
Foto cedida por R. Guerra Garrido
Este berciano de Madrid
ha aprovechado su último libro, "El otoño siempre hiere", para
ajustar cuentas con la tierra familiar.
"Con
los años te entra la añoranza, y la memoria va cogiendo más importancia
en lo que escribes. En esa memoria el Bierzo es una realidad inevitable.
"El
Bierzo tiene ese carácter fronterizo que a mí me gusta, porque es muchas
cosas y a la vez es muy suyo."
"Hasta
que no desaparezca el miedo no existirá democracia."
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Texto: E. F. Vispo
Viajero
en el Bierzo: imagínate a un hombre sentado al lado de la carretera, en
uno de esos mojones que marcan el punto del camino, con el valle de
Cacabelos a sus pies. Si estás de suerte, viajero, tendrás delante al
escritor, Raúl Guerra Garrido, que suele recalar allí en busca de
inspiración. Aunque también es posible que se trate de un lector
conmovido.
En ese mojón ha plantado su memoria Guerra Garrido. En la tierra de sus
padres, tierra de veranos y vacaciones de niñez y, ya adulto, tierra
donde sentirse en casa sin serlo del todo. El escritor reside
habitualmente en el País Vasco, y desde allí se rebela contra la
violencia. También pide que le den una excusa, por tonta que sea, para
hacer una visita al Bierzo.
-Usted es berciano, pero su biografía pone que nació en Madrid.
-Soy berciano de Madrid. Toda mi familia es de Cacabelos.
-¿Vuelve de vez en cuando?
-Con bastante frecuencia, y sobre todo con cualquier disculpa.
Basta con que me nombren castañera mayor de alguna fiesta, o algo así,
para que ya tenga una excusa para ir a hablar de la literatura, del vino,
de lo que sea. Además hay una línea de mis escritos que hace referencia
al Bierzo. En cierto momento hubo un desafío por parte de la familia, de
"tanto contar historias del País Vasco y nunca has hablado del
Bierzo". De ahí salió El año del Wolfram. Y fue mi
recuperación, porque después de fallecer mi padre yo había perdido
mucho el contacto. La novela que acabo de sacar ahora, El otoño
siempre hiere, es un retorno al Bierzo.
-¿Por qué esta nueva novela?
-Yo siempre he sido como un extranjero en los sitios donde he
vivido, circunstancia que no me molestaba: en las películas de mi
infancia, en los westerns, el forastero siempre se llevaba a la
chica. Lo que pasa es que con los años te entra la añoranza, y la
memoria va cogiendo más importancia en lo que escribes. En esa memoria el
Bierzo es una realidad inevitable.
-¿Es necesario, en algún momento, ajustar cuentas con el pasado?
-No sé si es ajustar cuentas, pero sí ponerlas en orden, a ver
si sale un collar. Y es bueno hacerlo, aunque conlleve un cierto tono
amargo, que es la imagen del otoño. Al mismo tiempo el otoño es de una
belleza tremenda que tienes que aprovechar.
-Dígame una imagen del Bierzo que guarde con cariño.
-En mi literatura hay un lugar mítico, que es el mojón que
marcaba el Km. 400 de la N-VI de Madrid a La Coruña. A partir de ahí,
hacia el Norte, se abre el valle de Cacabelos, y en ese llano estaba la
viña de mi abuelo. Desde ahí, casi siempre que hablo del Bierzo,
comienzo mis relatos. Todavía se conserva. Ahora un primo mío ha montado
una bodega allí, y le he amenazado de muerte si alguien quita ese mojón.
Empieza a ser un pequeño motivo de peregrinaje, por lo menos para mis
lectores.
-En "El otoño siempre hiere" hace una reflexión sobre la
relación del Bierzo con León. ¿Qué opina de esa línea reivindicativa?
-Yo estoy viviendo en un país muy interesante en estos términos,
como es el País Vasco, y conozco los desastres del nacionalismo radical.
Me encanta esta postura reivindicativa del Bierzo, porque es una postura
íntima, cultural, pero que políticamente no se toman en serio. El Bierzo
tiene ese carácter fronterizo que a mí me gusta, porque es muchas cosas
y a la vez es muy suyo.
-Se lo pregunto porque ETA ha desacreditado cualquier tipo de
nacionalismo. ¿Es esto correcto?
-Desgraciadamente. El nacionalismo entendido como fenómeno
cultural, como amor a tu tierra, es digno y respetable. Todos tenemos
parte de ese sentimiento. Lo que pasa es que los sentimientos nunca pueden
elevarse a categoría política. Hay una frase de José Antonio que dice:
"Porque estoy con los míos, con razón o sin ella". Eso lo
puede decir una madre protegiendo a sus hijos, pero no un político
refiriéndose a los ciudadanos, porque los ciudadanos tienen que estar con
la razón.
-Usted que ha sufrido personalmente la violencia, ¿cuál es la manera
de resistirse?
-Si lo adivinas, me lo cuentas. La verdad es que se lleva mal,
estamos en unas circunstancias verdaderamente fascistas. Es muy difícil
que la gente se dé cuenta fuera de aquí, porque el resto de España vive
unas circunstancias que no tienen nada que ver. Sin embargo, aquí estamos
en Kosovo, se ha creado una micro-Yugoslavia extraña. Después si alguien
viene en plan turista lo puede pasar muy bien; pero la cotidianeidad es
peor que nunca.
-¿Peor que la violencia es el miedo?
-Es la consecuencia. ETA fabrica miedo desde siempre. Ahora la
gente ha empezado a responder un poco más, pero el miedo produce
silencio, y entonces todo ese mundo "nacionalista" cree que le
están dando la razón. Y es mentira, la gente está simplemente
aterrorizada. Hasta que no desaparezca el miedo no existirá democracia.
De hecho, nosotros todavía estamos en la Transición. ∆
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