n el año 75,
el titiritero Julio Michel llega a Madrid, después de terminar sus estudios
en Francia, para encontrar un panorama desierto en el tema de los títeres.
Pero son años de inquietud cultural y pronto descubre a un público ávido de
novedades. Del ansia de dar a conocer este teatro nace en el 85 el Festival
Internacional de Teatro de Títeres de Segovia. Es lo que, desde el año 90 y
hasta hoy, conocemos por Titirimundi.
-¿Qué es exactamente el teatro de títeres?
-Es una forma teatral en la que los actores, en lugar de actuar
directamente, se expresan a través de un objeto. Es un arte dramático
completo; intervienen interpretación actoral, artes plásticas, música...
Sobre todo es muy rico e imaginativo, porque una compañía que hoy hace un
guiñol clásico, mañana te sorprende con formas abstractas. Es mucho más
que el títere de guante, y eso es lo que pretendemos dar a conocer con este
Festival.
-¿Por eso se dice que este teatro es mágico?
-Ahí radica la fuerza del teatro de títeres: en su poder de crear
ilusión. Porque sabes que un objeto es inerte y lo ves moverse y hablar en el
escenario, sugiriendo que tiene vida. Ahí se produce una comunicación con
momentos más emocionantes que el teatro al uso, porque tiene ese componente
mágico.
-¿Cómo ha cambiado el panorama cultural desde que empezaste?
-Poquito a poquito empiezan a surgir compañías que tienen cosas que
decir y que lo hacen de otra forma. Digamos que a partir del año 75 se
revitaliza el teatro de títeres, se redescubre y evoluciona.
-¿Tenemos algo que envidiar al extranjero en este tema?
-Claro. La tradición ha sido muy descuidada en España, más que en
ningún otro lugar del mundo que yo conozca. Y cuando salimos de nuestras
fronteras nos encontramos formas teatrales maravillosas; al no haber perdido
las raíces, el teatro de títeres ha tenido una vigencia y un desarrollo, y
existen escuelas importantísimas. Pero aquí estas carencias se suplen con
ingenio y creatividad, con lo que ya hay compañías españolas que destacan
en el mundo. ∆