La vagancia visible
(El trabajo
oculto)
Mikel Agirregabiria Agirre(*)
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En
horario de máxima audiencia sólo se visualizan indolentes
vagos profesionales, famosillos cuyo único mérito es el
desparpajo de vivir a costa de otros |
El
trabajo permanece vergonzantemente oculto en ámbitos cerrados y
privados, mientras la vagancia se exhibe descaradamente en espacios
públicos y abiertos. Mientras muchos sudan la gota gorda en la
profundidad de una mina picando carbón, otros muchos airean su holganza
por los parques de las ciudades.
La imagen global que se proyecta ante los más jóvenes es falsa,
privilegiándose el alarde de la vida regalada de algunos privilegiados
que inducen a su imitación, mientras que quienes denodadamente se afanan
preparando oposiciones, despiezando reses en un matadero o fabricando
piezas en un recóndito taller son personajes desconocidos, de cuya
existencia no se conoce detalle alguno.
Este desnivelado fenómeno no es sólo
perceptible en la vida real, sino que los medios de comunicación de
masas lo amplifican con insólito y perverso efecto. En horario de máxima
audiencia sólo se programan y visualizan la existencia de indolentes
vagos profesionales, famosillos cuyo único mérito es el desparpajo de
vivir a costa de otros.
Una perspectiva integral y completa de la realidad demostraría que
suelen y deben ser consecutivas ambas etapas, la del esfuerzo y la del
descanso. Sólo tras una fase invisible de estudio, de prácticas, de
voluntad, de energía aplicada y de años de oficio se merece y se
consigue un justo período de pausa, de descanso o de jubilación.
La próxima vez que circulemos por las calles en horario laboral y veamos
a viandantes de paseo o de turismo, imaginemos cuánto empeño pusieron
ellos anteriormente para alcanzar ese rato de asueto. Nada se logra sin
desvelo y merecimiento; incluso no se disfrutaría lo mismo si algo sólo
se lograse por casualidad o mediante atajos no basados en el mérito
propio. Sería recomendable destacar todo el trajín social necesario de
tantos trabajadores para que las cosas parezcan funcionar por sí solas.
Sólo para cuando desayunamos, ya ha intervenido (en la leche, cacao,
azúcar,…) más de medio mundo, entre agricultores de varios continentes,
transportistas, comerciantes,...
Todos, y especialmente los niños y jóvenes en formación, debiéramos ser
más conscientes de cómo el vivir en comunidad nos permite vivir tan
gratamente, gracias al esfuerzo coordinado de tantas personas,
profesiones y oficios, que armónicamente se organizan en lo que
constituye el nunca suficientemente valorado "milagro social".
(*) Educador •
www.blog.agirregabiria.net