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El Ventano

Mi conclusión es que yo perdí el tiempo en la universidad para sacarme un título que nunca he usado, con lo bien que está la Formación Profesional. Hoy le pegas una patada a una piedra y te sale un licenciado; pero fontaneros, electricistas, mecánicos de coche… ésas son las profesiones del futuro.

OCTUBRE 2006

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De obras
POR ELENA F. VISPO

En cuanto llega el frío, en mi comunidad de vecinos hay bronca. Como la calefacción es comunitaria, y los biorritmos de cada uno son un mundo, no hay manera de ponerse de acuerdo en la temperatura comunal. La caldera se enciende el uno de octubre por decreto-ley, aunque estemos a treinta grados a la sombra, y el termostato se pone a todo lo que dé. Conclusión: ya puede estar nevando fuera, que en mi casa las ventanas están abiertas si no queremos arriesgarnos a un golpe de calor.
Ante semejante despilfarro, se ha decidido poner calefacción individual, y tirar de gas ciudad. Así, el que quiera asfixiarse, que lo pague. Eso supone: uno, hacer obras en la casa en general y dos, hacer obras en cada casa en particular. Conclusión: la hecatombe.
En un modelo de previsión con pocos precedentes en mi familia, en mi piso las obras ya están hechas. La mayoría de los vecinos están esperando a tener ánimos para enfrentarse a los obreros, lo cual probablemente no ocurra nunca, y teniendo en cuenta que el verano se acaba, pues aquí se va a montar la de dios es cristo. O prenden una hoguera en el salón o tendrán que venirse de refugiados a casa a pegar las manos al radiador.
Pero en fin, con más moral que el Alcoyano, en plena ola de calor de agosto los obreros entraban en mi casa. Tras una negociación previa en la cual se comprometieron a terminar en una semana (que tampoco era la obra del Escorial), nos llenaron el balcón de tubos de cobre y de herramientas, y empezaron a dar martillazos en las paredes. Un coñazo, pero todo iba más o menos como tenía que ir, hasta que el tercer día no aparecen. Preocupada ya, porque igual les había pasado algo, llamo y me explican: no, es que hoy no vamos. ¿Por? Bueno, una emergencia en no sé dónde, y claro, no nos va a dar tiempo. Al día siguiente la emergencia parece que sigue vigente, porque aquí no viene ni el tato, y por supuesto el tato no avisa. Y a partir de ahí entramos en la dinámica del clásico obrero español: ahora que estás empantanada y totalmente en mis manos, te vas a enterar. Total, yo cobro igual tarde lo que tarde. El día que aparecen le digo a uno: oye, apunta el teléfono y si no vais a venir me llamas y me organizo, que yo tengo más cosas que hacer. El tío saca de móvil y dice: no, si ya lo tengo. Pues bien que se nota, chaval.
A todo esto, un día me encuentro a un vecino en el ascensor, y para variar un poco de tema y no hablar del clima, le comento que tenemos la cabeza loca con el ruido del taladro. Y me cuenta: claro, es que como vamos a cambiar el sistema de la calefacción, hay que hacer obras. Y yo pensando: menos mal que me lo explicas, porque no entendía muy bien qué hacían esos señores agujereando las paredes de mi casa.
Total, que a las dos semanas habían terminado la instalación. El doble de tiempo del calculado no está mal: mi prima, que vive en las afueras, quiso hacer una piscina y al excavar le movieron los cimientos de la casa. Dos años estuvo conviviendo con los obreros, eran casi de la familia. El caso es que un día me dicen: bueno, nos vamos que esto ya está. Pues iros con dios, majetes. Pero luego me doy cuenta de que los tubos están puestos y los radiadores conectados, pero los agujeros siguen ahí. Porque en el contrato pone claramente que van a instalarlo todo, pero no dicen nada de tapar los agujeros. Así que ahora entre el plato de ducha y mi habitación hay una bayeta amarilla impidiendo que pase el agua. Y el problema ya ni es el dinero, es que no hay obrero que venga para hacer arreglar algo tan pequeño, que tienen obras de bastante más envergadura que atender.
Y así estamos. Estoy segura de que en algún momento del invierno descubriremos que las obras han cumplido su objetivo, pero de momento, más que merecer la pena, la dan. Mi conclusión, en cualquier caso, es que yo perdí el tiempo en la universidad para sacarme un título que nunca he usado, con lo bien que está la Formación Profesional. Hoy le pegas una patada a una piedra y te sale un licenciado; pero fontaneros, electricistas, mecánicos de coche… ésas son las profesiones del futuro. Son los que se sacan una pasta, entre otras cosas, gracias a las reformas de esta nuestra comunidad.
Y lo peor es que aún no han terminado, Dios nos asista. ∆

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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