Soy Diosa y
soy mujer. Pero no soy la mujer que te imaginas. Ni tampoco la que conoces o
la que eres tú. Soy la mujer-Diosa. La que vive la plenitud de su
naturaleza.
La que es fiel a sí misma y a su Creador. La que
no se ha vendido al hombre o al "Dios" del hombre. La que nunca ha
claudicado.
He sabido entender quién soy, qué significo en Su mente, por qué existo
y para qué. Y con ello me he sentido completa, llena, realizada.
He sabido que soy hija y madre, parte y todo, origen y fin.
Tampoco soy la mujer que tú has fabricado, hombre. Por eso no espero que
comprendas aún lo que soy, porque para comprenderme tendrías que volver
a nacer, morir a tu condición de dominante para aceptar tu realidad de
consecuencia, consecuencia de mí, resultado de mí, creación de mí.
Yo soy todo y tú eres parte. Y lo que más rechazas es que nunca serás
todo sin mí. No lo aceptas, no lo soportas. Pero es así.
Soy tu Diosa. Pero sólo me reconoces cuando el amor te nubla los
sentidos y despierta en ti tu lado femenino.
Entonces me adoras, me veneras, sueñas conmigo, lleno tus tiempos, sólo
existo yo en ti. Pero es sólo un estado temporal porque tu naturaleza te
puede, te domina, y el hombre resurge con fuerza desplazando a lo
femenino en ti y devolviéndote a lo que tú llamas realidad.
Pero al menos podrás decir que por un tiempo has sentido a la Diosa, a
la mujer-Diosa, aunque no has podido retener ese estado de consciencia,
eso que vosotros llamáis amor.
En realidad te vence el miedo, miedo a perder tu hombría, miedo a ser
"débil", miedo a ser dominado, miedo a vivir bajo el permanente amor que
conduce a la permanente libertad.
La verdad, la que te cuesta asumir, es que tienes miedo a aceptar lo que
ya sabes que es una realidad absoluta, y es que tú, hombre, eres parte
de mí, creado de mí, nacido de mí.
Yo soy tu Diosa, la que existe dentro de cada mujer, aunque ellas aún no
lo hayan descubierto.
Yo soy tu Diosa y tú sin mí no eres nada. Lo sabes y te asusta. Lo
necesitas y lo rechazas.
Por eso buscas en mí aquello que es más poderoso, mi energía sexual. La
necesitas tanto que te enloquece, que te domina, que te posee. Haces lo
que sea para conseguirla.
Pero yo la utilizo para conducirte al encuentro de tu realidad, aunque
si quisiera podría destruirte con ella.
Pero soy Diosa y conozco la verdad. Por eso la que fue durante tanto
tiempo tu esclava, la mujer, se convertirá en tu única puerta hacia la
libertad, tu libertad.
Pero para ello debes mirar dentro de ella y descubrir lo que posee que a
ti te falta, lo que te ha sido robado, lo que te hace incompleto.
Y ella, la mujer, también tiene que despertar a su realidad, a la Diosa
que está dormida en su interior, porque con ello lo transformará todo,
lo cambiará todo.
Yo soy Diosa y os digo que el mundo construido por el hombre se acaba.
Su tiempo se ha terminado.
Desde el Espacio donde yo existo contemplo y colaboro en la creación de
otro mundo diferente. Un mundo donde lo femenino sea el eslabón de la
vida, una vida nueva, un hombre nuevo, una mujer nueva.
Sé que aún no lo entiendes, pero soy todo lo
que tienes para liberarte de la cárcel del tiempo y renacer a la
plenitud del Espacio.
Soy tu camino, soy tu verdad, soy tu vida.
Soy Diosa y soy mujer. Pero no la mujer que tú conoces, no la mujer que
tú eres.
Pero lo sabrás, lo entenderás, lo serás. ∆