-En nuestro
país tu imagen está muy asociada a tu pasado musical. ¿Quién es hoy
Cristina del Valle?
-Hoy Cristina del Valle es una mujer adulta que ha vivido muchas
cosas, y que ha tenido el privilegio de poder desarrollar su vocación
musical, convirtiéndola en su forma de vida. Y sobre todo ha sido una
mujer profundamente inquieta que no se ha quedado nunca en ningún lugar
y que ha estado buscando siempre. En esa búsqueda ha ido evolucionando y
cambiando y ahora se encuentra en un camino donde, creo que de una
manera definitiva, ha logrado aunar su vida personal con su música.
Ambas son ya la misma cosa.
-¿Es
posible percibir en el disco cualidades musicales diferentes, al
participar sólo mujeres?
-Sin duda. Hace mucho tiempo que trabajo con mujeres y me encuentro
en un espacio donde me siento traducida, comprendida y entendida. No
necesitas ni explicar cómo hay que trabajar. Se viven estructuras
totalmente diferentes donde todo lo que la gente aporta es valioso,
donde no hay esa visión jerárquica en la que alguien manda y las ideas
son impuestas. Yo he aprendido a trabajar mucho desde la practicidad que
tienen las mujeres, desde la inmediatez y la confianza. Y luego está la
sensibilidad, porque el campo de lo emocional es algo que está muy
desarrollado por las mujeres. Y eso en el arte se respira muchísimo.
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"Con las mujeres me
encuentro en un espacio donde me siento traducida,
comprendida y entendida" |
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-El disco
muestra la música y las vidas unidas ‘de norte a sur’. ¿Qué nos estamos
perdiendo al dividir constantemente el mundo, separándolo en porciones?
-Nos perdemos el conocimiento del otro en lo profundo, el
aprendizaje de la diversidad. Nos perdemos el descubrir que lo diferente
es enriquecedor y que no debe temerse. Nos perdemos esa visión abierta a
otras realidades del mundo que nos ayudarían muchísimo a entender, a
abrir nuestra mente, a ser libres, porque al final la información y el
conocimiento te convierten en un ser libre. A quitar el miedo, a
quitarnos la ignorancia y sobre todo a encontrarnos a nosotros mismos,
porque te das cuenta que las diferencias culturales o físicas no
condicionan nada. Al final todos somos seres humanos y cuando recorres
el mundo aprendes que es circunstancial el espacio y el momento en el
que está una persona. Hay que quitar el reducido cliché con el que
analizamos el mundo.
-"La música
es un círculo, que se expande sin abandonar su centro", escribe Ana
Rossetti para el disco. ¿En qué se asemeja esta descripción a la mujer?
-Efectivamente, tiene muchísimo que ver. La mujer se expande a
través de la capacidad que tiene de dar vida. Y su esencia es capaz de
transformar el mundo a través de todas sus raíces, que son todas las
mujeres. Es como la tierra, que está en constante movimiento, en
crecimiento, que está viva y siempre en equilibrio. La mujer siempre
está en el centro de la vida y ha luchado por ella, pese a estar alejada
del acceso a la tierra, la economía y los derechos. Y eso lo demuestra
el hecho de que las mujeres a lo largo de la historia siempre han
hablado de paz, de negociación, de entendimiento. En situaciones
extremas, donde los hombres eligen la violencia como una forma de
resolver cualquier conflicto, ellas optan por el diálogo y desde luego
por el trabajo en comunidad, el trabajo cooperativo. /