El hermoso valor de la
diversidad Me
gusta pensar que todo el progreso humano tiene un antes y un después.
Hay tantas cosas que desconocemos, tantas adaptaciones, tanta lucha del
ser humano por sobrevivir que la facilidad para el consumo puede parecer
un momento de aceptables logros, pero nos conduce a un estancamiento. En
pleno siglo XXI, supuestamente uno de los momentos más gloriosos para la
ciencia y tecnología, las filosofías se convierten en manuales de
autoayuda abaratados en las grandes superficies de venta. Podemos leer
que entrar en la dimensión del átomo es casi como dar un paseo por
Alicia y su espejo. La vida se prolonga si la alimentación es adecuada y
el ejercicio físico se ajusta a patrones determinados. Las claves de
este siglo parecen dirigirse hacia ese "dar un paso hacia", pero si todo
se hace a la medida de "todos", parece que resulta mejor. Es la clave de
este siglo, aceptar las diferencias pero acomodar "todo" a un mismo
patrón de comportamientos, modos de vida y cumplimiento de valores. El
ser humano, en su naturaleza, ha luchado siempre por su diferencia, por
sus logros, por esos matices que han supuesto la creación de cultura y
mitos propios. No hablemos del lenguaje y de los símbolos, e incluso...
de los sueños. Cuando leo que se ha creado un banco de ADN de la tribu
Masai, sospecho que estamos a las puertas de la creación de un
monstruoso museo en el que todo debe quedar registrado. Ya no son los
viajes de cinco años para encontrar tortugas y aves con picos diferentes
en las Galápagos; ahora, vida se acumula en listados y estanterías en su
aspecto más "esencial". El hombre no se libra de esta nueva
clasificación, y las diferencias, ésas que fueron los soportes de la
diversidad, si no se desarrollan en un marco natural y propio, se van
extinguiendo, al igual que muchas especies, al igual que muchos seres
que han sido incapaces de adaptarse a este siglo XXI, un prodigioso
encuentro con lo nunca soñado.
Francisco Palacios
Estimado
director:
España es el país europeo, con diferencia, que más tiempo dedica a las
vacaciones escolares: casi 3 meses.
Una sociedad desarrollada no puede darse el lujo de tener a los
escolares 3 meses parados; personas que conformarán la sociedad el día
de mañana.
En primer lugar y más importante, el efecto psicológico en la persona no
es positivo, pues el parón escolar hace antinatural la vuelta al
colegio, cuando es algo tan sencillo como el proceso implícito de
aprender del ser humano.
Muchas veces nos quejamos de que España es el país del pelotazo, del
pasárselo bien, de los bares... pero en un proceso tan importante como
éste, que marca la conducta de la persona para siempre, se sigue sin
actuar.
Yo propongo como algo de sentido común que el parón escolar sea
únicamente de un mes: Alemania. Bélgica, Austria, Suiza...
No podemos seguir inculcando la idea de pereza a las personas que
conformarán la próxima sociedad y luego quejarnos de que nuestra
sociedad no está bien formada.
Por favor, no dejen esto por un falso problema de tiempos, si se quiere,
pues la necesidad está ahí, se debe reducir el parón escolar, pues esto
repercutirá fantásticamente en el futuro de la sociedad.
Luis Mariano
Moreno Ecija. Getafe. Madrid
Lo que deja el Katrina
La
catástrofe del Katrina está despertando por su magnitud y devastación
una serie de consideraciones cuyas consecuencias sólo se podrán
vislumbrar con el paso del tiempo. Reflexiones que en primer lugar ponen
de manifiesto la crudeza de ser pobre y los riesgos que supone carecer
de las mismas oportunidades. Además de las miles de víctimas mortales
que se calculan, el huracán ha dejado a los supervivientes la durísima
experiencia de perder en unas horas sus bienes y su trabajo. El
desastre, coinciden muchos análisis, ha mostrado las contradicciones de
un país socialmente muy dispar, con un crecimiento económico mal
repartido y una débil cobertura pública.
Se ha confirmado que hay Tercer Mundo en Estados Unidos, y que las
realidades infrasociales que se advierten desde hace muchos años en la
superpotencia, son también el resultado de una determinada cultura
política que arrincona la iniciativa pública, subestima una serie de
amenazas y amplifica otras.
Esta visión neoliberal, matices aparte, también se adivina en la
orientación del proceso de globalización internacional: minimalismo
público, incluso para sectores tan fundamentales como la educación, la
sanidad o la vivienda. La receta la enarbolan hasta determinados
organismos financieros que trabajan por el desarrollo. Aquí en Europa
también hay quien piensa que la época de las conquistas sociales ha
pasado a la historia.
No somos pocos los que pensamos que para luchar contra la pobreza, o
hacer frente con mejores garantías a catástrofes naturales tan
complicadas de gestionar, los gobiernos necesitan tanta sensibilidad
social como instrumentos para ponerla en práctica. La economía no puede
dejar de lado la protección de las personas ni de los intereses
colectivos, no por razones filantrópicas o compasivas, sino,
simplemente, de justicia y sostenibilidad.
José Javier Esparza.
Vocal de Comunicación de Arquitectos Sin Fronteras. Pamplona
Gracias
a Miguel Coppa, director de la Revista Fusión, por su oposición y
crítica constante a la invasión de Irak y las consecuencias que ello ha
traído a posteriori. Y gracias también por el artículo "En el nombre de
Dios" del 12.07.05 acerca de la posición de la Iglesia en este tema.