-El logro de "Las
historias de Marta y Fernando" es mostrar el amor correspondido y que el libro se
lea. En su vida ¿de dónde extrae más enseñanzas: de las desgracias o de la felicidad?
-Yo creo que en el fondo es cierto que la desgracia y el dolor son más
novelescos que los momentos de gozo, porque parece que dan ocasión a que hables más de
ellos. Pero la dicha está mucho más cerca del dolor de lo que creemos, ya que para
sentir dolor antes has tenido que verte expuesto a una experiencia llena de sentido, en la
que ha estado presente la alegría, porque si no, no sentirías dolor, estarías
indiferente.
-¿Cómo se ve un psicólogo a sí mismo?
-Es fácil aconsejar a los demás, pero cuando tienes que referirlo a ti
mismo ya no es tan sencillo, es más subjetivo. Te pasan cosas y te enfrentas siempre a lo
que desconoces, tanto de los demás como de ti, y esa es una experiencia que no tiene por
qué ser negativa, sino todo lo contrario. Enfrentarse al desconocimiento es bueno y
creativo porque es abrir el mundo, entender que nada está cerrado.
-Asegura en su libro que "cada generación inventa de
nuevo el mundo", ¿cómo lo han inventado estos jóvenes?
-Yo estoy convencido de que en la actualidad hay mucha gente que está
inventando el mundo, que está completándolo. Porque creo que el mundo está abierto, la
creación no se ha terminado todavía y el hombre y la mujer participan de ella. Es
importante tener esta idea del mundo y la realidad como un lugar abierto, como un lugar
que depende de lo que nosotros hagamos, de lo que nosotros digamos. Las palabras tienen un
gran poder en las cosas y las relaciones entre los hombres y las mujeres. Tienen el poder
de cambiar y transformar el mundo. Las generaciones actuales se separan de cosas que les
parecían muy importantes a las generaciones anteriores pero esto siempre ha sido así y
lo seguirá siendo.
-¿A qué cosas se refiere?
-Pues a todos esos valores de los que tanto se habla: "ya no se respeta
la familia, ya no se respeta la autoridad, ya nadie cree en los ideales, cada uno es muy
materialista, cada uno va a lo suyo..."
Gustavo Martín Garzo vive como escribe, y escribe como piensa. Sus
constantes preguntas son una actitud de vida. "Ser joven está asociado a hacerse
preguntas, pero lo de generalizar es engañoso, porque ¿quién es joven? Por ejemplo, el
escritor Francisco Pino, con 90 años está haciendo la poesía más audaz y más rebelde
de nuestro país. Y cuántos jóvenes con 20 años hacen poesía infinitamente caduca y
llena de tópicos".