Boicot a la Ley de Dependencia
Ana
Muñoz(*)
En
Madrid, nadie ha recibido aún ningún servicio o prestación de la Ley de
Dependencia, aprobada en 2006 por el Parlamento español. Esta es la
denuncia del Partido Socialista (PSOE), impulsor de que se aprobara esa
norma. En la capital de España, más de 23.000 personas estarían en
situación de dependencia grave y, por lo tanto, tendrían que ser los
primeros en recibir apoyos a través de la Ley. Sin embargo, según
denuncia el partido político, sólo un 3% de expedientes se han iniciado.
En el resto de España, ya son más de 130.000 personas las que reciben
ayudas y servicios adecuados a su situación de dependencia.
La Ley de Dependencia se presentó como el reconocimiento de un derecho
humano: acceder a los cuidados necesarios para tener una vida digna.
Miles de personas aplaudimos esta norma que se convertía en el "Cuarto
Pilar del Estado de bienestar", junto a la educación, la sanidad y las
pensiones. Sin embargo, los intereses políticos de los partidos, de las
Comunidades Autónomas, etc. han triunfado por encima de los derechos de
aquellos que más lo necesitan. Una vez más, las diferencias entre la
clase política hacen que los ciudadanos sean quienes "paguen los platos
rotos". Esta situación hace que los ciudadanos españoles no sean iguales
y que sus derechos no sean los mismos según en el territorio en el que
estén. Así, un andaluz o extremeño dependiente no es igual a otro
madrileño. La diferencia: los primeros ya reciben ayudas y servicios por
su situación y el madrileño, aún no.
Las prestaciones que la Ley contempla incluyen ayudas a domicilio,
teleasistencia, construcción de nuevos centros de día, más plazas en
residencias y ayudas a las familias que se dedican por completo a cuidar
de sus enfermos, mayores o discapacitados.
En España, más de un millón de personas no pueden valerse por sí mismas
y menos del 7% de las familias que cuidaban a personas dependientes
recibían algún tipo de apoyo de la Administración Pública antes de que
la Ley de Dependencia entrase en vigor. Para desarrollar al completo la
Ley, el Gobierno español tendrá que dedicar más de 26.000 millones hasta
2015 en el sector de la asistencia social para personas mayores y/o
discapacitadas.
Para la Comunidad de Madrid, por ejemplo, esta nueva situación abre
nuevas posibilidades de negocio. En Madrid, hay más de 170.000 personas
mayores de 65 años que, probablemente, necesitarán de ayudas en el
futuro. Así, desde la Administración madrileña se habla de las nuevas
oportunidades que existen para la "iniciativa privada". Los mayores, los
enfermos y las personas con discapacidades severas se convierten, de
este modo, en un "gran negocio". No sólo para empresas que se dedican a
la atención y a los servicios sociales, también se abren posibilidades
para aseguradoras, bancos, constructoras. Y todos ellos quieren un trozo
del pastel.
Sin embargo, un sistema público de servicios sociales es fundamental
para que los principios de solidaridad, de justicia social y de
universalidad no queden por detrás del beneficio económico que buscan
las empresas. Ni tampoco es justo que el cuidado de las personas mayores
o dependientes recaiga en las familias, en un 83% en la mujer. Hoy las
mujeres trabajan fuera de sus casas y no tienen que dejar a un lado su
carrera profesional para cuidar a sus padres o a un hijo discapacitado.
Gracias a leyes como la española la asistencia y el cuidado han dejado
de ser un privilegio y han pasado a ser un derecho: todas aquellas
personas dependientes tienen derecho a una atención profesional para
llevar una vida lo más digna posible. Y por ello, no puede haber
ciudadanos de primera y de segunda, algo a lo que obliga el hecho de que
la Ley de Dependencia no se dé por igual en todo el territorio español.
§
(*) Periodista. Centro
Colaboraciones Solidarias