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MARZO 2005

OPINION

Tortura y rendición de cuentas en la "guerra contra el terrorismo"
Francisco Javier Fernández López(*)

La imagen de las Torres Gemelas alcanzadas por aviones comerciales secuestrados el 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en un icono del crimen contra la humanidad. Lo trágico es que la respuesta a las atrocidades de aquel día haya traído su propia iconografía de tortura, crueldad y degradación. La fotografía de un joven desnudo capturado en Afganistán, con los ojos vendados, esposado y con grilletes, y atado con cinta adhesiva industrial a una camilla. Imágenes de detenidos encapuchados sujetos al piso de un avión militar para ser trasladados desde Afganistán hasta el otro extremo del mundo. Fotografías de detenidos enjaulados en la base naval estadounidense de Guantánamo en Cuba, arrodillados delante de unos soldados, con grilletes, esposados, con el rostro cubierto y los ojos vendados. Imágenes en televisión de detenidos vestidos de color naranja, con grilletes en los pies, caminando hacia la sala de interrogatorios, o llevados hasta ahí en camillas con ruedas. Un detenido iraquí encapuchado sentado en la arena, rodeado de alambre de espino, que aprieta contra su pecho a su hijo de cuatro años. Y las fotos de Abu Ghraib: un detenido encapuchado, haciendo equilibrios encima de una caja, con los brazos extendidos y cables colgando de las manos con la amenaza de la tortura eléctrica; un hombre desnudo encogido de terror contra los barrotes de una celda mientras unos soldados lo amenazan con unos perros que gruñen; y soldados sonrientes, aparentemente seguros de su impunidad, junto a detenidos obligados a adoptar posturas sexualmente humillantes. Los Estados Unidos de América y el mundo recordarán durante muchos años estas y otras imágenes, iconos de la actuación de un gobierno que ha optado por negar a los derechos humanos su importancia fundamental.
La lucha contra la tortura y los malos tratos a manos de agentes del Estado exige un compromiso absoluto y una vigilancia constante. Exige un respeto estricto a las salvaguardias. Requiere una política de tolerancia cero. El gobierno de Estados Unidos ha fracasado estrepitosamente en este aspecto. En el mejor de los casos, ha establecido las condiciones para que se inflijan torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes al reducir las salvaguardias y no responder adecuadamente a las denuncias de abusos formuladas por Amnistía Internacional y otras personas y entidades desde los inicios de la "guerra contra el terrorismo". En el peor, ha autorizado el uso de técnicas de interrogatorio que incumplen abiertamente la obligación del país de rechazar la tortura y los malos tratos en cualquier circunstancia y en todo momento.
El gobierno estadounidense ha manifestado que se ha "comprometido enérgicamente" a trabajar con organizaciones no gubernamentales "para mejorar el cumplimiento de las normas internacionales de derechos humanos". Por su parte, el presidente George Bush ha declarado recientemente que Estados Unidos "apoya la labor de las organizaciones no gubernamentales para poner fin a la tortura y ayudar a las víctimas"
El gobierno estadounidense afirma estar comprometido con lo que llama "las exigencias no negociables de la dignidad humana" y estar a la cabeza de la lucha mundial contra la tortura. Sin embargo, la condena de la tortura y otros malos tratos formulada por un gobierno debe querer decir exactamente lo que dice. La condena del gobierno de Estados Unidos es muy endeble, como muestra la serie de memorandos gubernamentales que han salido a la luz desde que estalló el escándalo de Abu Ghraib. Estos documentos sugieren que, lejos de garantizar que la "guerra contra el terrorismo" se libraría sin recurrir a violaciones de derechos humanos, la administración estudiaba las formas en las que sus agentes pudieran eludir la prohibición internacional de la tortura y de los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Durante este tiempo, la voz del gobierno ha brillado por su ausencia en el debate público abierto en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 sobre si la tortura puede ser una respuesta aceptable al "terrorismo". Este silencio podría también delatar una oposición menos que absoluta a la tortura y los malos tratos.

La impunidad es un caldo de cultivo de la tortura y los malos tratos. Amnistía Internacional reclama que todas las denuncias de torturas en Irak, Afganistán o Guantánamo deben investigarse exhaustivamente.

En junio de 2004, en una de varias declaraciones realizadas por altos cargos de la ONU en respuesta a los "memorandos sobre la tortura" de Estados Unidos, el secretario general Kofi Annan subrayó la prohibición absoluta de la tortura y de otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. Recalcó que la prohibición es vinculante para todos los Estados, "en todos los territorios bajo su jurisdicción o control", y tanto en tiempo de guerra como de paz. Añadió: "La tortura tampoco es permisible cuando se la llama de otra forma. No se pueden utilizar eufemismos para eludir obligaciones legales".
Existe una tendencia, incluso entre las propias fuerzas armadas estadounidenses, a utilizar eufemismos para denominar ciertos aspectos de la guerra y la violencia. Los civiles que pierden la vida o resultan mutilados se convierten en "daños colaterales"; la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes son técnicas de "estrés y padecimiento"; y los presos "desaparecidos" se transforman en "detenidos fantasma". El recurso a los eufemismos cuando se trata de violaciones de derechos humanos podría promover su tolerancia. De modo similar, hay una llamativa reticencia entre los altos cargos del gobierno estadounidense a llamar "tortura" a lo que ocurrió en Abu Ghraib, que prefieren calificar de "abuso". Puede que los miembros de una administración que ha estudiado cómo forzar los límites de las técnicas de interrogatorio aceptables y cómo hacer para que sus agentes eludan la responsabilidad penal por la tortura tengan una reticencia especial a llamar la tortura por su nombre.
Sin embargo, esta reticencia es también síntoma de la tendencia de Estados Unidos a rechazar para sí las normas cuyo cumplimiento espera tan a menudo de otros. Las violaciones de derechos humanos, que el gobierno de Estados Unidos es tan reacio a llamar tortura cuando son cometidas por sus propios agentes, son calificadas de tal todos los años por el Departamento de Estado cuando se producen en otros países. Y mientras los informes del Departamento de Estado son contribuciones positivas a la lucha mundial a favor de los derechos humanos, este doble rasero socava en gran medida la credibilidad del discurso global de Estados Unidos sobre estos mismos derechos.
La impunidad es un caldo de cultivo de la tortura y los malos tratos. Amnistía Internacional reclama que todas las denuncias de torturas en Irak, Afganistán o Guantánamo deben investigarse exhaustivamente, incluidas todas las muertes bajo custodia. Los autores de estas violaciones de derechos humanos deben ser enjuiciados, preferiblemente por tribunales civiles ordinarios y no por tribunales militares, como actualmente reconoce un consenso internacional emergente Al mismo tiempo, Amnistía Internacional recuerda que deben establecerse y cumplirse las salvaguardias necesarias para prevenir cualquier reaparición de la tortura y que debe ponerse fin de inmediato a las detenciones secretas, así como al uso de la detención en régimen de incomunicación y de cualquier otra medida que viole los derechos humanos. ∆

(*) Amnistía Internacional - Asturias.

   

   
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Última revisión: agosto 26, 2008. 
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