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SEPTIEMBRE 2005


INTERNACIONAL

LA REFORMA DE LA ONU

Alejandro Teitelbaum
Foto: Nan
"En el debate actual en la ONU ya se está asistiendo al espectáculo habitual: se formulan propuestas y Estados Unidos dice NO"

Desde 1993 un Grupo de Trabajo de la ONU recibe propuestas de los Estados para introducir cambios en este organismo. En el curso de 2005 se pretende llegar a un acuerdo que reforme la ONU, como nos confirma el abogado Alejandro Teitelbaum, representante permanente de la Asociación Americana de Juristas ante la ONU en Ginebra.

-Las reformas de la Carta de la ONU, que permitiría cambios en este organismo internacional, ¿están sujetas a que alguno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad Permanente las puedan vetar?
-Cuando se habla de las reformas de la Carta de la ONU muchas veces se deja entender que las mismas pueden adoptarse y entrar en vigor con el voto afirmativo de al menos dos tercios de los Estados Miembros de la Asamblea General, donde no existe el derecho de veto. Pero en realidad no es así: para entrar en vigor, las reformas de la Carta de la ONU, una vez adoptadas por la Asamblea General por una mayoría de dos tercios de votos, deben ser ratificadas en el ámbito nacional por "las dos terceras partes de los Miembros de las Naciones Unidas, incluyendo a todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad", como dice en las frases finales del artículo 108 y del segundo párrafo del artículo 109 de la Carta de las Naciones Unidas. Es decir, que cualquiera de los cinco miembros permanentes puede VETAR la reforma no ratificando la misma en el ámbito nacional. En el debate actual en la ONU ya se está asistiendo al espectáculo habitual: se formulan propuestas y Estados Unidos dice NO. Puede suceder lo que ocurrió cuando se discutió en Roma el Estatuto de la Corte Penal Internacional: los Estados y las ONG se plegaron en cuatro para que Estados Unidos aceptara el Estatuto y finalmente la "superpotencia" no lo ratificó. De modo que se está frente a dos posibilidades: o todos los Estados se pliegan a las exigencias de Estados Unidos -y eventualmente de otros miembros permanentes- y en ese caso la reforma de la Carta sólo servirá para que todo quede igual o peor, o se busca una manera para salir de la "impasse" que significa la posibilidad del veto de cualquier miembro permanente por la vía de la no ratificación en el ámbito nacional.

-¿A qué puntos concretos se está negando Estados Unidos en las actuales negociaciones para la reforma?
-Estados Unidos no desea que se amplíe el "derecho de veto" a más países de los que lo poseen actualmente. Sólo acepta como nuevo miembro permanente a Japón, pero en general considera que no urgen o no son necesarias las reformas al Consejo de Seguridad. Está, en cambio, particularmente interesado en reemplazar a la Comisión de Derechos Humanos por un Consejo reducido, compuesto por personas reconocidamente "democráticas". Dicho de otra manera, reemplazar a la Comisión de Derechos Humanos por un grupo de personas que compartan la visión capitalista salvaje de la libertad y la democracia que Estados Unidos quiere imponer a escala planetaria a punta de misiles y "bombas inteligentes".

-Bush ha nombrado por decreto al halcón neoconservador John Bolton como nuevo embajador de EEUU ante la ONU. ¿Cómo cree que repercutirá su nombramiento en las inminentes reformas de la ONU?
-La reputación de Bolton como ultrarreaccionario intratable hasta ha bloqueado su aprobación en el Congreso. Bush ha hecho caso omiso de la oposición en el Parlamento y lo envió igual a la ONU. El empecinamiento de Bush -y seguramente de Condoleezza Rice- para nombrarlo, confirma la orientación agresiva y prepotente en política internacional de la administración estadounidense lo que, entre otras cosas, hará fracasar cualquier intento de reforma positiva en la ONU.

-Jurídicamente el Consejo de Seguridad carece de legitimidad desde 1991, cuando la URSS desapareció y Rusia -un nuevo país- impuso su presencia sin solicitarlo a la ONU. ¿Por qué este hecho no lo denuncia ningún país?
-Lo que yo llamo "el Golpe de Estado de 1991 en el Consejo de Seguridad" lo perpetraron las grandes potencias y los demás Estados guardaron silencio por una razón coyuntural: fue el momento en que el planeta pasó de bipolar a unipolar y todo el mundo pensó que la nueva situación perduraría indefinidamente. Hubiera sido necesaria una enorme dosis de clarividencia y de valor político para denunciar entonces ese golpe de Estado. Las circunstancias han cambiado en parte y cabría esperar que ahora, en ocasión del debate sobre las reformas, algún Estado o grupo de Estados ponga la cuestión sobre el tapete.

-¿Cuáles son sus propuestas para convertir la ONU en un organismo realmente democrático?
-Se debería restablecer el principio de igualdad soberana de todos los Estados, acordando a los países pequeños los mismos derechos y la misma participación en la adopción de decisiones que a las grandes potencias.
Es urgente reformar el Consejo de Seguridad aumentando el número de sus miembros a 24, seis por región (Africa, Asia y el Pacífico, Europa y América) con una distribución subregional equitativa y establecer la rotación periódica de todos sus miembros.
Habría que suprimir el "derecho de veto" y el sistema de miembros permanentes -en mi conocimiento, no hay propuestas estatales en ese sentido-. Las resoluciones deberían aprobarse por doble mayoría: de 20 Estados Miembros, a fin de asegurar que en la adopción de las decisiones estén representados Estados de las cuatro regiones y que representen por lo menos dos tercios de la población mundial.
En el caso de que una decisión no pueda ser adoptada por no reunirse las mayorías requeridas, el Consejo de Seguridad, por el voto afirmativo de una mayoría simple de Estados Miembros, debería poder decidir remitir la cuestión a la Asamblea General, la que podría decidir por la doble mayoría de dos tercios de Estados Miembros que representen por lo menos dos tercios de la población mundial.
Habría que establecer el control de legalidad de las decisiones del Consejo de Seguridad. La Corte Internacional de Justicia podría ser el organismo apropiado para efectuar dicho control.
La Comisión de Derechos Humanos podría ser elevada a la categoría de órgano principal de las Naciones Unidas, como lo es el Consejo Económico y Social, pero con las mismas características que éste: compuesto por representantes de los Estados de todas las regiones con una equitativa repartición subregional, elegidos por la Asamblea General y rotativos periódicamente. Pero no disminuir el número de sus miembros, como propone el Secretario General, sino, por el contrario, aumentarlos a 72: 18 por cada una de las cuatro regiones (África, Asia y el Pacífico, América y Europa).
En cuanto a la Asamblea General, su papel debería ser reforzado y valorizado, y podría comenzarse un proceso de democratización de la misma incorporando a las delegaciones estatales a representantes de los Parlamentos, de asociaciones profesionales, del medio académico y de otros sectores sociales, con voz y sin voto, como se puede interpretar que lo permite el artículo 9.2 de la Carta de las Naciones Unidas. ∆

   

   
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Última revisión: agosto 27, 2008. 
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