Resulta que le llaman el síndrome del estómago lleno. Todo
son síndromes. Vivimos en la era del síndrome. En unos años,
con la evolución de la medicina, ya no tendremos
enfermedades reales, sino síndromes imaginarios, que es como
una dolencia venida a menos. El caso es que en este país en
pocas décadas hemos pasado de alimentarnos de pan, patatas y
leche, a comer lo que se llama "alimentos ociosos", es
decir, productos de hipermercado réquetemanufacturados. En
vez de leche de vaca, yogur con bífidus. Por eso las vacas
se vuelven locas. Y así, observemos la cesta de la compra:
el atún viene en dados, las aceitunas en arandelas y la masa
de bizcocho en sobre plateado, para que sea casero pero sin
pasarse. Seguro que ya hay niños que piensan que las
manzanas cuelgan del árbol en bandejitas blancas de
porexspán. Y además, de seis en seis. Cosas del progreso.
Los españoles, menos mercado y más
supermercado
Remedio para vagos
Luego, después de comer como ejemplares porcinos y ponernos
hasta las cejas de alimentos de bote saturados de grasas
trans y demás guarrerías, llega la hora del ejercicio. Qué
dolor. O eso, o tener un trasero del tamaño de toda la
provincia de Teruel, esté donde esté Teruel. Como mover
semejante masa corporal acumulada cuesta, se proponen
inventos como éste: una cinta como la del gimnasio
incorporada -no me pregunten cómo- a la mesa de trabajo.
Porque el tiempo, eso sí, no se puede perder, ni siquiera
para hacer deporte. Saquemos la calculadora: dos horas al
día gastando cien calorías por hora, nos da un total de
¡entre 19 y 31 kilos menos al año! Gran invento, que no
sabemos cómo repercutirá en el rendimiento laboral. No me
imagino trabajar con un gordito sudoroso haciendo kilómetros
y jadeando en la mesa de al lado, mientras prepara un
balance mensual. Qué enrevesado. ¿No sería mejor dejar de
comer porquerías? Vamos, es una idea.
Cómo hacer gimnasia en
el puesto de trabajo
Criaturitas
Es lo que paga un museo de ciencias naturales americano por
cada ejemplar vivo, recogido para una muestra que aspira a
reunir mil preciosos bichejos de estos para una exposición.
La responsable anima al personal diciendo que capturar
cucarachas es una actividad estupenda para los niños. Caza
de cucarachas en familia y el domingo. Conozco a una
persona, y no tengo que mirar muy lejos, que ni muerta se
pasearía por una exposición para contemplar un millar de
cucarachas. Mis disculpas al reino animal, pero la
curiosidad científica llega hasta lo cucarachil y ahí se
atasca. Espero no ofender a ningún entomólogo apasionado de
este bicho, que los habrá, de todo hay en la viña del señor,
pero he de decir que por mí esta especie podría extinguirse,
desaparecer de la faz de la tierra, volatilizarse, que mi
espíritu ecologista y conservacionista no se vería afectado
en absoluto. Pero no. Sepan que sobreviven a todo, desde el
cambio climático y hasta el impacto de un meteorito. La raza
humana se acabará pero ellas seguirán adelante. No hay quien
las extermine. Lo puedo asegurar.
Cucarachas a
25 céntimos
¿Todos un poco locos?
Pues eso, la mitad de la población, está un pelín
desequilibrada. La mayoría no quiere un tratamiento hasta
que la cosa se pone fea, porque eso de ir al psiquiatra da
mal rollo. La gente prefiere curarse en casa y con
aspirinas, cosa que vale para el dolor de cabeza, pero no
para la esquizofrenia o la depresión. Lo que habría que
saber es por qué cuanto más "civilizados" somos, más locos
nos volvemos; por qué aumentan los suicidios o por qué la
gente, sencillamente, está más triste y más sola cada día
que pasa.
Algo no está funcionando como debería. Quizá es el precio
del progreso. Quizá es un precio demasiado alto.
Más de la mitad de españoles padece un
trastorno mental en su vida
Para reflexionar
Qué triste ejemplo de lo anterior. Lo que propuso el chico
era sencillo: prometió escuchar a quien quisiera llamarlo.
Fíjense que ni siquiera habló de responder, sólo escuchar.
Uno puede pensar que se trata de algo sencillo, algo que se
puede encontrar más o menos cerca (vale, quizá rebuscando un
poco). Pero se ve que no. Lo cierto es que la mayoría de la
gente no tiene quien la escuche. No hay tiempo. No hay
ganas. No hay nada de nada. Sólo seres humanos vacíos. Por
eso últimamente tienen un éxito sorprendente iniciativas
como ésta, o como aquellas que prometen un abrazo bien dado,
unos segundos de contacto físico estrecho y desinteresado,
aunque sea con una persona desconocida.
Lo dicho, qué triste.
Recibe 5.000 llamadas después de poner
su número en YouTube
Si no te aguanta ni el perro…
Vean qué invento. Dado que es cosa de los japoneses, acabará
llegando a España. No se lo van a creer, pero la cosa es
así: en la imagen de la noticia aparece un salón de juegos
recreativos en el que hay una máquina, estilo cinta para
caminar. El usuario se sube y, justo delante, tiene un perro
de plástico, tipo barraca de feria, y una gran pantalla. El
usuario coge la correa del perro y comienza a andar en la
cinta, con los ojos pegados a la pantalla. Es un idílico
paseo. Si uno va muy deprisa, el chucho se cansa. Si vas
lento, se aburre. Hay que ir esquivando obstáculos y
evitando problemas con otros perros... Problemas virtuales
con perros inexistentes, claro.
Luego dicen que aumentan las enfermedades mentales. ¿Quién
está más enfermo, el que crea una cosa como ésta o el que la
usa? ¿Cómo vamos a mantener la cordura, si no dejamos de
alimentar lo contrario?
Pasear al perro de forma virtual
Obsesos
Y seguimos con los inventos. Nos faltaba algo
como esto. Para los que no lo sepan, parece que existe un
síndrome llamado "gamer widowhood", que traducido quiere decir
algo como "la viudedad del jugador". Afecta a algunos
adictos/-as a la consola que acaban perdiendo a sus respectivas
parejas, hartas ya sentirse abandonadas y sustituidas por un
videojuego. No es broma. Dicen que para alcanzar el nivel 60 de
World of Warcraft hacen falta seis meses y que no hay pareja que
lo resista. Hasta hay foros y grupos de apoyo en la red para
consolar a unos y a otros. En fin. ¿Solución? Cualquiera en su
sano juicio diría que abandonar las maquinitas. Pero no. Una
mente preclara ha ideado otro videojuego que consiste en ganar
puntos en la medida que se toca a la pareja del juego y se
acarician sus partes íntimas. Previamente se han acoplado unos
sensores para que la maquinita pueda registrar el toqueteo,
sumar puntos y así ir pasando de nivel, según el aparato
indique. Lo dicho. Tarados.
Un nuevo videojuego para que las
parejas se toquen
Todo es arte
Esto es mucho más natural, desde luego. ¿No hablan tanto del
placer de la lectura? Pues eso: placer y lectura. Hay que
atraer a la población hacia los libros. Hacia todos los
libros. Y ésta es una manera tan buena como otra cualquiera.
De hecho, posiblemente mejor. Apostaría ya mismo mi ejemplar
de El Quijote y todas sus telarañas, a que tiene más éxito
esta iniciativa que esos soporíferos maratones de lectura
quijotesca con los que Cervantes se sentirá muy homenajeado
en su tumba, pero lo que se dice promocionar, no creo yo que
promocionen mucho la pasión por la literatura. Vamos, que no
me imagino a un adolescente corriendo por el pasillo con la
urgencia de encontrar un ejemplar del hidalgo caballero.
Continuando con la pasión literaria, añadiremos que esto que
contamos lo van a hacer en Austria, poniendo un "teléfono
rosa" en el que por 0,39 € el minuto te ponen una ración de
textos eróticos y una tapa de estrofa. Nuestra enhorabuena
al padre de la idea. Seguro que los índices de visitas a la
biblioteca aumentarán… y quién sabe, en la estantería de al
lado pueden poner algo de Dostoyevsky. Seguro que alguien
pica.