Talón de
Aquiles del PSOE
Mikel Aguirregabiria
La
pacificación y normalización de Euskadi ha pasado a ser un tema de
segundo nivel en el panorama político general. La reactivación de la
"ka(le borro)ka" es una cuestión de interés casi limitada a los
periódicos vascos de gratuita difusión en sus portadas, o a columnas
aisladas de páginas interiores de diarios de pago. La cronificación de
la política vasca apenas resucita con noticias de tercer orden como la
opción, la que sea, de EA o las enésimas manifestaciones de Batasuna con
o sin aprobación de jueces-estrella con brillo declinante.
Hoy día sólo hay un peligro incontrolado para el PSOE, y bien lo saben
sus dirigentes. No se trata de la pujanza de un PP perdido y
petrificado, que sigue con el inmundo rollo de amarillismo sobre qué
pasó el 11-M, de si la mochila era de "Potxolo"... Siguen sin enterarse
que fue una tragedia propiciada por errores propios, que su
sobreactuación en mentir les perdió y que nunca vieron (y por tanto no
protegieron) su talón de Aquiles: El poder omnímodo de Aznar que miró
por sus intereses pro-Bush antes que seguir una política más europea y
neutral, en tantos y tantos ejes.
Tampoco es la cuestión catalana, casi amortizada a pesar de la
incertidumbre de las inmediatas elecciones. Su incierto resultado no
será decisivo en el panorama de las elecciones generales de 2008. El
resto de las reformas estatutarias camina sin mayores contratiempos, e
incluso con un sospechoso-sorprendente entendimiento con el PP a nivel
de las diferentes comunidades, especialmente en las no históricas.
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El gran leitmotiv
político del futuro a corto plazo es la avalancha
irreprimible de la inmigración. |
Los asuntos
claves son aquéllos que siguen un curso lento y largo, pero que siempre
desembocan en una convocatoria electoral. Los incendios en Galicia, por
ejemplo, pueden "calentar" un verano, pero sus rescoldos difícilmente
subsisten tras los subsiguientes otoño e invierno. El proceso de paz es
larguísimo y lentísimo, tanto que su desenlace tampoco mantiene el
interés en primer(a) plano(a).
Un motivo electoral determinante debe proyectarse en dimensiones
múltiples y en planos sociales diversos, de modo que alcance muy
directamente a grandes colectivos y sensibilidades del universo votante.
El electorado se mueve por sensaciones, y por reflexiones, de suerte que
su opción puede adoptarse en el último momento, pero siempre por el
hartazgo de una cuestión irresuelta durante largos períodos previos.
El gran leitmotiv político del futuro a corto plazo es la avalancha
irreprimible de la inmigración. Su gestión, evolución y fórmulas de
solución son argumentos cruciales para el desempate del binomio PSOE-PP.
Actuando a la contra, especialidad del PP contemporáneo, su estrategia
de desgaste puede procurarle réditos en muchas capas del electorado
español, en las cuales están brotando preocupantes señas de xenofobia.
Más difícil es la posición del PSOE, que le ha visto las orejas al lobo,
y que tras su fallido intento de neutralizar la amenaza mediante un
acuerdo con el PP, haría bien en buscar una envolvente con los demás
grupos políticos (nacionalistas, IU,.) a fin de volver a situar al PP en
su marginalidad, hasta que abandone posiciones numantinas de
aislamiento.
Una justa, eficaz y vigente política de inmigración habría de
construirse sobre las bases de un gran acuerdo estatal (dejando al PP
visiblemente fuera) y europeo, fijando posiciones comunes y abordando
globalmente un problema de semejante envergadura. El rumbo errático
demostrado ante tal desafío en la última década, por parte de gobiernos
del PP y del PSOE, merece ser enmendado. Se requieren acuerdos
internacionales, al menos desde la Unión Europea, con los principales
países de origen, ubicados en África y Sudamérica. Sobran medidas
reactivas en base a improvisación, con paliativos remedios parciales. Se
requiere perspectiva histórica, inusual solidaridad, inversiones
considerables, ingentes recursos educativos en origen y en destino y una
actitud proactiva sobre las causas más que sobre los efectos. Sólo así
dará comienzo un principio de resolución al mayor problema de
desequilibrio mundial de este siglo XXI. Se trata de un conflicto
planetario, pero con uno de sus principales síntomas instalado en los
territorios insulares y peninsulares del Estado español. ∆