
Se está transmitiendo la
idea de que el triunfo no está en el estudio, en el esfuerzo o en el
aprender diario, sino a la vuelta de la esquina, en un casting para un
programa absurdo. |
|
OCTUBRE 2004

¿ME APUNTO AL CARRO?
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
E l mundo está loco, existe una locura
colectiva que nos paraliza, nos idiotiza y nos impide avanzar.
Señores, el mal gusto y los personajes cutres de nuevo a escena. Ha
comenzado "La Casa" y "La Granja", el maná mediático está servido, para
alimento de hambrientos, de hombres y mujeres que se absuelven porque tienen
la oportunidad de comprobar que existen otros más insulsos, más perversos y
más descerebrados.
Jamás los imbéciles, incapaces e ignorantes lo tuvieron más fácil. Son los
nuevos ídolos, la gente los adora, los imita, los alaba.
Entiendo que uno tenga ídolos, pero que sean de verdad, personas a quienes
admirar y de los que se puede aprender, que nos hagan vibrar, evolucionar,
cambiar y, si acaso, disfrutar. Sí, disfrutar, porque nos brindan alimento
para el espíritu: una canción, una obra artística, una forma de escribir,
una forma de hacer, pero ¡por favor! Que no nos acosen con sujetos
imbéciles, anodinos y mangantes.
El daño es irreparable, se está ensalzando la mediocridad, se está
transmitiendo la idea de que el triunfo no está en el estudio, en el
esfuerzo o en el aprender diario, sino a la vuelta de la esquina, en un
casting para un programa absurdo, en una academia de modelos o llamando a
cualquier programa con la disposición de contar escenitas de cama con el
pijo de turno y, eso sí, para incrementar el interés de la audiencia mejor
describir características de su anatomía.
Y media España embobada, pendiente de las hazañas de la "jeta" de turno y
pensando, para sí, cómo podría proceder para tener, también, algo que
contar. Quizá si fueran a J. Slava o Pachá y, por simple pisotón, captaran
la atención del personajillo de moda, ante el flash oportuno, igual hasta
conseguían, con osadía e imaginación, inventar un magnífico culebrón.
Sí, hombre, sí, todo vale, que lo que importa es la pasta y si se gana a
golpe de lengua viperina que haga temblar la moral del espectador mejor que
mejor.
Y éste, pobrecito, haciéndose cruces por lo que oye y ve ¡que desvergüenza!,
en otros tiempos las cosas tenían otras formas; pero ahí están, pegados al
espectáculo y tirando de teléfono para votar, para opinar y, si cuela, para
participar.
¡Qué mareo! Estoy por apuntarme al carro, si alguien me echa una mano,
claro, porque de momento no tengo ni foto de famoso, ni el teléfono de A.
David, ni un autógrafo del Chivi. Ni tan siquiera tengo un amigo que
prometa.
Pero todo se andará. Quizá, algún día, alguno de mis conocidos sea famoso y
entonces me desmadro y llamo a Sardá con la promesa de contarle algunas
cosillas.
Así que aviso a los que conmigo se relacionan, les saldrá más rentable
permanecer en el puro y duro anonimato. Informados están.
Años atrás creía en muchas cosas, las que me contaron, las que me inculcaron
y las que me convinieron para mejor vivir.
Hoy me enseñan otras, recibo nuevos mensajes, me presentan nuevos modelos y
¿quién sabe? como defiendo que hay que aprender y renovarse quizá aprenda lo
que no debo.
No haría otra cosa que ser una buena alumna.
¿O no? ∆ |