Millones
a ritmo de rock
Javier García Ropero(*)
Descargarse
música o películas a través de Internet es legal. Así lo dice la
sentencia judicial que absolvió a un joven que tenía 6.780 álbumes de
música en su poder, todos conseguidos a través de las descargas
gratuitas de archivos en la Red. Las discográficas hacen ver que el
panorama musical en todo el mundo está en crisis. Nada más lejos de la
realidad. El negocio, está hecho.
Gigantes como Universal, Warner Bros., Sony o Televisa, han tenido que
adaptarse a una realidad cada vez más apabullante. Pagar 6 euros por ver
una película, o 20 por comprar un CD de música. Sobre todo, si se puede
hacer lo mismo sin moverse de casa y gratis. En el mundo, el 70% de los
que se conectan a Internet acuden a la descarga gratuita. La mayoría de
ellos son jóvenes, consumidores en potencia y la palabra "gratis" sólo
supone beneficio para una de las partes.
Los
detractores de este tipo de servicios argumentan que la descarga de
obras protegidas, aunque sean para uso particular, no son copias de
seguridad. Esta es la principal defensa de los acusados por supuestos
delitos contra la propiedad intelectual, además de que las descargas se
realizan sin ánimo de lucro. Los juzgados no paran de dar la razón a
estos últimos, por lo que las grandes multinacionales, discográficas y
productoras de cine tienen que mover ficha para que su negocio siga
generando beneficios.
Internet ha pasado a convertirse en un fenómeno social. Cada vez menos
personas en todo el mundo ven la televisión, escuchan la radio o leen
los periódicos. Todo se hace a través de la pantalla del ordenador y un
cable que abre todo un abanico de posibilidades. O si no, mediante un
teléfono móvil con conexión a Internet. Estamos hablando de un mercado
potencial de cientos de millones de personas. Por eso, cada vez son más
los que se anuncian en la red, los que permiten ver la televisión por
teléfono móvil o los que fomentan la descarga de canciones por una
módica aportación económica.
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Los juzgados no paran
de dar la razón a los usuarios, por lo que las grandes
multinacionales tienen que mover ficha para que su negocio
siga generando beneficios. |
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La primera
empresa que se dio cuenta fue Apple, que puso en marcha el servicio
I-tunes, para bajarse música pagando poco, que le ha reportado
beneficios millonarios. Sony y Universal Pictures dan una vuelta de
tuerca, y pondrán a disposición de los usuarios la descarga de películas
mediante el teléfono móvil por unos pocos dólares, y haciendo ver que
sus servicios son "más legales" que los que proporcionan lo mismo por
nada.
Pero el negocio en lo que va de siglo lo han hecho Chad Hurley, Steve
Chen y Jawed Karim, creadores de la web Youtube. Su venta a Google les
ha reportado 1.300 millones de euros. Su éxito radica en que da a los
internautas lo que estos demandan: rapidez, variedad, facilidad de
acceso y, lo más importante, gratuidad. Vídeos de música, clips de
películas, programas de televisión, series, todo al alcance de un botón.
Pero esto también le ha traído problemas, ya que ha sido denunciada
varias veces por violaciones de derechos de autor. Se han visto
obligados a eliminar más de 30.000 vídeos. La mayoría de casos han
surgido desde la multimillonaria adquisición de Google, algo que no es
casual. Las distribuidoras han visto un filón: o se les paga por
permitir que se cuelguen sus vídeos o Youtube tendrá que atenerse a las
consecuencias, denuncias e indemnizaciones. El pastel es tan grande que
ha tenido que indemnizar a Sony, Universal y Warner Music con más de 50
millones de dólares en acciones y la seguridad de ganar sustanciosas
cifras de dinero en concepto de publicidad en la web.
Lo que en principio era poco menos que un pecado capital se convierte en
una vía de ingresos para todos. Internet es una fuente de dinero de la
que sólo se ha descubierto una pequeña parte. Unos ganarán millones y el
adolescente que se conecte a Internet y se descargue el último disco de
su grupo favorito se ahorrará 20 euros y, además, se sentirá ganador de
una batalla contra discográficas, productoras y distribuidoras
multimillonarias. Nunca un botón dio tanto poder. ∆
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