ás de 1.000
millones de dólares han llegado de 95 países de todo el mundo hasta
Washington para echar una mano en la reconstrucción tras el paso del
huracán Katrina por el Golfo de México. La reacción al desastre dejado
por el huracán en los estados sureños de Misisipí, Luisiana y Alabama no
se ha hecho esperar en la comunidad internacional. La OTAN y la Unión
Europea han respondido afirmativamente a la solicitud de ayuda enviada
por el presidente George Bush. Un desastre que, por la demora de
Washington en su gestión, ha levantado duras críticas contra la Casa
Blanca. Por una reacción tardía y porque, dice la comunidad
afroamericana, dos tercios de población negra y más de un 25% de pobres
entre los afectados han ralentizado la gestión de esta crisis. ¿Qué se
puede esperar entonces de la reacción ante la emergencia en otro Sur, el
africano, donde 10 millones de personas pasarán en noviembre a sufrir la
hambruna si no llega la ayuda internacional?
Cuatro millones de personas en Malawi, otros cuatro millones en
Zimbabwe, un millón en Zambia, 400.000 en Mozambique, 200.000 en
Suazilandia y 50.000 en Lesotho. El Programa Mundial de Alimentos (PMA)
de Naciones Unidas denuncia que si estos seis países, hoy en situación
de escasez de alimentos, no reciben ayuda inmediatamente, la escasez se
convertirá en hambruna para el periodo de carencia que va del mes de
diciembre al de abril.
Y para que eso no ocurra, informa el PMA en su servicio de noticias, se
necesitan cerca de 200 millones de dólares. Lejos de que llegue esta
cantidad - nada desorbitada -, el PMA ha sufrido un recorte en sus
fondos para esta emergencia de 187 millones de dólares. Emergencia que
bien recuerda a la del África Occidental de hace unas semanas, con Níger
a la cabeza de los más necesitados (Malí , Mauritania y Burkina Faso).
Este país, según los datos de Naciones Unidas, sólo ha recibido la mitad
del dinero comprometido cuando las imágenes de la miseria inundaron las
cabeceras de los informativos.
Se
recorta la ayuda al sur de África, mientras la crisis del
Katrina concentra la solidaridad internacional.
"Prevenir la catástrofe"
Son estas imágenes, precisamente, las que marcan el ritmo de la ayuda
humanitaria. "Como se ha visto con Níger - explica Peter Smerdon,
portavoz del PMA - hay un largo periodo de tiempo en el que no ocurre
nada. Entonces, las cámaras aparecen y todo se convierte en un asunto
político. Y la ayuda llega". A las palabras de Smerdon se unen las del
máximo responsable del PMA, James Morris, que pide a la comunidad
internacional que no espere hasta "el último minuto" como ha hecho con
el África Occidental; o las del propio secretario general de Naciones
Unidas, Kofi Annan, que ha solicitado a 27 jefes de Estado, a la
Comisión Europea y al Banco Africano de Desarrollo que envíen más fondos
para "prevenir la catástrofe".
Poco ha tenido que solicitar la Administración Bush, al cargo de la
primera potencia económica, para empezar a recibir las ofertas de ayuda
de una comunidad internacional responsable, esta vez: a países
desarrollados como Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España,
Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Reino
Unido y Suecia, se unen otros que no lo son tanto como Corea del Sur,
Bangladesh, Sri Lanka o las monarquías del Golfo Pérsico.
Y es que son pocos ya los que no saben que Nueva Orleans se encuentra en
el estado de Luisiana, al sur de Estados Unidos, puerto del río Misisipí
y salida al Golfo de México. Pocos ignoran que ha sido en los estados
del Golfo de México donde el huracán Katrina ha azotado con más fuerza.
A nadie se le escapa que, por el momento, la cifra de muertos supera los
600. El desastre de Katrina ha sido de primera clase y lo hemos visto en
directo.
Lo que no vemos es que, en el suroeste africano, la escasez de agua, la
sequía y los afectados por el VIH (la región con más adultos bajo el
azote del Sida) están haciendo transitar a millones de ciudadanos, que
viven bajo el umbral de la pobreza, de la carencia de alimentos a la
hambruna, terreno fértil para las enfermedades y la muerte silenciosa. A
esto se une que las pésimas cosechas que están recogiendo estos seis
países en emergencia (Malawi, Zimbabwe, Zambia, Mozambique, Suazilandia,
Lesotho) han subido los precios del maíz (en Malawi hasta un 50%) y
otros cereales básicos para su alimentación.
Sólo en las dos primeras semanas que siguieron al paso de Katrina, 1.000
millones de dólares llegaron a Washington en concepto de ayuda. Esa
misma cantidad es la que, en lo que va de 2005, ha reunido Naciones
Unidas para alimentar a 25 millones de africanos, cuando lo solicitado
en primera instancia era del doble. Ni vemos ni veremos, quizá hasta el
"último minuto", a esos africanos al borde de la hambruna. Aunque por lo
que dicen, allí, todos son negros. ∆
(*) Periodista. Agencia de Colaboraciones
Solidarias