclo del agua se ve muy alterado, la naturaleza tenderá
a hacerse un desierto. Pero no va a decir que esté mejor o peor, simplemente
está como le corresponde con ese régimen de lluvias. En cambio a nosotros,
hombres, no nos va a gustar que el Mediterráneo sea un desierto. Yo creo que la
lucha por conservar la naturaleza es evidentemente una lucha antropocentrista,
porque el hombre es el único que pone valores a lo que tiene alrededor, el único
que considera que tal cosa es buena o mala. Para los demás seres de la
naturaleza serían cosas inevitables.
-A usted, que está en un Parque Natural, le parecerá increíble que haya niños
que no sepan que la leche sale de las vacas o que no hayan visto nunca el mar.
¿Este alejamiento de la naturaleza es uno de los impedimentos para comprender
sus problemas?
-Evidentemente, los hombres de otras épocas que han vivido explotando los
recursos más directamente eran más conscientes de que dependían de su entorno.
Ahora los niños no son conscientes de esto, porque todo lo que necesitan se
puede comprar. Efectivamente, piensan que la leche es una cosa que está en cajas
y que se vende en el supermercado, o no se les ocurre que para comer pechuga de
pollo haya que matar a un animal, no lo relacionan. Es más difícil trabajar por
la conservación si uno no es consciente de lo que le está dando la naturaleza,
cuando la realidad es que casi todo procede del mundo natural.
-¿Lugares como Doñana terminarán convirtiéndose en el último reducto de la
naturaleza? ¿Será necesario que haya lugares aislados y protegidos para
salvaguardarla?
-Ahora da la impresión de que lo tenemos que hacer, pero sabemos muy bien
que ésa no es la solución. Si ahora lo hacemos debería ser un poco como la
ciudad sitiada, que resiste para poder reconquistar el resto. No podemos pensar
que va a resistir sitiada siempre, ni que ésa sea una situación deseable. Yo
alguna vez he dicho, quizá con demasiado optimismo, que los Parques Naturales no
deberían ser herencias del pasado, sino promesas del futuro. ∆