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OPINION
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ORIENTE
MEDIO
¿Soldados en
el Líbano?
Carlos
Taibo(*)
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M e
preguntan a menudo en los últimos días si, ante la tragedia que acosa al
Líbano, también estoy en contra del despliegue de una fuerza de
interposición en el sur de ese atribulado país. ¿No es ésta -se me
espeta- una situación inequívoca en la que hay que apoyar sin fisuras
semejante despliegue?
Me permitirá el lector que por una vez lo libere de cualquier sesuda
consideración sobre el intervencionismo autodenominado humanitario, aun
a costa de reconocer que algunas situaciones extremas invitan a hacer la
vista gorda ante las dobleces que acompañan a aquél. Me temo, sin
embargo, que lo del Líbano obliga a discurrir por otro camino y a
aseverar con energía que la pregunta que se formula es tramposa donde
las haya.
Porque, y vaya mi réplica principal, ¿qué es lo que se ha hecho para
evitar que se alcanzase la situación de estas horas? ¿No resulta
evidente que las potencias occidentales han dado alas, en repetidas
ocasiones y de diversos modos, a las políticas criminales abrazadas por
Israel?
Las políticas
criminales de Israel
Y es que en este caso en modo alguno cabe hablar de una conducta
inesperada asumida por un agente de siempre moderado. El registro de
Israel es inapelable, y no voy demasiado atrás, de la mano de más de 700
niños y adolescentes palestinos muertos en los tres últimos lustros, de
la práctica cotidiana de la tortura, del castigo constante infligido a
los civiles y de orgullosas violaciones de la legalidad internacional.
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No nos engañemos: si Israel hace lo que hace es porque sus dirigentes
son plenamente conscientes de que nadie con peso -EEUU, la Unión
Europea- les va a parar los pies. |
Son estos hechos, por cierto, y no un fanatismo irreductible, los que
explican el crecimiento de Hizbulá y de Hamás. No nos engañemos: si
Israel hace lo que hace es porque sus dirigentes son plenamente
conscientes de que nadie con peso -EEUU, la Unión Europea- les va a
parar los pies. Los sucesivos gobiernos españoles, sin ir más lejos, han
mantenido incólumes las relaciones diplomáticas, han respetado el sinfín
de privilegios comerciales con que la UE obsequia a Israel, no le han
hecho ascos a la venta de armas a este último y han amparado el
desarrollo de maniobras militares conjuntas. En estas condiciones, que
el presidente José Luis Rodríguez Zapatero sea retratado como un
furibundo enemigo de las políticas de Olmert no deja de ser un triste
desafuero.
El círculo vicioso de la UE
Alguien dirá, cargado de
razón, que todas estas miserias lo son, en realidad, de la propia Unión
Europea, inmersa en un círculo vicioso en el que se dan cita una torcida
interpretación de los deberes de solidaridad y reparación que se derivan
del Holocausto, la sempiterna sumisión a Estados Unidos, el eco del
discurso neoconservador sobre el terrorismo y, claro, y aunque a menudo
se olvide, intereses propios bien palpables.
La UE se halla entrampada, por añadidura, en un lamentable callejón sin
salida: el legítimo designio de perfilar una diplomacia común se
materializa hoy en la llamativa anulación de las políticas propias de
los Estados miembros. Mientras unos se escudan en los otros para
justificar por qué no rompen un plato, tampoco emerge esa añorada
diplomacia conjunta, a menos que por ésta entendamos el pundonoroso
abrazo del silencio más cómplice.
Los que
bombardeamos somos nosotros
Como acostumbra a ocurrir en estos casos, uno puede apuntarse a dos
tesis que, diametralmente diferentes, recogen partes contrastadas de la
realidad. Israel es, por un lado, la punta de lanza de muchos intereses
occidentales, hasta el extremo de que parece legítimo afirmar que
quienes bombardeamos somos, en alguna medida, nosotros, de la misma
suerte que somos nosotros quienes, con infumable hipocresía, nos
aprestamos a desplegar contingentes pacificadores. Pero, y del otro lado
del espejo, la violencia sin límite que los gobernantes israelíes
profesan no hace sino acrecentar el caldo de cultivo de respuestas
desbocadas que amenazan, naturalmente, a la propia UE.
En este sentido, no puede sino indignar que la resolución aprobada por
el Consejo de Seguridad, bajo la estricta tutela norteamericana, reclame
la liberación inmediata de los soldados israelíes secuestrados pero nada
diga, en cambio, del millar de muertos, en su mayoría civiles, provocado
por los bombardeos del Tsahal.
Vayamos, con todo, a lo principal: lo ocurrido en el Líbano, y lo que
sucede hoy como ayer en Gaza y Cisjordania, no obedece a las secuelas
arrasadoras de un tsunami que escapa -supongamos que es así- a nuestra
responsabilidad y a nuestro control. Es el efecto, conscientemente
buscado, de una maquinaria de terror dirigida por humanos.
Lukashenko y Olmert
Hace unas semanas señalaba que no acierto a entender por qué la UE ha
prohibido la entrada en su territorio al presidente bielorruso
Lukashenko -cuyos pecados pasan por manipular elecciones y reprimir,
llegado el caso con saña, a la oposición-, mientras nuestros gobernantes
siguen acogiendo en palacios y aeropuertos a ese digno émulo de Bush
hijo, Olmert, sobre cuyos hombros pesan un millar de muertos y la
destrucción de un país entero. ¡Qué ironía que en esas condiciones me
pregunten si no me parece razonable el despliegue de una fuerza de
interposición en el Líbano meridional! ∆
(*) Profesor de Ciencia
Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Agencia de Información
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