|
MAYO 2008

JUSTICIA VIEJA Y
CADUCADA
|

|
|
Es el sistema entero lo
que falla. La justicia se mueve
como un dinosaurio en unos tiempos en los que
lo que se necesita es velocidad. |
En las
últimas semanas parece que los hados se han confabulado para llenar las
hojas de la prensa y los minutos de los noticieros de despropósitos
judiciales. Y qué despropósitos. El pederasta acusado de asesinar a la
niña de Huelva estaba en la calle con cuatro causas pendientes debido
una cadena incomprensible de errores. El guardia civil que asesinó a su
ex mujer y su compañero superó todos los controles; para colmo, la
petición de ayuda de ella fue desoída y desestimada por las
instituciones; un acusado de violación comete otra violación mientras
espera durante meses a que se celebre el juicio; un tipo se pudre en la
cárcel un puñado de meses más de los que correspondían porque una jueza
"olvida" tramitar su puesta en libertad sin que nadie se percate,
mientras el mayor caco de Marbella paga una fianza multimillonaria y
espera el juicio en su casa. El personal, lógicamente, se queja, se
asusta, se lleva las manos a la cabeza. La justicia española ofrece una
imagen desastrosa plagada de informes equivocados, valoraciones
psicológicas sin sentido, quejas no atendidas, peticiones de ayuda que
no se escuchan, inspecciones fallidas, olvidos, y sobre todo retrasos,
plazos infinitos, papeles que no llegan a su destino, papeles que se
pierden, papeles que se amontonan. Papeles y más papeles. La justicia
española parece que se pierde entre archivos y legajos. Los jueces no
dan abasto y los funcionarios trabajan sepultados en trámites,
desbordados por una burocracia lenta y anticuada. Y es que la verdad,
resultan terroríficas esas fotografías en las que se muestran las
dependencias de los juzgados de cualquier comunidad española. No falla:
mesas abarrotadas de papeles, armarios a reventar con dosieres
amontonados, torres y torres de carpetas rebosantes de documentación.
Esa es la imagen de la justicia española del siglo XXI. "El sistema
judicial no sirve. Está desfasado y hay que cambiarlo". Son palabras del
presidente del Tribunal Superior de Justicia. Y no hay que olvidar que
los papeles son casos. Los casos son personas. Las personas son
historias individuales, a veces, pendientes de que alguien, al final de
una larga cola, tome una decisión. Las autoridades comprenderán que da
miedo, y con razón, tener un asunto que lo haga a uno poner un pie en el
juzgado.
Lo que hemos visto en los casos más recientes es que es el sistema
entero lo que falla. La justicia se mueve como un dinosaurio en unos
tiempos en los que se necesita velocidad. Las nuevas tecnologías no han
entrado aún en los juzgados españoles, y resulta francamente chocante
encontrar al funcionario de turno poco menos que haciendo los
expedientes en la olivetti y las copias en papel carbón. Exagerado, pero
no tanto.
Llegados a este punto hay que nombrar, apuntando un poco más alto, el
bochornoso espectáculo al que asistimos durante la pasada legislatura y
que impidió la necesaria renovación del Consejo General del Poder
Judicial. La sociedad española no entiende cómo es posible que los
principales partidos no hayan sido capaces de llegar a un acuerdo sobre
un tema fundamental. Y aunque ahora parece que hay intención por todas
las partes para desbloquear el tema, lo cierto es que una situación tan
surrealista como ésta por fuerza ha de acabar afectando a la institución
al completo. Como en el fútbol: cuando la directiva está a la greña, el
equipo acaba perdiendo los papeles en el campo.
En fin. Ya hay comunidades que auguran el colapso si no se toman medidas
urgentes, puesto que la actividad judicial no ha dejado de aumentar en
los últimos años. Los jueces reclaman más personal, más oficinas.
Reclaman, incluso, simplemente ordenadores. No sólo se trata de
sentenciar para sacarse trabajo de encima; después alguien tiene que
ocuparse de que las sentencias se lleven a cabo. Ese es un agujero negro
que en España puede esconder más errores similares a los que se
sucedieron por ejemplo en el caso de la niña Mari Luz. Además de eso, se
reclaman recursos que pongan en comunicación juzgados de distintas
comunidades, para evitar incomunicaciones fatales y que finalmente cada
uno haga la guerra por su cuenta.
La administración de justicia necesita con urgencia una modernización
que la coloque en el siglo que le corresponde, y si es posible antes de
que ocurran más casos de esos que luego todo el mundo lamenta delante de
una cámara de televisión. ¿Habrá intención de ponerse a ello?
/ CF |