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SUPLEMENTO CASTILLA Y LEON

 MIGUEL DELIBES DE CASTRO 
Texto: Elena F. Vispo

NATURALEZA ASEQUIBLE

 MIGUEL DELIBES DE CASTRO 
Foto: Estación Biológica de Doñana

Vallisoletano como su padre, el escritor, Miguel Delibes de Castro se ha hecho un nombre por méritos propios: Doctor en Ciencias Biológicas, Premio Nacional de Medio Ambiente, investigador en Doñana, interpreta la naturaleza con argumentos nada extremistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Es más difícil trabajar por la conservación si uno no es consciente de lo que le está dando la naturaleza, cuando la realidad es que casi todo procede del mundo natural"


No para. En el tiempo que me lleva gestionar esta entrevista ha estado dando conferencias por su Valladolid natal, Burgos, Oviedo... Le llaman de muchos sitios, me cuenta después, y le cuesta decir que no. No me extraña, por dos motivos: es francamente amable y se explica muy bien. En investigación, es una referencia en zoología ibérica y biología de conservación. En divulgación, este año ha publicado "Vida. La naturaleza en peligro" (Temas de Hoy).

-La primera pregunta es inevitable. ¿Cómo está Doñana?
-Pues este año prematuramente inundada, porque ha llovido mucho en septiembre, y también porque han caído lluvias muy fuertes, aunque no muchos días, en las últimas semanas. Está con mucha agua y está bonita. Además ha hecho calor. Si llueve y luego hace calor sale la hierba verde y está todo muy espectacular.

-¿Se está recuperando de los daños que causó el vertido tóxico?
-Sí, los daños más grandes y más inmediatos se han mitigado muchísimo. Se ha retirado el 99% del lodo tóxico, aunque aún quedan algunos restos, sobre todo en la zona cercana a la mina. Los niveles de contaminación han bajado mucho, mayoritariamente en las aves. Son prácticamente similares a los que había antes del vertido. En ese aspecto se ha trabajado muy eficazmente.

-¿Cómo compagina usted la investigación y la divulgación?
-Pues es una pregunta indiscreta, porque lo compagino mal, y no estoy muy contento conmigo mismo. La verdad es que me cuesta mucho decir que no, y entonces tengo muchos compromisos. Eso no me permite concentrarme en la investigación tanto como me gustaría, aunque reconozco que hay que cuidar el aspecto público de un investigador. También es cierto que si me limitara a hacer investigación estaría también quejándome, con lo cual nunca estamos contentos.

-Las voces que alertan sobre la situación del planeta auguran un futuro cada vez más negro. ¿Es realmente tan catastrófico?
-Sí. Yo creo que no somos capaces de percibir muy bien las escalas de tiempo de las que estamos hablando. Yo ya he dicho alguna vez que está muy negro, porque si seguimos con esta tendencia efectivamente va a ocurrir algo, o quizás esté ocurriendo ya. Parece que el equilibrio, la capacidad de regulación del planeta Tierra estuviera fallando.
También es verdad que eso no va a ocurrir pasado mañana. Tenemos tiempo suficiente para reaccionar y deberíamos pensar que las advertencias son positivas, incentivos para cambiar y no sólo anuncios de catástrofes.

-¿Estamos viendo ya las consecuencias del cambio climático en la vida cotidiana?
-Sin duda. Hay estudios más serios que una observación anecdótica de un año. Las plantas en el Mediterráneo español, por ejemplo, echan flores y hojas cada vez más temprano en la primavera, y se les caen más tarde; las aves migratorias llegan antes o no se llegan a ir. A nivel global, los glaciares se deshacen porque el clima de la Tierra se está calentando, están desapareciendo los bosques de niebla porque hace más calor, etc. Está ocurriendo ya, lo podemos ligar con seguridad a actuaciones humanas, al menos parcialmente, y sabemos que si se sigue actuando así vamos a tener problemas más grandes.

-Usted ha dicho en alguna ocasión que la naturaleza cambia por sí misma, pero que nuestro reto sería que no cambie tanto como para que los seres humanos no quepamos en ella. ¿Qué supone afrontar los problemas con este enfoque, centrado en el hombre?
-La naturaleza no piensa, a la naturaleza le da un poco igual ser de una manera que de otra. Yo he dicho alguna vez que si deja de llover porque hay poca agua en la Tierra y el ciclo del agua se ve muy alterado, la naturaleza tenderá a hacerse un desierto. Pero no va a decir que esté mejor o peor, simplemente está como le corresponde con ese régimen de lluvias. En cambio a nosotros, hombres, no nos va a gustar que el Mediterráneo sea un desierto. Yo creo que la lucha por conservar la naturaleza es evidentemente una lucha antropocentrista, porque el hombre es el único que pone valores a lo que tiene alrededor, el único que considera que tal cosa es buena o mala. Para los demás seres de la naturaleza serían cosas inevitables.

-A usted, que está en un Parque Natural, le parecerá increíble que haya niños que no sepan que la leche sale de las vacas o que no hayan visto nunca el mar. ¿Este alejamiento de la naturaleza es uno de los impedimentos para comprender sus problemas?
-Evidentemente, los hombres de otras épocas que han vivido explotando los recursos más directamente eran más conscientes de que dependían de su entorno. Ahora los niños no son conscientes de esto, porque todo lo que necesitan se puede comprar. Efectivamente, piensan que la leche es una cosa que está en cajas y que se vende en el supermercado, o no se les ocurre que para comer pechuga de pollo haya que matar a un animal, no lo relacionan. Es más difícil trabajar por la conservación si uno no es consciente de lo que le está dando la naturaleza, cuando la realidad es que casi todo procede del mundo natural.

-¿Lugares como Doñana terminarán convirtiéndose en el último reducto de la naturaleza? ¿Será necesario que haya lugares aislados y protegidos para salvaguardarla?
-Ahora da la impresión de que lo tenemos que hacer, pero sabemos muy bien que ésa no es la solución. Si ahora lo hacemos debería ser un poco como la ciudad sitiada, que resiste para poder reconquistar el resto. No podemos pensar que va a resistir sitiada siempre, ni que ésa sea una situación deseable. Yo alguna vez he dicho, quizá con demasiado optimismo, que los Parques Naturales no deberían ser herencias del pasado, sino promesas del futuro. ∆

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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