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Foto: CONGDE |
Todos somos
responsables
Campaña

El planeta entero se rebela en 2005 contra la pobreza. Movilizaciones,
actos y conferencias reclamarán a los gobiernos que pongan fin a un mal
evitable. Pero para que esta campaña tenga éxito es fundamental el
cambio en la mentalidad de los ciudadanos.
E n nuestro país la campaña se llama
Pobreza Cero y la apoyan 400 ONG agrupadas en la Coordinadora de ONG de
Desarrollo (CONGDE). Su objetivo es "exigir que se den pasos firmes en
el cumplimiento de los compromisos de los Objetivos del Milenio", en
palabras de Pablo Martínez, coordinador de la campaña.
-¿Cómo se va a desarrollar Pobreza Cero?
-Haremos una campaña contra la pobreza que se resume en tres
reivindicaciones: más y mejor ayuda oficial al desarrollo, cancelación
de la deuda externa de los países más empobrecidos y cambiar las normas
del comercio internacional. Para ello la campaña se suma a las
convocatorias lanzadas desde este llamamiento mundial y tendrán lugar
tres días en los que realizaremos manifestaciones y actos simbólicos: el
1 de julio con motivo de la reunión del G-7 y Rusia, el 10 de septiembre
día previo a la Asamblea General de NU para analizar la Cumbre del
Milenio cinco años después, y el 10 de diciembre antes de la conferencia
de ministros de la Organización Mundial de Comercio. Además de estas
convocatorias mundiales, la campaña va a ir realizando diversos actos
como el que tuvo lugar el 8 de marzo uniéndose a las mujeres.
-¿Hemos asumido mentalmente que es inevitable vivir en un mundo donde
hay pobreza?
-Creo que sí, que estamos más o menos acostumbrados a un bombardeo
mediático en el que nos muestran el mundo con unas dosis de resignación.
Y uno de los objetivos de esta campaña es transmitir a la ciudadanía que
no tenemos que resignarnos con algo que es perfectamente evitable. La
situación de miseria que asola a miles de millones de personas en el
mundo es causa de nuestra propia organización humana -política,
económica y social-. Por lo tanto la posibilidad de erradicar la
miseria, disminuir la brecha de desigualdad y conseguir que todos los
seres humanos tengan derecho a los derechos humanos fundamentales, es
una cuestión de organización humana. Todos los informes e intelectuales
coinciden al decir que la erradicación de la pobreza es técnicamente
viable y económicamente muy posible, por lo tanto estamos convencidos de
que sólo hace falta forzar un poco la voluntad política para que se
introduzca como primer punto de la agenda política internacional.
-¿El Primer Mundo debería asumir que somos los que generamos la
situación que viven los países pobres y por tanto los que tenemos la
responsabilidad de cambiar esa situación?
-Indudablemente. Esto se debe a una combinación de factores, uno de
los cuales es el actual sistema económico y la normativa en materia de
comercio internacional, que ponen en situación de desventaja a los
países que quieren emprender sendas de desarrollo. Aquí entra el
concepto de ciudadanía global que se maneja desde hace unos años y donde
el ejemplo más válido es el medio ambiente: los recursos geológicos que
estamos consumiendo no son propiedad de ningún país. La capa de ozono,
los sistemas marinos... son los mismos para todos. Por tanto tenemos que
reducir o racionalizar nuestros niveles de consumo.
-¿Crees entonces que los ciudadanos del Primer Mundo tenemos que
renunciar a nuestro modo de vida para que el reparto sea más igualitario
y se termine la pobreza?
-Sí, pero la renuncia en ningún caso se debe establecer sobre la
materia de los derechos ciudadanos, sino sobre bienes como la producción
de excedentes. Es indignante que Europa tenga un sistema de subvenciones
para la producción de excedentes, cuando simultáneamente millones de
personas en el mundo no son capaces de alimentarse. Hay que inducir a la
gente a que consuma productos elaborados con justicia y con garantías
para los trabajadores, e incentivarla para que realice un consumo más
responsable. Tenemos millones y millones de pérdidas en renovación de
aparatos eléctricos, juguetes... porque la sociedad se ha girado hacia
un consumo insostenible que lo único que está generando es una
insatisfacción enorme y fomentando la desigualdad y la pobreza./
Marta Iglesias |