La igualdad entra en cartera
Víctor Corcoba Herrero(*)
No
pocos aún piensan que la igualdad es un amor imposible. Que no hay poder
humano capaz de hacer valer este valor superior que propugnan todos los
gobiernos democráticos mediante su ley de leyes. Fue Montesquieu quien
dijo además que la democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu
de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de
igualdad extrema, que la conduce al despotismo. Siglos después también
advirtió la dama de hierro inglesa, Margaret Thatcher, que en cuanto se
concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.
También hay otra idea aristotélica donde se reafirma que el único estado
estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Ha
sido, pues, la igualdad un término declamado, leído, asimilado según
modos y maneras, representado en todos los teatros del mundo a lo largo
y ancho de la historia. Ahora se nos vende la igualdad como distintivo
de un gobierno socialista y entra en cartera ministerial. El reelegido
presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, aparte de incorporar más
mujeres que hombres en su nuevo gabinete, quiere asociar el equilibrio,
la equidad, la ponderación, el ajuste, la igualación como llave de su
manera de gobernar. La intención nos parece buena y la aplaudimos.
Quizás haya motivos para creer. Ya veremos.
Lo cierto es que el Ministerio de Igualdad se pone en camino, con toda
la carga de trabajo ancestral que ello supone. Por desgracia, abundan
situaciones en las que la mujer malvive en relación con el hombre, sino
jurídicamente, en condiciones de inferioridad. Esto es un hecho tan real
como la vida misma. Por cierto, la nueva cartera ministerial, donde todo
está por hacer y para hacerlo ha puesto el presidente del gobierno a la
ministra más joven de la democracia, una andaluza en plena forma, con
cara angelical y mirada cautivadora, vocacional de la política y criada
en las Juventudes Socialistas, bien podría comenzar por hacer que madure
por doquier punto cardinal una cultura de la igualdad constructiva e
instructiva y extenderla a todos los ciudadanos. Ganaríamos todos en
convivencia. Me sumo a ese horizonte, que propugna el programa que la ha
elevado a ministra, de una mayor libertad e igualdad, y el de una mayor
tolerancia para asegurar el respeto a las libres decisiones de cada
cual. Una igualdad que ha de ir implícita al reconocimiento de la
diferencia singular y a una pluralizada libertad.
Que entre en cartera la igualdad es para mí una esperanzadora noticia.
La gran noticia. La que ha de potenciar una igualdad en la diversidad.
Las crónicas nos dicen que la capitana del nuevo Ministerio de Igualdad,
tiene tras de sí el aval de haber llevado a buen puerto brillantes
labores que ha emprendido desde la política. Desde luego este ministerio
es para emprendedoras y emprendedores. La hoja de ruta trazada por la
Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres, puede ser
todo lo que se diga, una ley moderna y avanzada, pero si después es
incapaz de frenar usos y prácticas de discriminación como puede ser la
edad fértil o no de la mujer, el origen racial o étnico, la orientación
sexual, las convicciones religiosas, la discapacidad, tiene bien poco
sentido haberlo legislado. Hay que poner la ley en práctica, cueste lo
que cueste, caiga quien caiga. En suma, que la igualdad hay que hacerla
presencia y presente. Pienso que si a la joven ministra, Bibiana Aído,
no le es ajeno como dicen el trabajo relacionado con los asuntos
sociales y la igualdad, hará lo posible y hasta lo imposible, porque su
ministerio no sea un añadido más. Para servidor es el más importante de
los Ministerios. Como acertadamente ha dicho: no podemos permitir que
nacer hombre o mujer condicione nuestro destino. Buen propósito. Lo
ratifico.
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"La capitana del nuevo
Ministerio de Igualdad tiene tras de sí el aval de haber
llevado a buen puerto brillantes labores" |
La justicia
para la mujer como para el hombre, que han de trabajar en
complementariedad, requiere que se eliminen todas las formas de
explotación, generalmente avivadas por el estilo de vida de las clases
ricas. Es un acto de justicia requerir igualdad de retribución y de
oportunidades para progresar, luchar contra la mayor de las
desigualdades que es la extrema pobreza que cohabita en la marginalidad,
impartir una educación no discriminatoria, que rompa los actuales
estereotipos de género. Si hay que reconocer en el ámbito profesional y
educativo la figura del agente de igualdad e incluirla en el catálogo de
profesiones, como reza en el programa electoral socialista que le ha
llevado a ganar las elecciones últimas, hagámoslo más allá del
reconocimiento legal. Confiamos en que la habilidad femenina de Bibiana
rompa los cuernos definitivos del renombrado macho ibérico.
Tenemos todas las normas habidas y por haber, no hacen falta más para
que la igualdad suba a los altares del diario de la vida, sólo hay que
poner empeño en hacerlo de verdad. Únicamente a golpe de decretos no se
puede transformar la sociedad. A veces la solución a los problemas de
género no es la discriminación injusta, ni el enfrentamiento
hombre-mujer, ni su total autonomía, sino el entendimiento, el respeto,
la cooperación, la mutua ayuda y máxime cuando se sabe que existe una
base biológica en la que subyace la idea de dos tipos de cerebros
humanos. Otra razón más para que la paridad tome vida como cultura y no
como decreto. La contra igualdad es también caminar contra natura. Y se
camina contra natura cuando no se reconoce y acepta la diversidad
natural. Hombre o mujer se es y no sólo se construye socialmente, y por
tanto una legislación justa tiene que cuidar mucho en no apoyarse en
concepciones antropológicas falsas. En suma, como puede suponer el
lector, estoy contento de que la igualdad al fin haya entrado en cartera
ministerial, bajos los aires de la juventud femenina, puesto que la
savia joven injerta mejor en el árbol de la vida. Veremos si un servicio
de Estado como es la justicia cultiva el ser iguales, si el nuevo motor
de la sociedad cuenta con los dos cerebros humanos (mujer-hombre), si la
igualdad llega a los discapacitados, si la ciudadanía entiende el
injerto ministerial de igualdad de trato y no discriminación, si las
oportunidades las pintan de igual a igual, si a los excluidos les llega
una pizca de igualdad, si el trabajo definitivamente se oferta en
igualdad, si los pacientes del Sistema de Salud son todos iguales, si se
reducen los desequilibrios sociales para que la igualdad florezca entre
el conjunto de los ciudadanos. Quedan todos los ministerios, quedamos
todos… en las manos de Bibiana, superministra de Igualdad. ¿Un sueño o
una realidad? §