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CONTRAPUNTO

 La naturaleza responde atacando ahí donde más duele. Sí, efectivamente, justo ahí. En el punto centro de la masculinidad: dicen los expertos que los hombres se están volviendo estériles.

ENERO 2005

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ELEGANTE VENGANZA
POR CAROLINA FERNANDEZ

Erase una vez un bonito planeta azul en un rinconcito del cosmos. Un sitio ideal para instalarse, pequeño y acogedor, vistas espléndidas, buena temperatura, cercanía al centro del sistema, varios continentes a elegir, perfectamente equipado con sus ríos, sus mares, sus montañas, aire limpio y fresquito para respirar, sol, arena, hielo, fuego, selvas llenas de árboles y frutas, además de una amplia variedad de peces, pájaros, reptiles, mamíferos y otros bichejos conviviendo en un equilibrio salvaje y armónico. Perfecto.
Y entonces llegaron los nuevos inquilinos. Es decir la raza humana. Al principio, dado que estas nuevas criaturas se vieron ampliamente desbordadas por la belleza y la dureza del entorno, no tuvieron más remedio que esforzarse por entender sus leyes y respetarlas, acoplándose a ellas de la mejor manera posible, luchando por conquistar cada segundo de supervivencia. Poco a poco fueron mejorando su calidad de vida a base de ingeniosos instrumentos, cada vez más perfeccionados, que hicieron posible que la nueva criatura escalase poco a poco por la pirámide alimenticia hasta colocarse en la cima. Ganó en dominio sobre el entorno natural y sobre las otras especies con las que compartía suelo. La balanza empezó a desequilibrarse.
La nueva criatura no era uno, sino dos. El y ella. Se dice que ella tuvo la nefasta idea de hincarle el diente a una manzana, de modo que como lógica consecuencia la desgracia cayó sobre el mundo en general, y sobre ella en particular. Pagó durante siglos el desliz alimentario, y por supuesto quedó de lado en la construcción del mundo, que a partir de entonces, se tiñó casi únicamente de masculino. Y creció el desequilibrio.
El hombre se lanzó a la conquista del planeta, que ya no era sólo un lugar donde vivir, sino una tierra para conquistar llena de tesoros para poseer. El mundo a partir de entonces comenzó a construirse cojo, alrededor de valores masculinos que basan el desarrollo social, político y económico en la invasión, la conquista, la imposición, la intransigencia, la fuerza bruta frente al diálogo, el egoísmo frente al reparto equitativo, la guerra frente a la paz. Despreció la otra cara de la moneda, el aspecto femenino, la sensibilidad, la generosidad, el equilibrio, la unidad, el instinto de protección, el respeto por la Tierra.
El modo de vida, encaminado hacia la perfección del estado de bienestar de unos pocos a costa de muchos, es claramente un desastre. Tenemos un planeta esquilmado, mares-vertedero cada vez más vacíos de vida, hielos que se derriten, animales que se extinguen, un agujero en la capa de ozono que nos deja desprotegidos frente al cosmos, bosques pelados, tierras estériles, un cambio climático en ciernes del que todavía desconocemos las consecuencias, un aire cada vez más irrespirable, ríos de agua sucia, ciudades gigantes en las que vivir es un proceso biológico antinatural. Podría decirse que a nuestro planeta Tierra, víctima de un modelo exclusivamente masculino, poco le queda ya por exprimir.
Pero la naturaleza se defiende. Por un lado, tenemos el incremento espectacular de los fenómenos naturales -"desastres" naturales, los llamamos-, que unos achacan al cambio climático, y que otros aún niegan pese a las evidencias; sea como sea, son formas de devolver el equilibrio perdido. Y por otro lado, tenemos sutilezas geniales, pequeñas venganzas menos perceptibles aparentemente, de una efectividad demoledora. Por ejemplo: ante la masiva industrialización, la contaminación, el sedentarismo, el estrés, la invasión de sustancias tóxicas que se encuentran agazapadas en miles de productos de uso doméstico y profesional, como disolventes, detergentes, jabones, pinturas, grasas y hasta cremas corporales, la naturaleza responde atacando ahí donde más duele. Sí, efectivamente, justo ahí. En el punto centro de la masculinidad: dicen los expertos que los hombres se están volviendo estériles. No de golpe, claro, sino poco a poco. Desde hace unos 50 años la producción de espermatozoides, minúscula celulita imprescindible para la reproducción de la especie, está descendiendo en picado. El esperma es más escaso y de peor calidad, y crece el número de espermatozoides anormales, morfológicamente tarados, extrañamente reducidos y con problemas de movilidad. Cada vez es más frecuente que hombres que desean ser padres tarden en conseguirlo, cuando antes daban en el centro de la diana a la primera y con redoble de tambores. Es un golpe bajo, nunca mejor dicho, puesto que, según manda la tradición masculina, la esterilidad ha sido siempre un problema exclusivamente femenino que volvía a la mujer un ser poco menos que inservible, puesto que su principal función para la sociedad era la reproducción de la especie. Y un golpe genial, además, por lo que tiene de irónico, porque ataca al centro de la "hombría", el poder masculino, porque para ellos (entiéndase en general, no se me ofendan), forma, tamaño y potencia son valores fundamentales que jamás deben ser cuestionados. Basta fijarse en la cantidad de publicidad que circula por internet dedicada exclusivamente a estos temas del bajo vientre. El asunto importa, y mucho, así que esta broma de la Madre Naturaleza ¿no es una genialidad? Sólo el hecho de cuestionar la capacidad reproductiva de nuestros maromos supone un duro golpe para el orgullo macho, que desde siempre confunde esterilidad con impotencia, y cualquiera de las dos provoca pánico.
Y así están las cosas. Aquello de estrellar un meteorito, como cuando se fulminó a los dinosaurios, es un método arcaico. Es mejor por lo bajo y desde dentro, sin ruido, sin molestos cataclismos que todo lo dejan desordenado.
Así que aunque dicen que en un futuro más o menos lejano pudiera estar en juego la continuidad de la especie por falta de nacimientos, como dicen los expertos (hombres todos, muy preocupados) digo yo que antes de la extinción total nos quedará tiempo, creo, para reírnos un poquito y con un pelín de mala leche, de las ironías de la vida. ¿No es una forma elegante de ajustar cuentas?
Animo, señores, que no es para tanto. ∆

   

   
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Última revisión: abril 07, 2011. 
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