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Por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo
E l
Gobierno de España aprobó el pasado 28 de julio el Proyecto de
la Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se
establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o
violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, más conocida
como Ley de la Memoria Histórica. Se iniciará a partir del
próximo periodo de sesiones de las Cortes Generales su
tramitación parlamentaria que, posiblemente, comporte cambios en
su redacción. Pero el paso decisivo ya ha sido dado, porque el
Gobierno ha demostrado que está dispuesto a promover un
reconocimiento legal -con efectos prácticos- que permita honrar
a las personas que pagaron con su libertad, e incluso con su
vida, su defensa del sistema democrático republicano, o, en un
momento posterior su lucha frente a la dictadura franquista, con
el objetivo de conseguir la reinstauración de la democracia.
Uno de los aspectos que más polémica está levantando en
Asturias, y posiblemente en toda España, es la previsión que
contiene el Proyecto de Ley sobre la eliminación de la
simbología franquista en espacios públicos. En el caso de las
dependencias propiedad del Estado, salvo contadas excepciones,
se plantea retirar, por imperativo de esta Ley, cualquier
elemento de glorificación de la dictadura franquista. En lo
relativo a edificios o espacios que dependan de comunidades
autónomas y ayuntamientos, el Proyecto de Ley contempla una
recomendación con el mismo fin, preservando la autonomía de
estas dos administraciones para decidir al respecto. Si el
Proyecto no se altera en este aspecto, una vez aprobado como
Ley, situará la pelota sobre el tejado de cada uno de los
ayuntamientos y del Principado de Asturias, aunque en este
último caso parece que son prácticamente inexistentes los
vestigios de la simbología franquista en los edificios públicos,
con sonadas excepciones, como por ejemplo el escudo
preconstitucional que adorna la entrada principal al IES
"Alfonso II" de Oviedo. No es anecdótica, por el contrario, la
presencia de escudos, monolitos, placas, estatuas, etc. de
exaltación del franquismo en el caso de los espacios públicos
dependientes de algunos ayuntamientos. Los casos más singulares
posiblemente sean los de Villaviciosa y Oviedo. El callejero de
ambas localidades reserva además numerosos reconocimientos para
los protagonistas del golpe frente a la República y la
dictadura, ya que podemos encontrar desde la Plaza del
Generalísimo en la capital maliaya, que por otra parte es
felizmente conocida por los vecinos por otra denominación, como
Plaza del Güevu; hasta nombres de calles dedicadas a numerosos
militares franquistas en el callejero ovetense: Comandante
Caballero, Coronel Aranda, General Yagüe, Comandante Bruzo,
Teniente Coronel Tejeiro, General Zuvillaga, etc.; sin olvidar
otras denominaciones asociadas a los partícipes de la guerra
contra la República, como la calle Alférez Provisional; o
vinculadas a hechos ensalzados por la historiografía franquista,
como la Plaza de la Liberación o la Plaza de la Gesta; y
mencionando también aberraciones en grado máximo, como el hecho
de que Oviedo mantenga una calle dedicada a la División Azul,
que no fue sino la ominosa colaboración del franquismo con el
nazismo hitleriano.
Mantener las
denominaciones franquistas, significa sostener una visión de la
historia infinitamente sectaria que sólo una minoría de
nostálgicos comparte, y que sigue hablando de gestas y cruzadas,
ensalzando a aquellos que, con el uso de la fuerza, acabaron a
sangre y fuego con el sistema constitucional y democrático
republicano.
El asunto del callejero no es menor.
Los espacios que los ciudadanos comparten, en los que conviven
cotidianamente, deben venir asociados a valores compartidos por
la sociedad y que expresen sus anhelos más elevados. Los
acontecimientos que se desean recordar o las personas a las que
se pretende honrar dando su nombre a una vía pública deben
encontrar justificación en su vinculación con logros
individuales y colectivos en beneficio de la comunidad.
Mantener, lejos de este espíritu, las denominaciones
franquistas, significa sostener una visión de la historia
infinitamente sectaria que sólo una minoría de nostálgicos
comparte, y que sigue hablando de gestas y cruzadas, ensalzando
a aquellos que, con el uso de la fuerza, acabaron a sangre y
fuego con el sistema constitucional y democrático republicano.
Quienes defienden a capa y espada que es inconveniente modificar
estas denominaciones no pueden evitar generar algunas dudas
sobre su concepción de la vida política, atendiendo a los
subterfugios que utilizan para evitar afrontar la reparación
histórica que significaría hacer justicia y suprimir de nuestro
callejero los nombres de quienes en 1936 suprimieron
violentamente el sistema democrático durante un largo periodo de
nuestra historia. ∆ |