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FEBRERO 2005

LA PAZ Y EL CONFLICTO
L a vida es la consecuencia del
encuentro entre dos fuerzas, entre dos corrientes de Energía, y de la Fusión
de ambas para el nacimiento de una nueva.
En todo ese largo y maravilloso proceso existe conflicto, existe muerte,
existe destrucción, y el resultado final es una nueva vida, es la Vida.
Y así ocurre desde la formación de una nueva estrella hasta el nacimiento de
un niño. Es la base sobre la que todo se construyó y se renueva día a día,
segundo a segundo, porque sólo existe vida si existe renovación, si existe
permanente movimiento. Y sólo existe movimiento si existe conflicto entre
dos opuestos, si existe lucha, si existe decisión y voluntad de continuar,
de vivir.
La Vida, por tanto, surge, evoluciona y se mantiene sobre la base del
permanente conflicto.
¿Qué es entonces la paz? ¿Por qué el hombre persigue y busca siempre la paz?
¿Por qué nunca la encuentra?
Sencillamente porque no existe. La paz, como la tan nombrada y soñada
felicidad, es una quimera, una ilusión inventada por el hombre para escapar
de la aceptación del conflicto como base de la existencia, como agente
creador de nuevos estados de vida, de evolución, aunque sólo temporales,
pasajeros.
Nunca el ser humano ha encontrado un estado, un nivel, permanente de paz.
Eso es una evidencia. Pero sí ha conseguido periodos entre conflictos que ha
aprovechado para evolucionar, progresar, aunque esos mismos periodos
llevaban y llevan el germen del próximo conflicto.
¿Está entonces el hombre "condenado" a vivir en permanente conflicto? Sí,
sólo que no es ninguna condena, es sencillamente algo necesario para
evolucionar.
Pero no se debe confundir el conflicto inherente a la misma vida con la
actitud de los hombres en el desarrollo del conflicto. Ambos aspectos son
diferentes, aunque uno se nutre del otro. El ser humano, en su estado actual
evolutivo, vive prisionero del egoísmo, de la avaricia, de la envidia, de la
mentira, del orgullo. Todo ello le conduce a actuar sin control, sin dominio
de su propia energía, contra su hermano. Y cuanto mayor es el conflicto
existente más degradante es su actitud.
Pero ésa es una circunstancia de la condición humana, no una consecuencia
del conflicto generado por el movimiento cíclico de la vida, de la
existencia.
Jesús dijo... "He venido a traer la guerra, no la paz". ¿Cómo es posible que
el máximo embajador del Amor diga esas palabras? Pues sencillamente porque
él conocía las claves de la vida y sabía que su mensaje enfrentaría a los
hombres, que la humanidad, al evolucionar hacia la comprensión y práctica
del Amor, cosa por cierto que aún no se culminó, viviría el mayor de los
conflictos, algo similar a lo que ocurre en el adolescente cuando comienza a
despertar en él la Fuerza de la vida.
La paz, por tanto, no es un fin en sí mismo. No es un objetivo, tal y como
se empeñan los hombres, sobre todo los políticos y los representantes de las
distintas religiones.
Sí debería ser un objetivo educar a las masas en la comprensión del
conflicto existente, implícito en la vida, porque así lo aprovecharían para
crecer, para evolucionar, para descubrir, incluso, nuevas formas de
relacionarse, de vivir, tal y como ocurre en la naturaleza que nos rodea y
que vive en sí misma el más "salvaje" y permanente conflicto que existe en
la creación.
El hombre debería aprender a cogerse de la mano en la aceptación,
comprensión y utilización de la energía emanada del conflicto, porque ahí es
donde se originan los verdaderos pactos, donde surgen las más profundas
"humanidades", donde se muestra en toda su dimensión, el valor, el coraje,
la Fuerza, la fraternidad y el Amor de la criatura hombre.
Mientras la humanidad sueñe, anhele, la paz, estará persiguiendo un
fantasma.
Cuando la humanidad acepte que la Vida es permanente conflicto habrá
descubierto la clave del Creador, Su Naturaleza, y habrá encontrado el
auténtico sentido de la Existencia. ∆ |
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