
Se da por supuesta nuestra inteligencia, lo cual
resulta sorprendente teniendo en cuenta que somos la única especie que se
basta y se sobra para corromper un planeta entero en unos pocos centenares
de años. Es fácil deducir que el adjetivo "inteligentes" no se inventó para
nosotros. |
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JUNIO 2008

HERMANOS MAYORES
POR CAROLINA FERNANDEZ
Hay
algo que no entiendo. Algo que tiene que ver con la idea de Dios que nos
cuenta la Iglesia. Veamos, para abordar el tema vamos a dar por supuesto
que Dios existe sin meternos en más honduras, mayormente porque si no me
echan abajo la página. Los que ya lo creen no tendrán problema y los que
no, que hagan como que sí durante dos minutos y medio, que no cuesta
tanto.
El tema es el siguiente: a Dios nos lo presentan como una figura
todopoderosa e infinitamente sabia. Dios es un "algo" que supera nuestra
capacidad de comprensión de tan grande y prodigioso que es. El caso es
que un ente con el Don de la Maravilla, que nosotros sepamos trabajó
seis días creando océanos, pájaros, y demás, y culminó su obra con algo
tan incalificable como el hombre. A pesar de su omnipotencia se ve que
quedó exhausto, de modo que decidió descansar el séptimo día. A partir
de entonces tenemos que deducir que le cogió gusto al ocio porque de ahí
en adelante no creó nada más. Se tomó un descanso durante toda la
eternidad, que se dice pronto. El hombre, pues, está solo en el
universo. Absolutamente solo. Según ese planteamiento, entendemos que
desde entonces semejante excelsidad se dedica a abanicarse y ocupa su
tiempo de ocio siguiendo el día a día de los asuntos en la Tierra, una
actividad que debe resultarle de lo más apasionante.
Llegados a este punto es necesario ubicarse: Tierra, esa motita
microscópica en un universo cuyas medidas no podemos siquiera imaginar
porque con toda seguridad nos reventaría la cabeza. Un universo que es,
según creemos, territorio de ese Dios enorme que nos creó a nosotros. Un
territorio vacío, estéril, desaprovechado, porque, como decíamos,
después de crear al hombre Dios se cansó.
Teniendo en cuenta que el tiempo de Dios se mide por eternidades, de
todo esto podríamos concluir fácilmente que Dios es un poco vago. De
otra manera no se entiende que no hubiera tenido curiosidad por
experimentar con nuevas criaturas. Es lo que tiene un creador: que crea.
Si no crea será otra cosa, pero creador, lo que se dice creador, pues
miren, no (se me ocurre que ahí podría estar el origen de la expresión
"vivir como Dios", que define a aquellas criaturas que no dan un palo al
agua).
Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Estudiemos otras
posibilidades. Pensemos que es posible que Dios no sea vago, porque la
vagancia no encaja en una entidad a la que se le atribuyen todas las
virtudes imaginables. También puede ser que en realidad no se trate de
un Dios tan tremendo y tan exageradamente grande. Quizá sea una
divinidad algo más modesta, que tomó una parcelita de espacio para
probar a ver qué tal se le daba. Se entiende entonces que no haya creado
más. No todavía. Teniendo en cuenta, repetimos, que hablamos en términos
de eternidad, es posible que esté esperando un poco a ver qué tal
resulta su primera criatura, y saque sus conclusiones antes de lanzarse
a componer otras humanidades. Es una actitud prudente, propia de un
Dios, esperar a ver qué puede aprovechar de una especie capaz de
organizar y ejecutar su propia autodestrucción. Entiendo que esto
implicaría que hay otros dioses encargados de otras creaciones, muchos
dioses grandes y pequeños, en un universo complejo, rico, profundo,
interminable. Sólo atisbar semejante idea podría cortocircuitar algunos
cerebros estrechos, pero qué quieren, se me ocurrió y lo digo.
Si la existencia de muchos dioses creadores, en vez de uno único y
descomunal resulta demasiado perturbadora, podemos volver otra vez a la
posibilidad del Dios en singular. En ese caso propongo añadir un dato:
sería un Dios competente con más de una criatura en su currículum. Me
parecería razonable pensar que en toda la vastedad del universo hay
otras creaciones y otras criaturas, de la misma manera que pueden
existir miles de hormigueros en la misma selva sin llegar a entrar en
contacto jamás. Justo el otro día leí que un señor del Vaticano, esos
que hablan con Dios todos los días, se planteaba la posibilidad de la
existencia de vida fuera de este planeta. Serían "hermanos", esto es,
hijos del mismo padre, que "también gozarían de la misericordia de
Dios". No pregunten qué demonios significa eso porque no sabría decirlo.
Será porque hace tiempo que no gozo. O al menos no gozo de la
misericordia. Y si acaso lo he hecho no debió ser un goce muy notable
porque no lo recuerdo. Además, continúo, se contempla que esos
"hermanos" también sean "seres inteligentes". Ese "también" implica que
se da por supuesta nuestra inteligencia, lo cual resulta sorprendente
teniendo en cuenta que somos la única especie que se basta y se sobra
para corromper un planeta entero en unos pocos centenares de años. Un
planeta que, además, es el único lugar disponible para vivir. Es fácil
deducir que el adjetivo "inteligentes" no se inventó para nosotros, sino
para las amebas por ejemplo.
Puestos a imaginar, yo albergaría la esperanza de que fuera de aquí
existan efectivamente seres inteligentes. Y como son inteligentes nos
observan a distancia, entendiendo que actuamos como actuamos porque
somos jovencitos, novatos, ignorantes, presuntuosos, primitivos y muy
brutos.
Espero que haya hermanos mayores, capaces de esperar con un poco de
paciencia a que de toda esta barbaridad salga algo que merezca la pena.
A ver. § |