
"Hasta la Libertad" está en
mi estantería, me ha enriquecido como profesional y como persona. A través
de sus páginas he tenido ocasión de experimentar mil y un sentimientos y
de extraer múltiples enseñanzas. |
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FEBRERO 2004

JUAN JOSE MORENO CUENCA:
IN MEMORIAM
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
" Recuerdo que una vez juré que mientras me quedara un soplo de
aliento seguiría luchando, y lo voy a cumplir"
J.J. MORENO CUENCA.
Murió
sin pena ni gloria. La muerte lo abrazó sin ruido, sin estruendo. Aquel niño
nacido en el barrio de Vallbona (Barcelona) no fue elegido para vivir
dignamente sino para luchar agriamente.
De chico, en vez de jugar, fue instruido en el oficio de "buscarse la vida".
Su familia pertenecía al gremio y su tío, con el que pasó a vivir al ser
separado de su madre, lo adiestró en el arte de vigilar, "dar el agua",
mientras se apropiaba de lo ajeno.
Asistió a la escuela en alguna ocasión, pero las aulas no parecían de su
agrado y sus inadaptadas conductas propiciaron su expulsión. Más adelante
buscaría afanosamente en los libros lo que la existencia le negó.
A los nueve años ingresó por vez primera en un reformatorio, cárcel de
menores, donde comprobó que aquellos que hablaban en nombre de Dios molían a
palos a los niños y hasta realizaban prácticas homosexuales con ellos. A fin
de cuentas eran las víctimas que nadie iba a defender, sus familias, si es
que las tenían, estaban ocupadas en otros menesteres más mundanos y no
precisamente en conocer lo que estaba ocurriendo a sus niños.
Juan José decidió que aquello no era para él y un buen día escapó de aquel
infierno incapaz de reformar nada.
A los 17 años comenzaron los robos en serio, atracos a bancos. La suerte
estaba echada.
Sus primeros seis años de prisión se fueron realimentando constantemente
dando lugar a toda una vida de condena. Entre reformatorios, robos, drogas y
rejas se le fue la vida.
Fátima Molina, su abogada, le aconsejó estudiar y escribir sus memorias; sin
duda dos objetivos trascendentales para soportar la prisión y los abusos que
con él se cometieron. Las autolesiones, las huelgas de hambre y los motines
en la cárcel, para reivindicar un trato digno, fueron conductas frecuentes
protagonizadas por Juan José. De nada o de poco sirvieron, si acaso para
incrementar los años de condena y para justificar los duros castigos que se
le aplicaron.
Vivió, también, su momento de gloria, un momento que, quizá, no supo
aprovechar. En la década de los ochenta su biografía de infancia y
adolescencia vio la luz y rodó una película bajo la dirección de Juan
Antonio de La Loma.
En el año 1.994, tras doce años en las entrañas del infierno, la puerta de
la prisión se abrió para que Juan José pudiera disfrutar de tres días de
libertad. El sueño, tantas veces acariciado, apenas susurrado, se hizo
realidad.
Los permisos se sucedieron, pero el hombre largamente encadenado no supo
liberarse de sus demonios y su mente rescató de las ventanas de la memoria
el recuerdo de las únicas habilidades adquiridas fuera de la prisión: el
arte de robar.
Así fue como el sueño se desvaneció y la posibilidad de nuevos permisos
quedó truncada.
Tras su muerte escuché voces que decían: "Fue carne de cañón". Sentí rabia e
impotencia porque quienes así opinan lo hacen desde el desconocimiento,
desde la ignorancia, desde una postura crítica con la conducta de los demás
y tolerante con su propia mediocridad.
Otras son las cuestiones que me interesan: ¿Por qué a un violador se le
aísla, en prisión, para que otros internos no tomen la justicia por su mano
y a Juan José Moreno le introducían en la celda internos que le despreciaban
para que dieran rienda suelta a su odio?, ¿dónde están los defensores de los
derechos humanos cuando ocurren estas cosas?, ¿asistió J. A. de la Loma a
ofrecerle el último adiós?
"Hasta la Libertad" está en mi estantería, me ha enriquecido como
profesional y como persona. A través de sus páginas he tenido ocasión de
experimentar mil y un sentimientos y de extraer múltiples enseñanzas de
quien busca en los grandes autores la respuesta a grandes y pequeñas
dificultades.
El discurrir del tiempo y la muerte han puesto punto final a la leyenda de
"El Vaquilla", pero a través de su pensamiento he aprendido un sinfín de
cosas.
¡Sit tibi terra levis! ∆ |