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MAYO 2008
María Eugenia Eyras
Escritora
y periodista |
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Foto: Jordi Play |
No fueron los dioses sino la Diosa, el gran vientre del que surge la
vida. No fue la costilla de Adán sino la cadera de Eva la que hizo
posible el salto evolutivo del hombre. No fueron las guerras y las
invasiones las que hicieron avanzar a la civilización, sino el amor.
Existe una historia que jamás nos han contado y que ahora la ciencia
empieza a descubrir. Una historia que han intentado borrar
deliberadamente pero que ha permanecido latente, oculta en el
subconsciente de toda la raza humana esperando su momento. Después de
cinco mil años la fuerza de "Lo femenino" surge como un volcán. María
Eugenia Eyras, sintetiza en un pequeño libro "El vientre cósmico" (Sirpus)
cómo es el resurgir de esta energía femenina y cómo de su mano nace una
nueva mujer, la del siglo XXI.
Texto: Mariló
Hidalgo.
Nace una nueva mujer
-Nos encontramos ante un modelo de
civilización agotado, que comentas en el libro. Hay expertos que
aseguran que estamos a las puertas de un colapso social. ¿Cómo hemos
llegado hasta aquí? ¿Hay forma de corregir este desequilibrio?
-Es fruto de un largo proceso que tiene que ver con la evolución de
la conciencia a nivel colectivo. Los pueblos han pasado por diferentes
etapas y han sido necesarias todas para llegar al momento actual.
Durante treinta mil años se rindió culto a la diosa y se concibió al
hombre y al universo como una totalidad. Todos formábamos parte de la
naturaleza. Luego vino la exaltación de valores masculinos: culto a la
guerra, dominación, saqueo, violencia no sólo hacia la mujer sino a toda
la naturaleza. Ahora, después de cinco mil años -que en la totalidad de
la historia no es nada- de dominio patriarcal se ha llegado a un
agotamiento. Lo vemos en la crisis ecológica, económica, la
superpoblación y una cadena de acontecimientos como consecuencia de
tanto desequilibrio que nos está conduciendo a un colapso. Si queremos
seguir viviendo en este planeta debemos cuidarlo y ahí entra en juego el
resurgimiento de la energía femenina. Después de miles de años de
sometimiento, de represión, todas las fuerzas naturales se ponen de
acuerdo y pugnan por salir. La energía femenina, los valores femeninos
van a tener que ocupar su lugar en el mundo, en la actual civilización.
¿De qué valores hablamos? De la paz, la intuición, el cuidado de la
vida, la paciencia, el amor a la naturaleza y a todo lo que crece. Sólo
esto hará que recobremos el equilibrio perdido.
-Dices que
la mujer está empezando a descubrir su energía femenina y el potencial
que eso conlleva. ¿Cómo despertar a ello?
-En estos cinco mil años de patriarcado la mujer ha sido
desvalorizada. Desde la Eva pecadora, las mujeres representábamos todo
lo malo de este planeta. Éramos el diablo. Todos esos mensajes han
calado hondo en las mentes hasta el punto de convertir a la mujer en la
peor enemiga de otra mujer y además hacerlas creer que eran seres
inferiores. La cultura se ha encargado de inculcarlo. Ahora debemos
recuperar nuestra autoestima poniéndonos en contacto con nuestro
interior, porque es ahí donde reside una energía impresionante. La mujer
sabe que en lo más profundo de su ser tiene razón en un montón de cosas,
lo que le falta es confianza en sí misma para exteriorizarlo. Por
ejemplo, la lógica que ha dominado al mundo hasta ahora es binaria,
cuando la ciencia está demostrando que el cerebro de la mujer funciona
según una lógica analógica -aquella que busca conexión entre lo
distinto-. Por tanto no se trata de reivindicar la igualdad con el
hombre sino de reivindicar esa diferencia que reside en nuestro
interior.
-Si
tuvieses que dibujar a esa nueva mujer del siglo XXI, ¿cómo lo harías?
-El feminismo surgió como un grito de rebeldía, y gracias a ello
nuestras hijas y nietas tienen acceso a la universidad. Todas aquellas
mujeres hicieron un trabajo importante, pero como estaban inmersas en
una cultura masculina querían igualdad con el hombre pero dentro de ese
modelo creado por el propio hombre. El feminismo ha ido evolucionando
hasta llegar al feminismo de la diferencia. Es decir, para integrarte en
esta sociedad ¿qué te interesa más, "tener" o "ser"? Esta nueva mujer
tiene una forma distinta de percibir el mundo y quiere vivir según esos
valores. Lo importante es que la mujer sea ella misma, que no renuncie a
su femineidad, a su esencia, por ser igual al hombre u ocupar su puesto.
Ella, desde la fuerza de su energía femenina tiene que ocupar la mitad
del poder de decisión en el planeta Tierra para imprimir este cambio
necesario.
-En este
momento de transformación, ¿qué es lo que está enterrando
definitivamente la mujer?
-Ese espíritu de subordinación que se le inculcó hace miles de años.
Lo que yo llamo "la silenciosa voz de la inferioridad". Eso que todavía
nuestra cultura a través de la publicidad y muchos mensajes sigue
exigiendo a la mujer. Esa necesidad de aprobación externa que la hace
mutilarse, adelgazar, privarse de comida, esclavizarse por un
determinado canon de belleza creado por lo masculino.
Ser esa
mujer florero que luzca al lado de un hombre que se supone tiene que ser
fuerte y no llorar nunca. La mujer del siglo XXI comienza a alejarse de
estos estereotipos dictados por la fantasía masculina y a recuperar su
propia sensibilidad, su concepto de belleza, su sexualidad, que no tiene
nada que ver con la que se le ha "impuesto" culturalmente.
"Los avances de la
civilización fueron todos producto del amor.
Es una parte
de la historia que no nos han contado"
-¿El hombre
también puede despertar a lo femenino?
-Hombre y mujer poseen hormonas femeninas y masculinas. La genética
nos descubre que el gen Y es una variante del femenino X. El feto en el
vientre materno es hembra hasta el cuarto mes de gestación. Lo masculino
es posterior a lo femenino, surge "a partir de". El hombre tiene un lado
femenino y cuando se deja llevar por la compasión, paz, concordia,
intuición, conecta con ello porque lo tiene dentro de sí. Lo que ocurre
es que también en el hombre lo femenino ha estado mal visto y los que lo
exteriorizaban se suponía que eran hombres afeminados, blandos o
cobardes. La ciencia nos está demostrando que todos formamos parte de lo
mismo, de un tejido vivo que unos llaman Gaia, otros Cosmos, Impulso
Vital, Alma del Mundo, Inconsciente Colectivo, punto Omega, etc. Un
cuerpo que no sólo une a los seres vivos sino a todo lo orgánico. Hay
por tanto que generar ese nivel de conciencia y cuando lo hayamos hecho,
cambiarán los valores y pienso que el mundo será un lugar más
equilibrado.
-Ese
conocimiento del que hablas, antes venía de la mano de la filosofía o de
lo espiritual, en cambio ahora es la ciencia la que está llegando a esas
conclusiones.
-Estamos llegando a un momento donde la ciencia se está dando la
mano con la espiritualidad. Incluso Einstein que en su momento dijo
aquello de "Dios no juega a los dados" fue criticado porque no estaba
bien visto que un científico hablase de Dios. Ahora vemos que la verdad
es una sola pero la manera de percibirla es diferente.
-Destaco una
frase que me ha llamado la atención en tu libro: "Los avances de la
civilización fueron todos producto del amor".
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"La mujer debe enterrar definitivamente
esa necesidad de aprobación externa que la hace mutilarse,
adelgazar, esclavizarse por un determinado canon de belleza
creado por lo masculino" |
-Es una
parte de la historia que no nos han contado. Estoy convencida de que el
odio y la destrucción no han generado nunca nada. En cambio el amor es
la base de toda creación. Incluso tiene una explicación científica
porque al átomo, lo que le mantiene unido es la atracción entre ánodo y
cátodo. Entre los electrones, neutrones y protones hay atracción y el
amor es atracción. Y ello genera construcción. Se ve también en los
seres humanos: madre e hijo, hermandad, comunidad... todo son
creaciones. En cambio el odio y la destrucción no han generado nunca más
que división. Sin duda los que escribieron la historia se preocuparon
mucho de pasar una goma de borrar para tapar todo esto.
-Dices que
se han descubierto restos de antiguas civilizaciones muy evolucionadas
que estaban regidas por valores femeninos. ¿Por qué desaparecieron y por
qué han suscitado tan poco interés entre los investigadores?
-No han suscitado interés porque hasta mediados del XIX los
investigadores eran hombres y lo femenino estaba desvalorizado. A partir
de ahí surgen científicas, arqueólogas, paleontólogas, que empiezan a
investigar y a reconstruir la verdadera historia de la humanidad. Es ahí
cuando empieza a estudiarse la civilización minoica en Grecia o la
civilización de la Vieja Europa, que son las verdaderas raíces de la
cultura occidental. Pueblos pacíficos, prósperos, regidos por mujeres,
dinastías matriarcales, matrilineales. Algo que también está
representado en el ADN mitocondrial -se transmite por línea femenina de
madre a hija y muta cada cierto número de generaciones- que es el que ha
servido a los científicos para rastrear el recorrido de la raza humana a
través del tiempo. Pues bien, toda esta fuerza femenina ha sido ignorada
durante miles de años, por eso ahora surge con fuerza, porque en el
fondo forma parte del subconsciente femenino. Está grabada en nuestros
genes y del ADN se sabe muy poco.
-¿Es ahí
donde ha permanecido oculta y a salvo hasta llegar este momento?
-Creo que sí. Incluso ha habido atisbos de un resurgir a lo largo de
la historia pero fueron tan cruelmente perseguidos que no llegaron a
fructificar -gnósticos, cátaros-. Pero ahora es algo imparable. Está
buscando un equilibrio, necesario no sólo por nosotras sino por el
planeta en su conjunto.
-Al final
del libro comentas que profecías de distintas culturas coinciden en
señalar que "habrá un día donde las mujeres recobrarán el poder de un
modo hermoso y cambiarán el mundo" ¿Ha empezado ya?
-Creo que sí, en lo que se refiere a la humanidad y al progreso de
la humanidad. Avanzamos hacia una nueva conciencia mucho más rica, más
compleja, más humana y superior desde todo punto de vista.
Donde todos
tendremos un lugar. Donde no habrá fronteras. Donde los valores que
imperen sean los de la conciliación, integración y todo lo que tiene que
ver con la esencia femenina que es la ausente hasta ahora. En el fondo y
de forma sutil, todos palpitamos en este latir inmenso en el corazón del
cosmos.
"Después de cinco mil
años de represión, todas las fuerzas naturales se ponen de acuerdo y
pugnan por salir. La energía femenina tiene que ocupar su lugar en el
mundo"
-Insistes
en que no se trata de mirar hacia atrás, de volver al pasado, sino mirar
al futuro.
-Sí, es recuperar, conectar con esa energía que ha estado reprimida
durante tanto tiempo. Es mirar dentro de cada uno, ahí es donde reside
la diosa. Escribir este libro ha sido para mí una tarea de
investigación, de búsqueda, pero sobre todo de estudio de mí misma.
Después he intentado hacer una síntesis de las grandes ideas imperantes
en estos momentos para, a través de un lenguaje periodístico, acercarlas
al gran público de una forma amena y sencilla. Hay una conciencia que
está pugnando por nacer y en la medida en que todos estemos englobados
en esa conciencia, más rápido seguirá su curso. Tenemos que ser
conscientes de todo cuanto está ocurriendo. Y concretamente la mujer
tiene el derecho y el deber de ocupar un rol de protagonista en esta
sociedad para corregir este desequilibrio ético que hoy impera. Debe
asumir su papel y no dejar que los demás decidan por ella.
-¿Por qué "El
vientre cósmico"?
-Porque siempre se creyó que la naturaleza era la Diosa Madre, un
gran Vientre Cósmico del cual surgía la vida, todos los seres vivos, lo
orgánico e inorgánico. De ella venían y a ella regresaban. La Diosa
Madre era también la Diosa de la Destrucción, el poder desatado de la
naturaleza, la que regeneraba la vida. De allí partimos y a ella
regresaremos.§ |
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