-Una imagen navideña del Bierzo que conserva en su retina...
-Mi padre en calzoncillos entrando sigiloso en mi habitación para
dejar los juguetes de los Reyes Magos en la ventana. Los villancicos que
íbamos a cantar de puerta en puerta pidiendo un aguinaldo; algún choricín
y dulces nos daban...
-¿Por qué vuelve al Bierzo con frecuencia? ¿Le permite desarrollar
su faceta más intimista, alejado de la gran ciudad?
-Voy a la casa familiar, donde viven mis padres, para verlos.
También viven allí mis hermanos. Allí están mis raíces, es el paisaje
de mi infancia que, aunque va cambiando, sigue siendo el mismo: necesito
mirar de vez en cuando el monte de la Aquiana y las montañas de
Ferradillo... Eso sí que no cambia.
-¿Sus canciones están dedicadas a las almas poetas?
-Mi canto es un cantar del alma. De las almas en pena.
-¿Qué cambios ha sufrido su manera de hacer música desde que comenzó?
¿Cómo ha sido su evolución?
-Yo creo que no he evolucionado nada. Sigo siendo el mismo, sólo
que cada vez mejor. Canto mejor, toco mejor la guitarra y procuro superarme
en cada nueva composición y rodearme de buenos músicos... Pero, en el
fondo, ya le digo, veo que mi último disco es continuación de aquel
primero, VIDA E MORTE. Yo doy canciones como un manzano manzanas; no le
pidamos peras.
-Mucha gente le conoce por poner música a célebres poesías, ¿qué
otras facetas podría descubrirles la música de Amancio Prada? ¿De cuál
de sus temas se siente más orgulloso?
-Sí, parece que la letra con música entra. Así aprendimos la
tabla de multiplicar... La música tiene ese don de aportar una mayor
claridad al texto poético, de acentuar su emoción, de desvelar "la
música callada" del poema. Yo no me canso de cantar el Cántico
Espiritual de San Juan de la Cruz. Me sorprende siempre.
-¿Qué le debe a Rosalía de Castro?
-Algunas de mis mejores canciones: Adiós ríos, Paseniño, Ya
que de la esperanza... Rosalía escribió una obra muy personal y al
mismo tiempo solidaria y popular. Dice lo que sentimos muchos. Es una
mística panteísta, en toda su obra late una adoración por el paisaje, una
actitud contemplativa y como un afán de fundirse con la naturaleza que le
rodea. A mí también me pasa algo así. ¿A usted no?
-¿Cuál fue la última crítica desfavorable que recibió? ¿Es de los
que se toman las críticas como algo constructivo?
-Me gustan más las buenas que las malas críticas, ja, ja... Y he
tenido muchas y muy buenas. Alguna mala también, que no recuerdo. Pero el
más crítico conmigo mismo soy yo, créame. Todo es mejorable, y en ese
empeño estoy.
-¿Qué opina de los nuevos cantautores españoles?
-Cada uno es distinto. No se puede generalizar. Lo importante es que
van surgiendo nuevos autores, como es natural, y pone en evidencia que son y
somos los que más aguantamos las modas y los caprichos del mercado. ¿No le
parece? Yo he visto desfilar muchos cuarenta principales que ya nadie
recuerda.
-¿Su generación protestaba más que los jóvenes de hoy?
-Pues sí. Eran entonces otros tiempos. Pero la mejor protesta (tal
vez la única) de un artista es crear belleza, un poco de belleza, en un
ambiente en que la fealdad parece que crece por degeneración espontánea.
-¿Qué asignaturas pendientes tiene con la música?
-Casi todas.
-Sus ambiciones futuras...
-No sé qué decirle. Ahora estoy ultimando el que será mi próximo
disco, que espero aparezca allá por febrero. Cada día tiene su afán.
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