El interés de los bancos
Jorge Planelló
(*)
Es
conocida la expresión de que los bancos te dan el paragüas cuando no
llueve y cuando llueve te lo quitan. Hasta tal punto llega nuestra
dependencia que sin ellos sería impensable realizar actividades tan
cotidianas como pagar los recibos de la luz y del agua o cobrar el
sueldo.
Esta relación altera la esencia de un servicio, que se basa en un
intercambio equitativo, y lo convierte en servidumbre al despertar en la
sociedad necesidades superfluas. No contentos con invertir el dinero que
sus clientes les han confiado, los bancos imponen intereses siempre que
hacen de intermediarios, como al sacar dinero de un cajero o al recibir
la correspondencia.
La realidad demuestra que es posible tener una motivación que no se rija
sólo por la ley del máximo beneficio. Por esta razón se le concedió el
Premio Nobel a Yunus, el fundador del banco de los pobres, que presta
dinero sin interés con el fin de ayudar a sus clientes a emprender
pequeñas iniciativas para escapar de la pobreza.
En un intento por recuperar el prestigio perdido, los bancos han
creado fundaciones para promover el desarrollo social, sin comprender
que la solidaridad no es cuestión de imagen, sino un compromiso que
comienza a la vuelta de la esquina con mejores condiciones laborales
para los empleados. Por eso, a menudo sus acciones contradicen las
buenas palabras, como en el caso de la oferta pública de adquisición de
acciones sobre una entidad holandesa, formulada por el Banco de
Santander, el Royal Bank of Scotland y Fortis. De hacerse efectiva, diez
mil personas se quedarían sin puesto de trabajo, a pesar de los
millonarios beneficios de los bancos y de que tengan más poder que nunca
para absorber a otros grupos.
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Los bancos han creado fundaciones para promover el
desarrollo social, sin comprender que la solidaridad no es
sólo cuestión de imagen |
Esta
falta de coherencia también se da en otros sectores. Fue noticia el caso
de las petroleras que contabilizaban reservas ajenas o que presionaron
contra las medidas del gobierno boliviano para aliviar la pobreza del
país, a la vez que promovían programas de desarrollo en América Latina.
La influencia tanto de las entidades financieras como de las
multinacionales energéticas es significativa. Una veintena de las cien
mayores corporaciones del mundo se dedican a estos sectores. No es de
extrañar que vayan a la caza de consejeros que les permitan ampliar sus
negocios y beneficios. Es el caso del ex presidente del gobierno
español, José María Aznar, quien ha fichado por una compañía de
inversiones que opera desde paraísos fiscales y que niega buscar el
tráfico de influencias. O también del ex canciller alemán Schröeder,
quien poco después de dejar su puesto se incorporó como Presidente del
Consejo de Vigilancia del consorcio Gazprom. Por la regla del cuanto más
mejor, han preferido ser consejeros de multinacionales antes que
utilizar su experiencia acumulada para mejorar la situación de sus
países. Lo irónico es que Aznar, por ejemplo, disfruta como ex
presidente de un gran sueldo y de otros beneficios con cargo a los
presupuestos del Estado. Otra actitud ha tenido Ricardo Lagos, ex
Presidente de Chile, que ahora es el representante del secretario
general de la ONU para políticas de cambio climático.
El riesgo para el desarrollo es patente si los bancos siguen guiados por
el objetivo del máximo beneficio. En actividades tan importantes como el
envío de remesas la presencia bancaria es mínima, de ahí que de momento
se pueda hacer con agilidad y tarifas más baratas a través de empresas
especializadas. Diversos informes revelan la importancia de las remesas,
que en el mundo superan los 170.000 millones anuales, así como su mayor
eficacia de cara al desarrollo respecto a las ayudas a países
empobrecidos. Pero, como pronostica el periodista español Joaquín
Estefanía, la batalla por el control de este mercado no ha hecho más que
empezar.
Karl Marx analizó el interés desde una perspectiva económica, pero
ignoró que hay personas que emprenden iniciativas con diversas
motivaciones. Hay otros modelos más allá del banco de los pobres.
También las organizaciones de la sociedad civil se mueven por un
interés, aunque alejado del ánimo de lucro, sin renunciar al éxito y a
su estabilidad. §
(*) Periodista del Centro de Colaboraciones Solidarias.