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MAYO
2008
China
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Foto:
X.R.
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En sólo unos años, China ha conseguido pasar de la época
medieval al siglo XXI, pero aún le queda mucho por hacer. Los
propios dirigentes reconocen que su actual sistema es imperfecto
y dicen estar abiertos a un cambio necesario. Quieren aprovechar
los Juegos Olímpicos para dar el salto definitivo pero con ello
también reaparecen viejos conflictos pendientes.
De la mano del
director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos
viajamos al corazón de este imperio en un momento
donde acapara todas las miradas internacionales y es centro de
debate.
Texto: Mariló Hidalgo. |
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Asuntos
pendientes |
-¿Nos
encontramos ante una crisis más entre China y Tíbet?
-Sin duda, así parece. Y a pesar de que el gobierno chino está
haciendo todo lo posible por enfriarla, podría no ser tan fácil, ya que
se está extendiendo a varias provincias donde existen comunidades
tibetanas importantes y el eco internacional que ha logrado
retroalimenta las protestas. Una crisis oportuna, por otra parte, que
proporciona un empujón a quienes desde el mundo no gubernamental
defienden la existencia de razones suficientes para argumentar el boicot
a los JJOO.
-Aquí en
occidente hablar de Tíbet es hablar de espiritualidad burlada y de falta
de respeto a los derechos humanos por parte de China. Pero, ¿qué
reivindica el pueblo tibetano?
-La esencia del problema, en mi opinión, se refiere al ejercicio de
un autogobierno real, con oscilaciones que pueden variar desde la
independencia a una autonomía amplia. El catalizador aparente es la
religión, lo cual también genera dudas respecto a la viabilidad
democrática y laica de un Tíbet soberano. Lo cierto es que tampoco los
lamas fueron en su tiempo, no hace tanto, muy respetuosos con los
derechos humanos. Sea como fuere, la laicidad debiera ser un componente
clave en cualquier solución política. No obstante, la sociedad civil es
muy débil y las estructuras religiosas constituyen la columna vertebral
del Tíbet que, como se demuestra en estos días, ni cinco décadas de
severo dominio del PCCh ha logrado arrodillar. La inflexibilidad china
es un error y no hace más que radicalizar el problema.
-Algunos
ven en esto el principio de una posible desmembración y crisis como las
acontecidas en la Unión Soviética o Yugoslavia. ¿Cuál es su opinión?
-Creo que es un juicio muy precipitado. La importancia, la
significación y la trayectoria del problema nacional en China tiene otra
identidad y características, aunque existen conflictos con algunas
nacionalidades minoritarias importantes, además de los tibetanos. Pero
los procesos de sinización están muy avanzados y los focos de conflicto
notables se reducen básicamente a dos: Tíbet y Xingjiang. Por otra
parte, la actual tendencia histórica en China es la contraria: sumar
territorios y completar la reunificación del país en el marco del
proceso de emergencia. Ha ocurrido con Hong Kong (1997) y Macao (1999) y
Taiwán está en el punto de mira. La importancia estratégica de los
enclaves donde se hallan estas nacionalidades hace muy difícil que China
acepte sin más una desmembración, ni parece que su situación sea
comparable a la de la URSS a finales de los ochenta del siglo pasado.
-¿Cuál
considera que sería la salida más acertada a este conflicto?
-Negociación y autogobierno, progreso e identidad. Flexibilidad en
ambas partes. Creo que si China ambiciona cierta estabilidad en estos
temas, necesita como mínimo, refundar su modelo autonómico. Las cinco
regiones autonómas de China ni siquiera disponen de estatutos de
autonomía en un tiempo en que no se habla de otra cosa que el Estado de
derecho y el imperio de la ley. Los dirigentes chinos han sido muy
innovadores en el ámbito económico pero en lo político han desatendido
la importancia del problema nacional pensando que el desarrollo podía
opacar los procesos identitarios. El progreso debe tener en cuenta el
respeto a la propia identidad y no convertirla en un atributo folclórico
para turistas ávidos de aventura. Además, claro está, los derechos y
libertades elementales son irrenunciables.
-¿Qué
papel real está jugando en estos momentos el Dalai Lama y con qué
resultados?
-Creo que desempeña un papel muy activo en la crisis. En cuanto a
los resultados, es evidente que ha logrado movilizar un importante
sector de la opinión pública internacional y demostrar que aún conserva
una poderosa influencia entre amplios segmentos del pueblo tibetano. Por
otra parte, los episodios de violencia contra los inmigrantes han -grupo
étnico más numeroso en China- añaden factores de odio y tensión. La
forma en que los medios de comunicación chinos están presentando la
crisis -silenciando las protestas internacionales y dando cuenta de los
disturbios contra pacíficos comerciantes- alimentan el resentimiento y
la incomprensión de una reacción que desprecia la "generosidad" del
Estado que tanto ha ayudado para que Tíbet pudiera salir de su situación
de atraso.
"El boicot en nada
puede ayudar a mejorar la situación de los derechos humanos en China y
mucho a fortalecer un nacionalismo hostil, así como la complicidad
social con el propio régimen"
Por otra
parte, el daño a la imagen internacional de China y a sus líderes es
notorio, paradójicamente, cuando podría decirse que entre ellos
predomina cierta tendencia liberal y relativa disposición para ampliar
algunos márgenes de libertad y profundizar en la democracia.
Conviene tener en cuenta, asimismo, que están interiorizando el acoso:
conflictos por los productos defectuosos, por los alimentos, Darfur, la
apreciación del yuan... Todo ello forma parte de estrategias calculadas,
se piensa aunque no se diga, para contener su auge y vencer su voluntad
de erigirse como un pilar soberano del sistema internacional. A China se
le exige en Sudán, por ejemplo, lo que no se autoexigen las potencias
occidentales -que podrían, por ejemplo, hacer valer su influencia
económica para presionar a Israel y lograr el respeto a los derechos
humanos de los palestinos.
-¿Dónde
podemos ver la sombra de EEUU en este conflicto?
-EEUU está aumentando la presión estratégica global sobre China. Un
día es el precio de los cereales, otro el del petróleo, el asunto de
Darfur... claro, la apreciación del yuan con respecto al dólar. China ha
iniciado el tránsito a un nuevo liderazgo, son años decisivos que
intentará aprovechar EEUU para inclinar de su lado la orientación
político-estratégica e impedir que el traslado del epicentro económico
del planeta hacia Asia, derive en una pérdida del poder global
estadounidense. Pero no lo va a tener fácil. Cabe imaginar que en los
años próximos se multipliquen las tensiones.
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"Los dirigentes chinos han sido muy innovadores en el
ámbito económico, pero en lo político han desatendido la
importancia del problema nacional, pensando que el
desarrollo podía opacar los procesos identitarios" |
-China por
un lado se ha esmerado en potenciar el desarrollo económico del Tíbet y
por otro ha mantenido una política de aislamiento de esta zona con el
resto del mundo. ¿Con qué resultados?
-Para China, el desarrollo es la clave de numerosos procesos,
internos y externos. El atraso y la miseria es la principal causa de los
conflictos. Piensan que proporcionando riqueza y bienestar harán olvidar
o pasar a segundo plano otras demandas: las políticas, que mantienen a
buen recaudo y con la cuota de participación tibetana en su medida justa
para no ser problemática y legitimar su estrategia. Así piensan buena
parte de los han, pero los tibetanos no son han y su escala de valores e
identidad político-nacional es distinta. El aislamiento, por otra parte,
ha sido más férreo en el pasado que en el presente. En los últimos
tiempos, se ha producido un giro importante. Es verdad que China ha
invertido mucho dinero en mejorar buena parte de los templos tibetanos
con el objeto de hacer del turismo un negocio bien lucrativo, en buena
medida administrado por los han. Además, la vía férrea Qinghai-Tíbet,
que enlaza esta región con el resto de China, contribuye a superar ese
aislamiento. China estaba orgullosa de sus éxitos en Tíbet y consideraba
el problema, en buena medida, encaminado. Quizás por eso también se
mostró inflexible en las negociaciones mantenidas en los últimos años
con los representantes del Dalai Lama. Erró el cálculo.
-Muchos ya
consideran a China como la segunda potencia mundial sólo por detrás de EEUU e incluso vaticinan que podría superar en poco tiempo al país
americano. ¿En qué se basa este crecimiento tan galopante del gigante
amarillo?
-En lo fundamental, el modelo aplicado en los últimos 30 años se
basa en la conjunción de tres factores: inversión exterior, mano de obra
barata y orientación de la producción para la exportación. Ese modelo
está pasado de moda. Ya no se busca un crecimiento ciego y de mala
calidad. Se es más selectivo en todos los campos y se trata de potenciar
un nuevo sistema que tenga en cuenta el valor agregado
científico-tecnológico, los costes ambientales y los sociales. El
objetivo inicial de la reforma es lograr un nivel de vida medianamente
acomodado. Está más cerca, pero para la inmensa mayoría de sus
habitantes, China sigue siendo un país en vías de desarrollo. Sus
magnitudes territoriales y demográficas producen datos estadísticos de
asombro que pueden inducir a sobreestimar su poder y sus capacidades.
Está aún muy lejos de Estados Unidos en tecnología, en defensa, y
también, claro está, en renta per cápita. Aún pueden pasar muchas cosas
en el futuro inmediato que, como reconocen los propios chinos, es
crucial para el éxito de su modernización.
-Además
del aspecto económico, la sociedad china ha dado un salto que en otros
lugares habrían necesitado varias generaciones. ¿Cómo se pueden asimilar
tantas cosas y tan deprisa?
-No es fácil, y genera muchas tensiones, de diverso tipo. Todos
conocemos los contrastes de este país que vive al mismo tiempo en siglos
diferentes y con pautas de comportamiento muy distinto al nuestro. Creo
que a veces se les exige que vayan demasiado deprisa y con sus
proporciones no resulta nada fácil. Incluso es milagroso que no se hayan
producido más crisis en este proceso que para ellos tiene un
significado, sobre todo, histórico, y que anhela recuperar la grandeza
perdida que en cierta medida ostentaron hasta las guerras del Opio,
impulsadas por potencias occidentales que pisoteaban los derechos
humanos y recurrían al narcotráfico para colonizar su territorio. Esto
China no lo olvida, cuando esas mismas potencias hoy le exigen una mayor
democratización. Está claro que su emergencia genera también recelos y
temores entre aquellos que hoy campean a sus anchas en el sistema
internacional.
"A
China se le exige en Sudán, por ejemplo, lo que no se autoexigen las
potencias occidentales"
-¿Qué
supone para este país ser la sede de los próximos Juegos Olímpicos?
-Su significación política tiene dos destinatarios. Uno exterior,
para mostrar al mundo que China asume los retos de la modernidad con
éxito y que está en condiciones de tratar de igual a igual con cualquier
país. Y también interno, para demostrarse a sí mismos que están en el
camino de hacer posible el renacimiento de la gran nación china. A la
vista de lo ocurrido -y de lo que pueda ocurrir en los próximos meses,
pues cabe imaginar que muchos problemas y conflictos saldrán a la luz-
puede convertirse en una auténtica trampa y ello bien puede ser
utilizado también por el régimen para activar el nacionalismo como
recurso aglutinante y defensivo, lo cual podría traducirse en ciertas
tensiones internas, entre los partidarios de enrocarse y los de
desbloquear la situación incentivando los procesos de cambio en lo
político.
-¿Cree que
un boicot serviría para algo?
-Me parece que el boicot en nada puede ayudar a mejorar la situación
de los derechos humanos en China y mucho a fortalecer un nacionalismo
hostil, así como la complicidad social con el propio régimen. Me parece
totalmente desacertado.
-Por
último, ¿el ascenso del gigante asiático debe ser visto como una amenaza
o como una oportunidad?
-Creo que debemos hacer todo lo posible para que se convierta en un
factor estabilizador. Hacerle un hueco a un país de estas dimensiones en
el sistema no resulta fácil, pero con independencia de las tensiones que
pueda generar en lo económico, creo que no constituye una amenaza. Ya
sobran potencias desestabilizadoras en el mundo occidental. Estas sí que
pueden ver en la emergencia de una China desarrollada, pero soberana,
sin entrar en las redes de dependencia estadounidense (como la UE o
Japón, quizás menos Rusia), una amenaza para sus intereses y ambiciones
estratégicas. No obstante, China, que debe hacer frente a muchos
conflictos en su propio entorno regional (desde Taiwán a los litigios
territoriales en los mares de China), debe acreditar la mesura necesaria
para no ser considerada una nueva potencia dispuesta a sojuzgar los
intereses de los pueblos en beneficio de sus industrias y ambiciones. Lo
que quede de cultura confuciana en su comportamiento puede ayudar a
evitar estos riesgos. §
Página recomendada: www.politica-china.org
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Curiosidades •El grupo étnico de los han es el más
numeroso de China (92% de su población) aunque el gobierno
reconoce a 55 etnias más entre las que se encuentran tibetanos,
mongoles y uigures, entre otros. A pesar de ello el mundo chino
tiene una unidad cultural, idiomática y demográfica. Desde el
punto de vista de las creencias, China está llena de contrastes:
confucionista, taoista, budista e islamista, además de varios
cultos locales.
•En el año 2020 la población laboral de China superará los
novecientos millones de personas, trescientos millones más que
el total de la población laboral de todos los países
desarrollados. Todo un reto que deberá resolver el gigante
amarillo.
•Hace cuatro años que el Comité Olímpico Chino puso en marcha un
millonario proyecto dirigido a seleccionar mediante programas
informáticos a deportistas para que fuesen preparados sin
escatimar medios en Centros de Alto Rendimiento. Objetivo,
alcanzar el primer puesto en el medallero en las próximas
Olimpiadas. La recompensa para quien lo consiga es, además de
una importante prima económica, el honor de convertirse en héroe
nacional y la oportunidad de triunfar en el mundo de la empresa
como ya les ocurrió a otros deportistas. Quien pierde es objeto
de deshonra. § |
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