
Las mujeres en los "mass
media" aparecen poco y mal, mandan menos dentro de sus estructuras y
tienen unas condiciones de trabajo mucho más precarias que sus colegas
varones. |
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MARZO 2004

DE TECHOS DE CRISTAL A
INVISIBILIDADES
POR MARTA F. MORALES
H ace ya unos meses que, por una u
otra razón, pospongo la escritura de un artículo que tenía que acabar
por ver la luz. Quería hablarles, una vez más, de libros, pero esta vez
no de novelas o poesía, sino de un ensayo riguroso. Nada más lejos de la
ficción que lo que nos cuenta la periodista Isabel Menéndez en su
trabajo "El cuarto poder, ¿Un poder de mujeres?" Varias veces lo he
tenido en la mano con la intención de contarles lo que en él puede
encontrarse y todas lo he dejado para mejor ocasión. Por alguna causa
misteriosa, me parece que ahora es el momento. Quizá porque estamos en
una coyuntura en la que los medios de comunicación son fundamentales.
Tal vez porque con la perspectiva del tiempo transcurrido puedo ver las
conclusiones de Menéndez más claramente (el volumen está a la venta
desde el verano del 2003). El caso es que quiero recomendarles el libro
en este mes de campañas y programas especiales, y ahora les cuento por
qué.
Isabel Menéndez es una periodista metida a investigadora y a otras
muchas cosas (documentalista, agente de igualdad, profesora de
escritura, amiga, activista, hija, hermana, esposa... mujer, al fin y al
cabo). Como tantas profesionales, ha elegido el cruce de caminos, porque
aquello de que las mujeres sólo servimos para una cosa ya está muy
pasado de moda. Fundiendo en uno sus esfuerzos vitales de cada día, ha
escrito "El cuarto poder, ¿Un poder de mujeres?", enseñándonos en él la
trastienda de los medios de comunicación españoles. En la obra, como
explica la autora del prólogo y directora de la investigación, Amelia
Valcárcel, pilar del pensamiento y del feminismo en este país, "la
hipótesis desarrollada es que son los medios de comunicación el ámbito
privilegiado de mantenimiento de la estereotipia y que el feminismo, sus
ideas, programa y consecuciones, tienen un serio problema de falta de
canal". Es decir: que en periódicos, emisoras de radio y televisión,
etc., se sostienen esquemas de pensamiento que perjudican a las mujeres
y además se usan sus herramientas para perpetuar modelos
discriminatorios. Las mujeres en los "mass media" aparecen poco y mal,
mandan menos dentro de sus estructuras y tienen unas condiciones de
trabajo mucho más precarias que sus colegas varones.
La prueba que Menéndez ofrece de estas líneas de trabajo sexistas y
trasnochadas está muy clara: entre todos los diarios españoles (y son
muchos, echen un vistazo a cualquier kiosco) sólo un 9% tiene mujeres en
los puestos directivos. Ahí, justo donde se toman las decisiones
relevantes. ¿Casualidad? Además, de entre estas pocas directivas, un
cuarto comparte puesto con un director varón u ostenta su cargo de forma
temporal (sustituyendo a un hombre en el momento de realizarse la
investigación, por ejemplo). Para seguir con los azares sospechosos,
Menéndez concluye que los diarios con menor presencia femenina en
puestos de responsabilidad son los de información deportiva. ¿Será por
algo que en este país el Marca sigue siendo un periódico para machos
ibéricos?
Por supuesto, la presencia de mujeres en el organigrama interno de los
medios de comunicación tiene un reflejo importante en los contenidos que
éstos tratan. Cito a Menéndez, que se explica a sí misma en este punto
cuando dice que esta situación de desigualdad "afecta al tipo de
información que se ofrece a los lectores, puesto que las mujeres no
pueden intervenir en las pautas ni en los procedimientos, al carecer de
poder efectivo, conformándose con un modelo de información elegido por
los varones, carente de sensibilidad hacia los asuntos femeninos y que,
casi siempre, presenta un modelo de mujer anclado en el pasado". O sea,
que las mujeres no estamos apenas en nómina de los periódicos, y por lo
tanto, aparecemos también muy poco en sus páginas de negro sobre blanco.
Los temas son los de siempre, vistos desde la óptica de toda la vida.
Cuenten un día, por curiosidad, el número de noticias dedicadas a
mujeres. Analicen luego, con un poco de tiempo, en qué secciones están y
cuánto espacio se les dedica. Reflexionen al final: ¿todas somos
periodistas metidas a princesas? ¿Todas víctimas de violencia de género?
¿Todas inmigrantes ilegales en pateras? ¿Todas prostitutas clandestinas?
La pregunta es, ¿dónde estamos la mayoría de las mujeres y nuestro
trabajo diario? Porque, aunque no lo parezca, hay miles de mujeres en
empresas, en universidades, en política, en deporte, etc. Estamos por
todas partes, insisto, aunque no lo parezca. Y no lo parece porque en
este país, como en tantos otros del llamado Primer Mundo, lo que no es
carne de televisión y prensa no existe. Por esa regla de tres, por lo
tanto, las mujeres seríamos anoréxicas con cara de mala uva (modelos en
las pasarelas Cibeles y Gaudí sí que se ven en los telediarios y las
últimas páginas de los periódicos), políticas nefastas (los discursos
ininteligibles de la Ministra de Exteriores también son carnaza para
programas de humor y tiras cómicas), presentadoras y actrices pésimas
(véanse el programa de Moreno o "Ana y los 7"), objetos de manipulación
publicitaria (los anuncios de Axe marcan un estilo), etc. Y no lo somos.
Al menos, no la mayoría. Por eso va siendo hora de que los medios de
comunicación se alejen de los estereotipos y los contenidos
conservadores para empezar a reflejar la realidad diaria de la mitad de
la población. Eso sí que lo somos. Sin nosotras, el mundo estaría cojo
de una pata, y creo que necesita las dos para seguir caminando.
Visibilidad, ¡ya! ∆
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martafmorales@hotmail.com
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