
Es muy liberador comprender que no hay que ser
diferente, distinto, exclusivo, único. Que lo que tú vives es lo mismo que
experimentan millones de personas, y al no ser exclusivo ni único también
desaparece esa sensación de soledad. |
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MAYO 2008

DIFERENTES
POR ELENA G. GOMEZ
Entro en
El Corte Inglés para ir a recoger el coche que dejé en el garaje del
comercio. Voy hacia la máquina para recoger el ticket del parking y para
ello tengo que atravesar una planta que está llena de ropa interior.
Es un recorrido que he realizado muchas veces y siempre experimento la
misma sensación, -al caminar entre pasillos y pasillos llenos de
sujetadores-, y me hago la misma pregunta: ¿Qué experimentaría una mujer
africana si, de repente, se la trasladase aquí?
Me imagino sus ojos abiertos como platos, su cara llena de sorpresa,
desconcierto y sobre todo incomprensión. Pienso que una mujer africana,
de ésas que tiene que recorrer varios kilómetros todos los días para ir
a buscar el agua que necesita su familia, nunca comprendería cómo puede
haber una extensión tan grande de sujetadores y bragas perfectamente
alineados, no entendería para qué se necesitan tantos y tan distintos.
Y me imagino que me mira y que me pregunta y yo sólo tengo una
respuesta: estupidez.
Yo, confieso, aunque no soy africana y tampoco tengo que recorrer
kilómetros en busca de agua, tampoco lo entiendo. Entiendo que tengan
que existir tamaños diferentes, pero el resto añadido, que si las
puntillitas (que además pican un montón), que si los que tienen relleno
(para presumir de lo que no se tiene), etc., forman parte de un comercio
que no sólo lleva a crear necesidades donde realmente no existen, sino
que induce, en este caso a las mujeres, a crear mitos e ideas que luego
atrapan y la mayoría de las ocasiones sólo sirven para crear complejos y
diferencias.
Y es que necesitamos sentirnos distintos, creer que somos distintos a
los demás, creer que lo nuestro es lo mejor, o lo más grande, o lo más
trágico, o lo más desgraciado, lo que sea, da igual, el caso es creernos
siempre distintos a los demás.
Y ése es nuestro principal error, pero además no sólo nos lo creemos,
sino que lo alimentamos, lo defendemos y lo valoramos.
Pero, ¿qué sucedería si comprendiéramos que no somos diferentes los unos
de los otros? Si entendiéramos que las soluciones que necesitamos ya
existen, que no hay que inventar nada nuevo para "curar" nuestros
problemas y que sólo hay que hacer las cosas que en realidad no se
hacen.
Hace un tiempo que he decidido mirar hacia nosotros, los hombres, como
una especie más dentro de este planeta, así, simplemente, una más,
porque en realidad los hombres miramos al planeta como si fuera de
nuestra propiedad, y contemplamos a las demás vidas como inquilinos.
Decidí, repito, mirarnos simplemente como una especie, como un grupo, y
reconozco que en el análisis salimos perdiendo respecto a las otras
especies.
Somos, sin duda, la especie más engreída, la que se cree superior, sin
embargo, ante cualquier desastre sobrevive cualquier microorganismo por
muy simple que parezca, antes que nosotros, por tanto, entiendo que es
hora de mirar la realidad, de ponernos en nuestro lugar, de dejar de
perder el tiempo en buscar las diferencias y sí mirar nuestras
semejanzas.
Yo me siento mucho mejor desde que he dejado de creerme diferente a los
demás, noto como si me hubiera quitado un peso de encima, no soy mejor
ni peor, no me comparo y por tanto, tampoco juzgo, y todo ello me lleva
a mirar objetivamente las cosas que hacemos, nuestros comportamientos,
nuestros miedos e inseguridades.
Y puedo decir que al quitarme esa idea, siento mucha más complicidad con
todas las personas, porque si quiero entender algo sólo tengo que mirar
dentro de mí y entonces lo puedo comprender.
He comprendido que igual que por ejemplo mis ojos son aparentemente
distintos a los de cualquier otra persona, diferentes en tamaño, en
color, o en brillo, en el fondo son iguales a todos los demás. Sirven
para lo mismo, funcionan con el mismo mecanismo, y no quiero ni
imaginarme lo que implicaría si eso no fuera así, porque inmediatamente
supondría que si una persona tuviera un problema en sus ojos, y estos
fueran exclusivos, también significaría que tendría que tener un
tratamiento específico, diferente, es decir, algo imposible.
Es muy liberador comprender que no hay que ser diferente, distinto,
exclusivo, único. Que lo que tú vives es lo mismo que experimentan
millones de personas, y al no ser exclusivo ni único también desaparece
esa sensación de soledad.
Es muy liberador comprender que nosotros, como especie, estamos en una
fase muy niña y que todavía tenemos que aprender. Después, en un futuro,
cuando terminemos la carrera, podremos empezar la especialización, pero
de momento somos sólo eso, alumnos.
Haz la prueba, deja de ser exclusivo, siéntete igual, uno con todos los
que te rodean, no necesites ser ni tener ni aparentar más que nadie.
Piérdete en la inmensidad, desaparece en la multitud, tal vez así,
sumergido en todo, perdido en la nada, encuentres realmente lo que te
hace diferente, sencillamente porque la diferencia en cada uno no está
fuera, sino dentro y sólo se llega hasta ella después de haber perdido
toda necesidad de ser diferente a los demás.§ |