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OPINION
Yo apostato
de la Iglesia
Rosa Vazquez Tesouro
Tengo
71 años y por tanto pertenezco a la generación de posguerra, en la que
nos educaron bajo las normas represivas de la religión católica. Todo
estaba prohibido, al menos en mi diócesis: prohibido bailar, prohibido
ir sin medias, prohibido ir con vestidos sin manga, prohibido ir cogida
de la mano de tu novio, prohibido leer novelas "pecaminosas". Por
prohibir hasta nos prohibían hacer "ejercicios espirituales" a niños y
niñas juntos en la misma iglesia.
De los 10 Mandamientos, el 6º, no "fornicar", (palabra que yo no
entendía) era el más importante. Mucho más que el 1º que era el de "amar
a Dios por encima de todas las cosas". En el 6º no se andaban con
bromas. Todo era materia "grave", con lo cual el tema de la sexualidad
era "tabú" salvo que quisieras exponerte a "pecar gravemente" y, caso de
que te sobreviniera la muerte sin haberte confesado, te ibas derecha al
infierno, (bueno, había un pequeño amuleto llamado "escapulario" de la
Virgen del Carmen que al llevarlo colgado del cuello -ojo con que no se
te cayera al desvestirte- impedía que te murieras sin haberte confesado
antes). Así me crié yo. Durante años fui fiel a la Iglesia que yo
consideraba era la "Esposa de Cristo", según me decían. Hasta que llegó
un día en que me di cuenta de que me estaba convirtiendo en un ser
reprimido y castrado con tanta prohibición. Y empecé a arriesgarme a
"pecar"... Y vi que me sentía más libre y fui perdiendo el miedo y
aprendiendo a vivir fuera de los convencionalismos tanto de la sociedad
como de las normas de la Iglesia.
Hoy quiero dar un paso más. Quiero "apostatar", palabra que junto con la
de "excomunión" y "herejía" eran unas amenazas constantes en la
educación que recibí.
Quiero que me borren de los archivos de la Iglesia. No quiero que conste
mi nombre ni siquiera como "católico no practicante" a efectos
estadísticos.
No creo en el "dios" en el que ellos creen, un dios que, a juzgar por el
comportamiento de los que se dicen sus representantes, siempre está del
lado de los poderosos, de los dictadores, un dios al que no le molesta
que ellos sean hipócritas, que comercien con todo, que les guste el
boato en el vestir y en el ceremonial. Un dios que está de acuerdo con
que un personaje tan "pijo" como Monseñor "Josemaría Escrivá de
Balaguer", marqués de nosequé, se haya convertido en Santo. Bueno, creo
que S. Luis Gonzaga, era tan puro, tan puro, que no podía mirar a su
madre para no tener pensamientos deshonestos. Vaya santos...
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No creo en el
"dios" en el que ellos creen, un dios que, a juzgar por el
comportamiento de los que se dicen sus representantes,
siempre está del lado de los poderosos, de los dictadores. |
No creo en una Iglesia que
ha llamado Santa a la Inquisición en la que miles de seres humanos
fueron llevados a la hoguera (para no derramar sangre, eso sí) por tener
ideas propias diferentes a las de los que velaban por "la pureza" de la
doctrina de Jesús. ¿Habrá mayor sarcasmo? Una Iglesia que hace alardes
callejeros de estar en contra de los matrimonios homosexuales, uniones
libres entre personas adultas, cuando no son capaces de asumir las miles
de violaciones de niños que han perpetrado y perpetran sus curas
pederastas. Una Iglesia que va en contra de los teólogos de la
liberación, los que quieren estar cerca del pueblo y enseñarles a los
oprimidos el mensaje liberador de Jesús. A esos les mandan callar, o los
destituyen y alejan de sus diócesis.
Yo creo en un Dios que me ha hecho libre. No siempre tengo la
posibilidad de elegir las circunstancias de mi vida pero siempre soy
libre internamente de elegir cómo vivirlas. La libertad está en mi
mente. Creo en un Dios que me impulsa a vivir de forma generosa, alegre,
dinámica, aventurera. Un padre que desea que no me ponga límites a mí
misma, que me quiere valiente para enfrentarme a mis propias mentiras, a
mis cobardías y que no le eche las culpas a los demás. Un padre que me
ha creado colocando dentro de mí una parte de El que me impulsa a ir
cada vez más hacia delante y a no conformarme, de la misma manera que
Juan Salvador Gaviota volaba cada vez más alto y a más velocidad, sin
límite. Y para relacionarme con ese Padre no necesito de intermediarios.
Nos entendemos perfectamente El y yo.
Y cuando mi espíritu abandone este cuerpo que tengo, quiero que mis
cenizas sean depositadas bajo un árbol, en la tierra, porque la Madre
Tierra, toda ella, es sagrada. ∆ |