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FEBRERO 2008

¿Vamos hacia una extinción
de la especie humana?

¿Vamos hacia una extinción de la especie humana?

Miles de científicos tienen claro que caminamos hacia una parcial extinción humana provocada por la superpoblación, la dificultad de adaptarnos a los cambios climáticos y el propio comportamiento humano. Todo lo hemos generado nosotros y provocará un colapso inminente. Incluso se augura que en este siglo desaparecerá más de la mitad de la especie humana.

Texto: Marta Iglesias

                                    Foto: © WHO / P. Virot

En noviembre de 1992 la Unión de Científicos Preocupados (UCP) advertía que la Tierra tiene una capacidad limitada de recursos para los humanos. Si queríamos evitar nuestra propia desaparición debíamos urgentemente ponernos manos a la obra. Sus sugerencias eran -y siguen siendo- limpiar nuestro aire y nuestra tierra; manejar mejor el agua y recursos forestales; proteger a las especies amenazadas y en peligro de extinción; evitar la superpoblación humana y ayudar a las naciones en desarrollo a crear políticas ambientales. El mensaje provenía de esta agrupación formada por ciudadanos preocupados por temas ambientales, entre ellos 1.700 científicos notables del mundo, incluida la mayoría de los Premios Nobel en Ciencias. El aviso cayó en saco roto y hoy el anunciado cambio climático evoluciona a un ritmo sorprendente. Por encima del consumismo desmedido que propugna el sistema capitalista, los científicos siguen esforzándose por ser oídos. Pero esta vez el mensaje es muy distinto: hay evidencias de que la raza humana camina hacia su extinción parcial.

 Colapso humano

Los prestigiosos microbiólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan afirman que una de las señales que predicen el colapso de una especie es su rápida superpoblación. Para ello se basan en un sencillo experimento que consiste en colocar sobre una placa redonda nutrientes de sobra y colonias de bacterias, en lo que se llama una cápsula Petri. La observación del crecimiento de estos microorganismos nos indica que la población, tras crecer mucho puede llegar a colapsarse al llegar a los bordes de la placa. De repente, las bacterias mueren. Aunque les quedan nutrientes, pero inexplicablemente desaparecen. Estos científicos realizan un paralelismo en el que la tierra sería la cápsula Petri, llena de recursos, y los humanos las bacterias que se reproducen exponencialmente. La realidad les avala, puesto que la humanidad crece a ritmo desenfrenado. Tras un millón de años de existencia sobre el planeta, en 1850 alcanzamos los mil millones. Hoy somos más de seis mil millones y se prevé que en 2050 haya diez mil millones de seres humanos, consumiendo recursos sin control, y expandiéndose por los confines de todo el planeta. El ecólogo y biólogo Iván de Torres también ve cierto parecido entre las bacterias y la situación actual del ser humano sobre la Tierra: "Hemos crecido mucho en número de individuos, gracias a la explotación de los recursos naturales y los avances científico-tecnológicos, y sin embargo gran parte de la especie humana se encuentra en unas condiciones de vida que hacen muy difícil su supervivencia. Podría darse el caso en el que precisamente esas poblaciones más vulnerables se vean abocadas a la muerte".

El paleontólogo Eudald Carbonell vaticina que más de la mitad de la
especie humana podría desaparecer en este siglo

Resulta duro de asimilar que la especie inteligente pueda ser comparada con el comportamiento de una bacteria, pero la lógica de estos científicos es abrumadora. Y si nos remontamos a los restos fósiles de diversas especies que se han extinguido, el resultado es el mismo. Los paleontólogos consideran que los trilobites del Cámbrico, por ejemplo, se extinguieron por su gran crecimiento y el agotamiento de sus recursos. El proceso se conoce como "devolución". El paleontólogo codirector de las excavaciones de Atapuerca, Eudald Carbonell, ya ha vaticinado que más de la mitad de la especie humana desaparecerá durante el presente siglo. Iván de Torres aporta datos: "Estamos asistiendo a una época de extinción similar o incluso mayor que la ocurrida en otros momentos de la historia de la Tierra, como por ejemplo la acaecida durante el Cretácico-Jurásico. La modificación del hábitat natural de la Tierra, la alteración de las condiciones ambientales fruto de una evolución natural con millones de años de recorrido, está provocando no sólo la desaparición de muchas especies, sino que está aumentando el riesgo de nuestra propia supervivencia como especie. No resulta descabellado afirmar que un gran número de seres humanos pueden perder la vida en el futuro. En cuanto a precisar el cuándo, no sabría dar una respuesta concreta, pero me inclino a ser optimista y a pensar que el ser humano sobrevivirá sobre la Tierra o en otro planeta durante cientos de miles de años".
Admitir este proceso implica aceptar que la inteligencia que caracteriza nuestra raza es una quimera, porque somos nosotros mismos los que hemos generado este proceso de descontrol. De hecho los científicos, sociólogos y demás barajan tres argumentos que nos pueden llevar a la extinción: la superpoblación, la dificultad de adaptación a los cambios climáticos que nosotros mismos hemos generado -incluido el incremento de enfermedades- y el comportamiento humano. Este último abarca guerras, explotación de nuestros congéneres o falta de solidaridad. Los tres motivos han partido de nosotros. Consecuentemente, sólo nosotros podríamos ponerles punto final. Pero hay una mala noticia: muchos científicos advierten que el proceso de decadencia es ya irreversible. Estamos llegando a los bordes de la placa de Petri que es nuestra Tierra -sólo queda libre de humanos el 17% de su superficie-, los recursos naturales se han diezmado y muchos no pueden ser repuestos.

 En busca de soluciones

A menudo oímos hablar de animales que se extinguen. Los científicos aseguran que cada año desaparecen trescientas especies vivas que han llegado a su clímax evolutivo. En nuestra auto creída condición de seres "superiores" no nos planteamos que podamos ser uno de esos animales en peligro de extinción, pese a ser la única especie que ostenta el dudoso récord de haber diezmado a otras especies y dañado incluso al propio planeta. Somos los más feroces depredadores, pero no nos reconocemos como tal. Si la Tierra posee conciencia -como afirma la teoría de Gaia- le convendría deshacerse de nosotros cuanto antes.
La mayoría de científicos está de acuerdo en que nosotros mismos nos estamos generando nuestra decadencia: "El ser humano es el principal responsable de las alteraciones que en la actualidad sufre el planeta, y podría llegar a ser el máximo responsable de su propia extinción -corrobora De Torres-. A corto plazo veo probable un mundo en el que, en la misma línea de lo que ocurre ahora, exista una élite de personas que gocen de las mejores condiciones de vida, junto a otro grupo de personas con serias dificultades para sobrevivir. No gozarían de las mismas posibilidades de desarrollo que esa élite que, en última instancia, estarían apropiándose de los recursos de la Tierra, impidiendo la gran mayoría de los seres vivos. En esta línea, cobran sentido las previsiones de Carbonell sobre la extinción de la mitad de la población humana, aunque como ya he dicho, me resulta muy atrevido asegurar que eso ocurrirá a lo largo de este siglo".


Foto: Fusión

Tres motivos nos pueden llevar a la extinción: la superpoblación, el comportamiento humano y el cambio climático, con el incremento de enfermedades que conllevaría

Las mentes preocupadas por nuestro futuro como especie se han puesto a deducir cómo podemos salvar una parte, más allá de un evidente alejamiento de nuestra glotonería vital para no acabar con los recursos. Todos parten de que una extinción masiva es más que probable. Su visión no es parar el proceso, sino reciclarse para continuar. Margulis y Sagan han observado a la naturaleza para dar su respuesta: hay que aprender que el microcosmos funciona por simbiosis, así que la salida consiste en cooperar entre nosotros y con las demás especies. Formar un superorganismo con diversas especies de la naturaleza es garantía de supervivencia. Nada funciona autónomamente en el planeta, todo está interrelacionado: superemos nuestro pensamiento individualista si queremos sobrevivir.
Eudald Carbonell propone un salto de conciencia que nos libere de nuestra mentalidad de homínido, que nos hace enfrentarnos entre nosotros por la comida, el territorio, las hembras y los machos. Esto dará lugar a una nueva especie donde se darán la mano la técnica, la tecnología, la ciencia y la socialización. Somos humanos, pensemos como tales, utilizando las características que nos diferencian. El viaje hacia la humanización no se ha acabado.
Iván de Torres apuesta por una recombinación genética, una mezcla entre poblaciones diferentes que den lugar a un salto evolutivo, a un ser humano más resistente: "Se sabe que las especies evolucionan de varias maneras, incluyendo una nueva disposición de los genes en los cromosomas, la acumulación de mutaciones en el DNA y por medio de simbiosis. Los cromosomas que producen cambios hereditarios causan mayores saltos en la evolución que los originados por las mutaciones en los pares de bases de los nucleótidos. Saltos evolutivos causados por simbiosis pueden establecer nuevas especies en pocas generaciones". Muy a largo plazo, De Torres nos ve colonizando otros planetas en los que vivir: "veo al ser humano como una especie adaptada a la vida y la procreación en el espacio".

 Otra lectura a la extinción

Pensar en una extinción masiva de nuestra especie puede despertar en los más pesimistas una lectura triste de la situación. Sin embargo son muchos los que consideran que ésta puede ser una buena oportunidad de replantearnos como especie, de dar un paso evolutivo en lo que a nuestra conciencia se refiere.
El teólogo Leonardo Boff acude al mensaje de Jesús, que considera la muerte una resurrección. Según su traducción, este momento de crisis es el ideal para un salto personal, para morir a los pensamientos que nos han conducido a este suicidio colectivo: "La última palabra no es la muerte sino la resurrección, que no es la reanimación de un cadáver, sino la plena realización de las potencialidades del ser humano: una verdadera revolución dentro de la evolución. Quizás acontecerá un salto en la dirección que anunciaba Pierre Teilhard de Chardin en 1933: una irrupción de la noosfera, de aquel estado de conciencia y de relación con la naturaleza que inaugurará una nueva convergencia de mentes y de corazones, y de allí una nueva era de la condición humana. En esta perspectiva, el escenario actual no sería de tragedia, sino de crisis. La crisis es purificación y maduración. Preanuncia un nuevo inicio, el dolor de un parto promisorio y no las penas del naufragio de la aventura humana. Lo que puede acabar no es la vida humana, sino esta vida humana insensata que ama la guerra y la destrucción en masa".
Es momento de cambiar de perspectiva. Donde decimos progreso, escribamos agotamiento de recursos. Donde vemos crecimiento poblacional pongamos descontrol. Evolución por devolución, éxito por decadencia. Nos autofagocitamos como especie. La tierra no soporta nuestro ritmo. La disyuntiva es simple: morir definitivamente o reciclarnos. Una pregunta queda en el aire: ¿existe ya la semilla de esos nuevos humanos? Igual que la raza neandertal convivió con el homo sapiens hasta su total desaparición, es posible que existan ya humanos que han superado su conducta individualista, territorial y homínida. A nuestro lado puede haber personas que se apoyan en el espíritu de grupo, la simbiosis y la mezcla; una nueva raza dotada de nuevos genes. Ya sucedió hace millones de años, ¿no es posible que estemos asistiendo ya a un salto evolutivo? §

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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