ste Centro surge en la Universidad de Salamanca porque ya había un
caldo de cultivo importante: "Nada surge del vacío", explica su
Director, Eugenio Santos, "y en Salamanca había una tradición
investigadora en dos núcleos principales. En ningún otro sitio en España
se daba este caso". De ese modo, se puede trabajar en tres frentes
fundamentales: básico, clínico y aplicado.
De reciente creación, el Centro de Investigación del Cáncer (CIC)
está compitiendo en la élite mundial de la investigación para comprender
y acabar con el cáncer. Una enfermedad que cada vez da menos miedo.
-Recientemente se ha publicado un descubrimiento del CIC para diferenciar
las células sanas de las cancerosas. ¿Cuáles son las implicaciones de
este descubrimiento?
-Este descubrimiento es un desarrollo del trabajo de uno de los grupos
del CIC, que es el grupo del doctor Alberto Orfao. Es un método específico
para aislar células cancerosas, con bastantes implicaciones a nivel
práctico. La que quizás ha salido más al público es derivada del
interés de una empresa americana por la patente. Quieren una aplicación
concreta que puede parecer muy obvia, pero tiene un interés muy grande en
lo que se llama enfermedad mínima residual. Esto se refiere a que en
pacientes que hayan tenido cáncer y que hayan sido tratados, existe la
posibilidad de que queden muy poquitas células tumorales, que pueden hacer
que el cáncer se vuelva a reproducir en unos años. Esas células mínimas
residuales eran indetectables hasta ahora, pero esta tecnología permite
detectarlas y separarlas.
-Éste ha sido quizá el proyecto más publicitado, pero ¿qué otras
cosas hacen en el CIC?
-Bueno, estamos contentos de ver aplicaciones cercanas, pero la idea de
un centro como éste es hacer investigación en muchos niveles distintos: a
nivel básico, en el que no va a haber una aplicación pronto, a nivel
clínico, y a nivel aplicado, con estas tecnologías que nos acerquen más a
la práctica.
-El cáncer una enfermedad maldita, que provoca escalofríos en cualquier
enfermo. ¿Alguna vez se quitará esa leyenda negra?
-Como todos los cambios sociales, es cuestión de tiempo. El cáncer es
la segunda causa de muerte en el mundo; las enfermedades cardiovasculares
son la primera, y sin embargo no tienen las connotaciones del cáncer. Yo
creo que esta reacción la causaba el desconocimiento, pero en los últimos
años se han hecho enormes avances en entender los mecanismos íntimos del
cáncer y hoy se puede decir que de cada dos cánceres, uno se cura. Hace
quince años había un 35% de curación, hoy es el 50%, y en años venideros
podremos estar en un 70% haciendo el mismo tipo de tratamientos que ahora;
simplemente se empezará antes, porque el diagnóstico es cada vez más
precoz.
-Con respecto a la investigación, recientemente ha vuelto a salir a la
palestra el tema de las subvenciones. ¿Tan mal estamos?
-Todo se puede mirar de dos maneras. Estamos mucho mejor que hace unos
años, eso es innegable, pero hoy aún estamos bastante lejos de otros
países con nuestra posición económica. Obviamente tenemos que exigir a la
administración española, pero no debemos limitarnos a esperar a que papá
estado nos solucione la vida. El motor de la ciencia es la competitividad y
la productividad, y si los grupos son de calidad pueden y deben competir
fuera de nuestras fronteras. Aquí en el CIC tenemos un ejemplo muy
concreto: dos de nuestros grupos están financiados directamente por el
Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, porque compitieron con los
grupos de allí, y se financió a los mejores.
-Un Centro de Investigación suena como un sitio muy serio, muy
concentrado... ¿cómo es realmente el ambiente de trabajo?
-Ese es uno de los prejuicios que hay que eliminar, éste es un centro
de trabajo como cualquier otro. En las últimas jornadas de puertas
abiertas, la gente se extrañaba de que la mayoría de los investigadores
fueran muy jóvenes. Es importante que sea así, los jóvenes tienen mayor
frescura de ideas y mayor potencialidad para hacer descubrimientos. Si este
centro se mira desde fuera se ve muchísima actividad, mucho movimiento,
mucho ruido, gente joven trabajando en los distintos laboratorios...
-Personalmente, ¿qué le encantaría que se descubriese en el CIC?
-Lo que todos los centros de investigación están intentando encontrar
en cáncer: the magic bullet, la bala mágica, ese medicamento que
específicamente anula una célula tumoral y no le hace nada a las normales.
Es un sueño a largo plazo, y lo único que podemos hacer es trabajar
continuamente para llegar a ello. Y estoy convencido de que eso va a llegar
en algún momento. ∆