
Aquí van mis pensamientos
respecto a algunos filmes que me han hecho pasar buenos o malos ratos,
según el tema, pero que me han hecho también recuperar la fe en la
calidad más allá del Hollywood de acción y sangre a raudales. |
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ABRIL 2004

MAS CINE, POR FAVOR
POR MARTA F. MORALES
E n otras ocasiones les he
recomendado desde esta página música, teatro y, sobre todo, libros a los
que creo que merece la pena acercarse. Este mes he decidido, ya que se
acercan días de descanso y de ocio, invitarles al cine. Me gustaría
compartir con ustedes el placer que me han proporcionado algunas
películas que he visto recientemente, siempre sin ruidosas palomitas y
casi siempre en buena compañía. Soy de las que opinan que la experiencia
de la gran pantalla no se completa hasta que una la comenta con
amistades, parejas o incluso mascotas, así que aquí van mis pensamientos
respecto a algunos filmes que me han hecho pasar buenos o malos ratos,
según el tema, pero que me han hecho también recuperar la fe en la
calidad más allá del Hollywood de acción y sangre a raudales.
La primera película que les invito a intentar, a pesar de lo duro del
asunto que trata, es "Las Hermanas de la Magdalena", una joya irlandesa
que nos habla de la situación de las mujeres en la comunidad católica de
aquel país. En tono pausado y sin excesos nos cuenta la historia de tres
jóvenes enviadas a una institución regentada por monjas de la orden de
las susodichas Hermanas. Como su propio nombre indica, estas religiosas
tienen mucho que ver con la pecadora Magdalena, mujer de vida alegre
devuelta al buen camino por Jesús y convertida en ejemplo de limpieza de
corazón. En sus conventos-reformatorios las jóvenes descarriadas purgan
sus culpas trabajando gratis y hasta la extenuación en unas lavanderías
grises y asfixiantes. Las muchachas no cobran ni una libra y además son
severamente castigadas por hablar, reír, entretenerse en cualquier cosa
que no sea frotar lamparones ajenos, etc. Las Hermanas, por su parte, se
enriquecen con la actividad que ellas no hacen más que contemplar desde
sus cómodas sillas. En más de una ocasión se ve en la película a la
Madre Superiora contando fajos y fajos de billetes. Imágenes crueles y
nada lejanas: la última lavandería de esta franquicia explotadora cerró
en 1996.
Pero lo peor de la historia no es que ciertas congregaciones se
aprovechen del trabajo de otras mujeres u hombres para su propio
beneficio. Lo terrorífico del caso son las razones que llevan a las
familias ultracatólicas a renegar de sus hijas y encerrarlas en las
lavanderías-cárceles, a veces para siempre. La primera protagonista de
"Las Hermanas de la Magdalena" es enviada allí por su padre tras ser
violada en una fiesta. Del agresor nada más sabemos, pero sospecho que
queda impune y sigue con su vida. La segunda es condenada por gustar a
los chicos. En plena adolescencia, los alumnos de un colegio vecino al
suyo la miran y le dicen piropos a través de la verja. Por tentadora
involuntaria y por ser bella y apetecible, tiene que lavar ropa interior
y cuellos de sotana, comer gachas y verse privada de su libertad. La
tercera chica, a quien incluso se le niega su nombre dentro del convento
("ya tenemos una Rose, desde hoy te llamas Patricia"), está encerrada
entre cuatro paredes, tal vez hasta su muerte, por haber tenido un hijo
de soltera. El bebé es entregado en adopción y ella prácticamente
regalada como esclava a la institución de las Magdalenas; por el padre
de la criatura y sus responsabilidades nadie pregunta. La historia es
dura, pero tiene muchísimo interés, tanto en el guión como en la parte
más visual del filme, el juego constante con la cuestión de la culpa, la
limpieza de los pecados y los valores religiosos frente a los mundanos.
Tampoco habrán tirado el dinero si se animan una tarde-noche con "Lost
in translation", última obra fílmica de Sofía Coppola, que le ha valido
el Oscar al Mejor Guión Original y una nominación histórica: la primera
mujer que opta a la categoría de Mejor Dirección (ante la pantalla
aquella primera noche de marzo, viendo la ceremonia de los premios más
conservadores, hacía yo hasta la ola al ritmo de ¡oe, oe, oe, oeeeee,
Sofía, Sofíiiiiia!). Su perspectiva de la soledad del ser humano y la
incomunicación más radical pasada por el tamiz de la ironía y el humor
de Bill Murray en el papel de su vida no tiene desperdicio. Es novedad
en Hollywood que una mirada de mujer se valore en lo que merece. Por
ello les invito a contribuir a su recaudación, para que la tímida niña
Coppola, que compitió con su presupuesto de tres millones de dólares
contra la carísima, épica y enorme "El Señor de los Anillos", tenga
productores que confíen en ella la próxima vez.
Los protagonistas de "Lost in translation" son un actor maduro en crisis
profesional y personal y una veinteañera casi recién casada que empieza
a hacerse preguntas; ambos perdidos en la multitud y sordos a un idioma
que no conocen en las calles y bares de Tokio. Se conocen y reconocen
indefensos en un espacio extraño y se hacen... amigos. Otra novedad que
nos regala la inteligente Sofía: una historia típica de la meca del cine
comercial, filtrada a través de los ojos tradicionales de los padres de
la patria, posiblemente los hubiera hecho amantes, convirtiendo la
historia en una más de engaños y sexo. Pero no, la joven Coppola va
mucho más allá, y encuentra la forma de que el talludito Murray y la
bella Johansson se comuniquen en susurros, contándose en las eternas
noches de insomnio lo que a nadie más le han dicho, y acercándose lo
justo para darse cuenta de que son iguales en sus túneles de cristal.
Almas gemelas en medio del caos. ¿No es eso lo que buscamos todos, al
fin y al cabo? . ∆
e-mail:
martafmorales@hotmail.com
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