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JUNIO 2007

El mundo al revés

Dime lo que comes…

Resulta que le llaman el síndrome del estómago lleno. Todo son síndromes. Vivimos en la era del síndrome. En unos años, con la evolución de la medicina, ya no tendremos enfermedades reales, sino síndromes imaginarios, que es como una dolencia venida a menos. El caso es que en este país en pocas décadas hemos pasado de alimentarnos de pan, patatas y leche, a comer lo que se llama "alimentos ociosos", es decir, productos de hipermercado réquetemanufacturados. En vez de leche de vaca, yogur con bífidus. Por eso las vacas se vuelven locas. Y así, observemos la cesta de la compra: el atún viene en dados, las aceitunas en arandelas y la masa de bizcocho en sobre plateado, para que sea casero pero sin pasarse. Seguro que ya hay niños que piensan que las manzanas cuelgan del árbol en bandejitas blancas de porexspán. Y además, de seis en seis. Cosas del progreso.

Los españoles, menos mercado y más supermercado

 

Remedio para vagos

Luego, después de comer como ejemplares porcinos y ponernos hasta las cejas de alimentos de bote saturados de grasas trans y demás guarrerías, llega la hora del ejercicio. Qué dolor. O eso, o tener un trasero del tamaño de toda la provincia de Teruel, esté donde esté Teruel. Como mover semejante masa corporal acumulada cuesta, se proponen inventos como éste: una cinta como la del gimnasio incorporada -no me pregunten cómo- a la mesa de trabajo. Porque el tiempo, eso sí, no se puede perder, ni siquiera para hacer deporte. Saquemos la calculadora: dos horas al día gastando cien calorías por hora, nos da un total de ¡entre 19 y 31 kilos menos al año! Gran invento, que no sabemos cómo repercutirá en el rendimiento laboral. No me imagino trabajar con un gordito sudoroso haciendo kilómetros y jadeando en la mesa de al lado, mientras prepara un balance mensual. Qué enrevesado. ¿No sería mejor dejar de comer porquerías? Vamos, es una idea.

Cómo hacer gimnasia en
el puesto de trabajo

 

Criaturitas

Es lo que paga un museo de ciencias naturales americano por cada ejemplar vivo, recogido para una muestra que aspira a reunir mil preciosos bichejos de estos para una exposición. La responsable anima al personal diciendo que capturar cucarachas es una actividad estupenda para los niños. Caza de cucarachas en familia y el domingo. Conozco a una persona, y no tengo que mirar muy lejos, que ni muerta se pasearía por una exposición para contemplar un millar de cucarachas. Mis disculpas al reino animal, pero la curiosidad científica llega hasta lo cucarachil y ahí se atasca. Espero no ofender a ningún entomólogo apasionado de este bicho, que los habrá, de todo hay en la viña del señor, pero he de decir que por mí esta especie podría extinguirse, desaparecer de la faz de la tierra, volatilizarse, que mi espíritu ecologista y conservacionista no se vería afectado en absoluto. Pero no. Sepan que sobreviven a todo, desde el cambio climático y hasta el impacto de un meteorito. La raza humana se acabará pero ellas seguirán adelante. No hay quien las extermine. Lo puedo asegurar.

Cucarachas a
25 céntimos

 

¿Todos un poco locos?

Pues eso, la mitad de la población, está un pelín desequilibrada. La mayoría no quiere un tratamiento hasta que la cosa se pone fea, porque eso de ir al psiquiatra da mal rollo. La gente prefiere curarse en casa y con aspirinas, cosa que vale para el dolor de cabeza, pero no para la esquizofrenia o la depresión. Lo que habría que saber es por qué cuanto más "civilizados" somos, más locos nos volvemos; por qué aumentan los suicidios o por qué la gente, sencillamente, está más triste y más sola cada día que pasa.
Algo no está funcionando como debería. Quizá es el precio del progreso. Quizá es un precio demasiado alto.

Más de la mitad de españoles padece un trastorno mental en su vida


Para reflexionar

Qué triste ejemplo de lo anterior. Lo que propuso el chico era sencillo: prometió escuchar a quien quisiera llamarlo. Fíjense que ni siquiera habló de responder, sólo escuchar. Uno puede pensar que se trata de algo sencillo, algo que se puede encontrar más o menos cerca (vale, quizá rebuscando un poco). Pero se ve que no. Lo cierto es que la mayoría de la gente no tiene quien la escuche. No hay tiempo. No hay ganas. No hay nada de nada. Sólo seres humanos vacíos. Por eso últimamente tienen un éxito sorprendente iniciativas como ésta, o como aquellas que prometen un abrazo bien dado, unos segundos de contacto físico estrecho y desinteresado, aunque sea con una persona desconocida.
Lo dicho, qué triste.

Recibe 5.000 llamadas después de poner su número en YouTube

 

Si no te aguanta ni el perro…

Vean qué invento. Dado que es cosa de los japoneses, acabará llegando a España. No se lo van a creer, pero la cosa es así: en la imagen de la noticia aparece un salón de juegos recreativos en el que hay una máquina, estilo cinta para caminar. El usuario se sube y, justo delante, tiene un perro de plástico, tipo barraca de feria, y una gran pantalla. El usuario coge la correa del perro y comienza a andar en la cinta, con los ojos pegados a la pantalla. Es un idílico paseo. Si uno va muy deprisa, el chucho se cansa. Si vas lento, se aburre. Hay que ir esquivando obstáculos y evitando problemas con otros perros... Problemas virtuales con perros inexistentes, claro.
Luego dicen que aumentan las enfermedades mentales. ¿Quién está más enfermo, el que crea una cosa como ésta o el que la usa? ¿Cómo vamos a mantener la cordura, si no dejamos de alimentar lo contrario?

Pasear al perro de forma virtual

 

Obsesos

Y seguimos con los inventos. Nos faltaba algo como esto. Para los que no lo sepan, parece que existe un síndrome llamado "gamer widowhood", que traducido quiere decir algo como "la viudedad del jugador". Afecta a algunos adictos/-as a la consola que acaban perdiendo a sus respectivas parejas, hartas ya sentirse abandonadas y sustituidas por un videojuego. No es broma. Dicen que para alcanzar el nivel 60 de World of Warcraft hacen falta seis meses y que no hay pareja que lo resista. Hasta hay foros y grupos de apoyo en la red para consolar a unos y a otros. En fin. ¿Solución? Cualquiera en su sano juicio diría que abandonar las maquinitas. Pero no. Una mente preclara ha ideado otro videojuego que consiste en ganar puntos en la medida que se toca a la pareja del juego y se acarician sus partes íntimas. Previamente se han acoplado unos sensores para que la maquinita pueda registrar el toqueteo, sumar puntos y así ir pasando de nivel, según el aparato indique. Lo dicho. Tarados.

Un nuevo videojuego para que las parejas se toquen

 

Todo es arte

Esto es mucho más natural, desde luego. ¿No hablan tanto del placer de la lectura? Pues eso: placer y lectura. Hay que atraer a la población hacia los libros. Hacia todos los libros. Y ésta es una manera tan buena como otra cualquiera. De hecho, posiblemente mejor. Apostaría ya mismo mi ejemplar de El Quijote y todas sus telarañas, a que tiene más éxito esta iniciativa que esos soporíferos maratones de lectura quijotesca con los que Cervantes se sentirá muy homenajeado en su tumba, pero lo que se dice promocionar, no creo yo que promocionen mucho la pasión por la literatura. Vamos, que no me imagino a un adolescente corriendo por el pasillo con la urgencia de encontrar un ejemplar del hidalgo caballero.
Continuando con la pasión literaria, añadiremos que esto que contamos lo van a hacer en Austria, poniendo un "teléfono rosa" en el que por 0,39 € el minuto te ponen una ración de textos eróticos y una tapa de estrofa. Nuestra enhorabuena al padre de la idea. Seguro que los índices de visitas a la biblioteca aumentarán… y quién sabe, en la estantería de al lado pueden poner algo de Dostoyevsky. Seguro que alguien pica.

Una biblioteca promociona
las obras eróticas

 

   

   
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Última revisión: octubre 27, 2008. 
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